Hola
de nuevo a todos. Ya estoy de regreso tras una ausencia de unos meses. Tenía unas
oposiciones importantes que preparar y durante estos últimos meses no leí
libros ni fui al cine a ver ninguna película por estudiar, así que lo cierto es
que igualmente no hubiera contado con contenido que reseñar.
A finales
de este pasado mes de abril, estando ya libre, el ayuntamiento nos llevó a mí y
a mis compañeros de las actividades a las que asisto a ver Michael (2026), la
película que adapta la primera mitad de la vida de Michael Jackson.
No
tenía grandes expectativas ya que no soy fan, sin embargo, suponía que podía
gustarme y resultarme interesante. Pero lo cierto es que me ha gustado más de
lo imaginado.
Como
cualquier cosa que resulta exitosa, se ha generalizado adaptar a la pantalla
grande la vida y carrera de leyendas de la música (curiosamente, siempre de
hombres, no de mujeres, ahí lo dejo a ver si suscito las necesarias reflexiones
al respecto). Este no es el primer biopic
que veo (vi en su momento Bohemian Rhapsody
de 2018 sobre Freddy Mercury o Rocketman de
2019 sobre Elton John). Sin embargo, sí ha sido el que más me ha gustado.
Obviamente
este tipo de películas nacen desde un empeño por seguir explotando un
fenómeno y aprovecharse de la nostalgia
de los fans y de la expectación que despiertan las vidas de las celebridades y
el interés que suscita escuchar éxitos de toda la vida. No se puede esperar
completa fidelidad histórica, ya sea porque el artista continúa con vida (como
Elton) o porque la familia se encuentra detrás del proyecto (como en Michael). Comprendo que los fanáticos
puedan sentirse decepcionados con lo que encuentran y que reparen en muchas
inexactitudes u omisiones, pero tienen que entender que ni todo se conoce a
ciencia cierta sobre ellos con absoluta veracidad ni siempre resulta conveniente
mostrar todo sea por la razón que sea. Se base o no en la realidad, una película
no deja de constituir en una ficcionalización de la misma.
La película abarca desde la infancia de Michael con la formación de The Jackson 5 bajo la abusiva dirección de su padre, a los últimos años de los 80 tras el lanzamiento del disco Bad (1987). Yo
no conozco mucho sobre la vida de Michael Jackson, no obstante, considero que se
le infantiliza muchísimo en este biopic.
Se da una imagen de él demasiado inocente y “blanqueada” (pun intended), como un niño grande sin pizca de malicia, y,
honestamente, no me creo que fuera así.
Algo
que yo sí eché en falta fue alguna referencia aunque fuera indirecta a su
turbia relación con niños o jóvenes menores que él. Al terminar la película
alguien me explicó que debido a ciertas cláusulas de contratos había temas
controvertidos que no se podían abordar. Otra persona también me informó de que
las denuncias empezaron en los 90, fuera de la línea de tiempo que abarca esta
película. Todo me encajó aún más al descubrir que la familia se encontraba
detrás del proyecto y que, de hecho, el protagonista (Jaafar Jackson) es nada
menos que el sobrino de Michael, algo que yo desconocía mientras la estaba
viendo. Con razón el parecido físico me parecía impresionante.
Otras
omisiones de las que me hablaron fueron acerca de los cuatro primeros discos en
solitario que lanzó con el sello Motown, antes de Off the wall; cómo conoció a Quincy Jones, que produjo sus tres
álbumes más famosos (Off the wall de
1979, Thriller de 1982 y Bad de 1987); o su colaboración con Paul
McCartney, a raíz de la cual este último le explicó que el propietario de los
derechos de la música de The Beatles se lucraba enormemente con ellos,
originando el interés de Michael por la compra de derechos de música, incluyendo
precisamente los de The Beatles.
Yo
no era consciente de nada de esto al ver la película y me limité a disfrutarla,
porque lo cierto es que salí muy satisfecha. Es muy entretenida e interesante y
no se hace aburrida ni pesada en ningún momento. Carece de momentos lentos que
te hagan mirar el reloj pensando en cuánto falta.
Eso
sí, si una pega le pongo es el final tan abrupto que tiene. Yo fui a verla
desconociendo que era una historia contada en dos partes y que tenía
continuación. Al asumir que nos iban a contar su vida completa, ese final tan
repentino aún en la década de los 80 me dejó un poco descolocada.
Para concluir, retomo la idea sobre que lo malo de este tipo de películas es que nunca puedes creerte hasta qué punto la imagen que te están vendiendo del artista es real o no. Por eso mismo, es mejor ir a disfrutar (a fin de cuentas al cine se va simplemente a pasar un buen rato), sin analizar con lupa lo que se está viendo u obsesionarse con cogerlo todo con pinzas. Yo pasé un rato bastante entretenido y con eso me parece más que suficiente para recomendarla.

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