Llevaba años queriendo leerme este
libro por Navidad. Esto es así porque el título me llevó a creer, erróneamente,
que se trataba de un libro de temática navideña. Cuando se aproximan estas
fechas suelo buscar libros que contengan palabras clave como “Navidad” o “diciembre”
en el título. Dado que hace años no lo tenían en ninguna biblioteca de mi
ciudad, yo misma lo solicité. Ese año tardaron en recibirlo y no le veía el
sentido a leerlo si ya habían pasado las Navidades. El siguiente año, alguien
más espabilado se lo llevó primero. Así llegó el 2025 y decidí no demorarme
tanto por si acaso, y ya en noviembre fui a por él y su continuación, no fuera
a ser que alguien se la llevara y me quedara sin poder leer la historia
completa.
Su comienzo me resultó muy decepcionante
y no me enganchaba nada, yo esperaba más. Sinceramente, la forma en la que
estaba narrada la historia me parecía una tontería no muy bien escrita. De pronto
me encajó que fuera un relato originalmente publicado en Wattpad, ya que ahí
cualquiera puede escribir, por muy amateur
que sea. Sí admitía que los diálogos tenían algún momento de intercambio de
ocurrencias ingenioso, pero por lo demás me daba la sensación de estar leyendo algo
de muy poca calidad. Revelo desde ya que esa impresión cambiaría más tarde para
bien, con sus más y sus menos.
No esperaba demorarme tanto, pero me
llevó tres semanas leérmelo (desde ls últimos días de Noviembre hasta. En parte
por falta de tiempo y también porque tardó en engancharme.
La protagonista, Jenna, me resultaba
sencillamente inaguantable. Detesto a las personas rancias a las que no les
gusta nada, que no tienen aficiones: ni ha visto películas, ni series, ni ha
leído libros, ni escucha música. ¿Se puede saber qué hace con su vida? ¿Para
qué está en el mundo?
Para colmo, parecía que iba de
feminista cuando resulta que se dejaba mangonear por su novio Monty que la
convenció para mantener una relación abierta (Jenna ni sabía lo que era, es muy
ignorante en general) y ella acepta un cambio tan enorme en la relación solo
por no llevarle la contraria.
Con semejante comienzo, realmente me
planteé abortar misión y devolver los dos libros. Pero decidí darle otra
oportunidad. Me alegro de haberlo hecho.
Evidentemente, Lana me caía fatal, y
no podía comprender cómo el resto del grupo la mantenía en sus vidas, y cómo
Ross le permitía tratar así a Jenna si intuía que sus interacciones eran más
malintencionadas de lo que parecían. Yo podía entender que Jenna se bloqueara
cuando Lana le hablaba mal y no supiera responderle, lo que no podía comprender
y me cabreaba aún más era que no les contara a Ross y a Naya todas las cosas
que Lana le dijo para mostrarles lo mala persona que es. Así como que más
adelante optara por “poner la otra mejilla” y ser amable con Lana. Incomprensible.
Para mí otra prueba más de lo pava que es.
La historia se fue poniendo progresivamente
más interesante según aumentan las interacciones de Ross y Jenna, aunque ella
nuevamente me exasperó cuando no se defendió de Monty ante los reproches que
este le hizo por acostarse con Ross. Como digo, es una pava. En esa
conversación comencé a intuir que la autora buscaba condenar este tipo de relaciones
de violencia de género y las conductas de control asociadas a ellas, con lo
cual empecé a “comprar” un poco más la historia. Sí me gustó mucho lo que le
dijo Agnes a Jenna respecto a esta situación. Fue en ese momento cuando reamente
empecé a ver diálogos de valor en el libro, de estos que te gustaría conservar
para que no se te olviden.
Jenna es muy cobarde y parecía aplicar aquello de: “la que está con dos no es tonta sino precavida, si una vela se apaga la otra sigue encendida”. A Monty lo tenía que haber mandado a paseo desde el principio, y el pobre Ross, que se notaba que estaba pillado por ella, merecía que ella le escogiera y dejara de hacerlo sufrir. El colmo fue cuando estuvieron a punto de acostarse (afortunadamente tan solo hay una escena explícita en todo el libro) y a ella no se le ocurrió otra cosa que cogerle la llamada a Monty y ponerse a hablar con él mientras Ross se quedaba colgado. Si este último estuviera tan pillado por ella tendría que haberla mandado a freír espárragos y no haber vuelto a hacerle caso.
Evidentemente, Jenna tendría que haber
abandonado y denunciado a Monty mucho antes de lo que lo hizo. Alucino con que
permitiese que él destrozara sus gafas y su ropa y siguiera sin hacer un cambio
radical en su vida.
Por otro lado, me resultaba confuso
que Jenna y Ross no definieran el estado de su relación. Se besaban, se
acostaban, pero no parecían considerarse novios de forma oficial. ¿Por qué no definían
su relación de una vez en lugar de seguir jugando con los sentimientos de Ross?
Jenna ya me había caído mal durante
todo el libro por ser sumisa, influenciable y no tener personalidad, además de egoísta
al no darse cuenta de que hace daño a otros. Por drogarse y emborracharse solo
porque se lo ofrezcan sin saber decir que no. Por actuar como una mema (como
cuando saltó al agua en la casa del lago y después le entró la neura de hacerse
un tatuaje y encima Ross se lo permitió aun sabiendo que estaba borracha, cosa
que me decepcionó mucho de él), pero el tramo final del libro ya me confirmó
que realmente es una imbécil.
Aparte de que se mete donde no la
llaman y se cree con derecho a tratar de reparar la relación de Ross con su
padre como si fuera asusto suyo, encima se cabrea con Ross porque él no le
cuenta algo PRIVADO sobre SU padre (uno de los cabos sueltos que quedaron por
resolver, que yo pensaba que consistía en que este había abusado de alguna
chica) y para colmo, como la mema que es, desobedece la petición de Jack y se
queda con su padre a solas, dejando que él le coma el coco y la persuada de
dejarle.
Una persona normal hubiera tratado
de convencer a Ross de irse a estudiar a Francia manteniendo una relación a distancia,
y si él se hubiera negado, haberlo aceptado, porque es la vida de ÉL no la
suya, y no tenía el más mínimo derecho a decidir sobre su vida tomando decisiones
por él. Además, una persona con un mínimo de sentido común hubiera comprendido
enseguida que Ross iba recaer en la bebida, el tabaco y las drogas tras la
ruptura, era obvio. E incluso lo más normal hubiera sido que la depresión en la
que caería hubiera hecho que ni siquiera fuese a Francia y le hubiese destrozado
para nada. El propio Will debió contarle la verdad a Ross. Para colmo, la forma
en la que ella le abandonó fue la más cobarde (por nota), desconsiderada y
cruel que pudo haber elegido, de buenas a primeras y sin explicaciones, dejando
al pobre chico preguntándose si él había hecho algo mal.
Su amiguísima Naya, poco le
importaba en realidad si fue capaz de marcharse abruptamente sin darle
explicaciones ni motivos ni revelarle la verdad a su supuesta mejor amiga.
Por todo ello, el final del libro me
decepcionó y exasperó hasta límites insospechados, aunque en general me había
gustado (si bien no me había encantado). Entiendo que la autora quisiera
terminar con algo de dramatismo y dejando cabos sueltos de cara a una
continuación, ¿pero realmente tenía que hacerlo de esa manera?
Mi idea era reseñar ambos libros en
una sola entrada, pero me he extendido tanto que lo mejor será que lo publique
en dos reseñas diferentes, así que aquí finalizo esta, simplemente diciendo
que, si bien no se trataba de la historia navideña que yo esperaba y cuenta con
una protagonista tan plagada de enormes defectos, me ha mantenido decentemente
entretenida y contiene escenas o diálogos (más que nada los que abordan la
tóxica relación entre Jenna y Morty), bastante interesantes de leer.
Fuente de la imagen: Casa del libro
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