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domingo, 3 de diciembre de 2023

Reseña de recopilaciones de textos de Jane Austen

Dado que el año pasado ya me había leído sus seis grandes novelas, para terminar de conocer toda la producción literaria de Jane Austen solo me faltaba leerme sus relatos cortos, la mayoría de ellos escritos en su adolescencia y juventud. Tenía buenas expectativas porque había leído que en ellos se apreciaba en buen grado su característica mordacidad y que estaban provistos de buenas dosis de humor. No obstante, me han decepcionado un poquillo. Con razón sus obras más conocidas son las más reconocidas y no estas.

Las bibliotecas de mi ciudad adolecían bastante de recopilaciones de estas obrillas suyas, así que imagino que algún relato me habrá quedado por leer, pero, aún así, puedo afirmar que ya me he leído al menos el 90% de todo lo escrito por ella.

Esa tarea se me alargó mucho más de lo previsto (unos dos meses) debido a que me costaba muchísimo poder encontrar tiempo para leer y, honestamente, ha estado lejos de ser una lectura adictiva que me atrapara.

 

1) Querida Cassandra

Empecé por esta recopilación de correspondencia personal. Por tanto, en este caso no se trata de relatos de ficción sino de cartas personales que Jane dirigía a su adorada hermana Cassandra cuando vivían en lugares separados. Tan solo recoge las enviadas por la propia Jane, no las recibidas, que imagino que nunca se hicieron públicas para preservar la intimidad de esas personas. Debido a esto, como contamos solo con una de las partes de la conversación, hemos de deducir por las palabras de Jane a qué hechos se está refiriendo o a qué cosas escritas por la otra persona está respondiendo.

Las cartas están ordenadas cronológicamente y clasificadas por etapas de su vida en función de los lugares en los que iba residiendo. El libro está profusamente ilustrado con retratos suyos, de su familia, con dibujos de su hogar, planos de las ciudades, así como de elementos característicos de la época que son aludidos en las cartas, como modalidades de carros de caballos o de vestidos.

Debido a dos cartas concretas situadas al principio, que contienen un par de comentarios que me hicieron muchísima gracia porque demostraban a la suma perfección su hilarante sentido del humor (hasta un extremo un tanto bestia, en ocasiones su humor puede ser un poco negro), pensé que el resto de las cartas seguirían la misma tónica y que me depararían unas buenas risas. Sin embargo, desafortunadamente fueron un par de casos aislados y, si bien sí que se aprecia en general su característica sutil ironía, el resto fueron bastante corrientes y algo monótonas.

También podemos apreciar su confesa vanidad, pues no escaseaban momentos en los que se vanagloriaba en cierto modo de los logros que iba cosechando con sus novelas, que en su momento ya alcanzaron cotas de éxito notables.

Por lo demás, las cartas se caracterizan, como es obvio, por ser absolutamente cotidianas y costumbristas, describiéndonos la vida de ella y sus allegados o conocidos y revelándonos cosas sobre aquella época y sociedad.

Eso sí, se mencionan tal cantidad de nombres, no solo de familiares, sino de allegados, vecinos, conocidos, etc. que muchas veces me perdía y no entendía sobre quiénes hablaba.

Desgraciadamente, las cartas se van haciendo más tristes y deprimentes según enferma y se aproxima al pronto final de su vida. De hecho, la única carta que se incluye no escrita por ella es de una familiar comunicando su muerte.

 

2) El castillo de Lesley y otras historias de juventud

Este fue el único volumen recopilatorio de sus Juvenilia o relatos de juventud que pude encontrar en alguna biblioteca. Se trata de relatos escritos cuando tenía entre 12 y 18 años. Me llamó la atención el hecho de que se expresa muy bien para su edad, pero se nota su falta de madurez, de tablas y de experiencia en las incongruencias, la simplicidad esquemática y la poca profundidad que caracteriza estos relatos.

“Qué relatos más raros” eso era lo que más pensaba cada vez que me ponía a leerlos. Muchas veces me quedaba estupefacta ante lo que estaba leyendo, de lo confuso, absurdo y surrealista que era.

Son historietas muy cortas, de muy pocas páginas (incluso uno de los relatos tenía una sola página y eso sí que no lo vi venir porque tiene un final muy repentino y abrupto). Las caracteriza su inconsistencia, superficialidad de la trama y sobre todo, un sentido del humor completamente absurdo y sin sentido. Con las primeras yo es que me quedaba a cuadros, sumamente perpleja, no sabía qué diantres estaba leyendo. Realmente flipaba a cada página.

Es una lectura muy inesperada para todo lector acostumbrado solo a las seis novelas conocidas de esta autora, aunque sí que se capta cómo la ocurrente ironía tan característica de su escritura empieza a florecer y a desarrollarse.

Lo cierto es que ha pasado un poco sin pena ni gloria por mí y no tengo un interés especial por repetir su lectura en un futuro cercano. No te deja ningún tipo de calidez residual en el corazón como sí hace Orgullo y Prejuicio, por ejemplo.

Sí merecen una mención especial mis relatos favoritos: “Jack y Alice”, “William Montague” y “Las Tres Hermanas”.

 

3) Lady Susan y otras novelas 

Este libro llevaba al menos un par de años pendiente de leer en mi mesilla. El año pasado terminé tan empachada de Jane Austen tras leerme sus seis novelas seguidas que decidí dejar pasar un tiempo antes de leer este. Aprecio que contemos con un volumen recopilatorio en mi casa teniendo en cuenta que no abundan mucho por ahí.

En este caso, no se trata de pequeños cuentos sumamente breves escritos en su adolescencia sino de una colección de cuatro relatos algo más extensos (pero menos que una novela) que sí que son algo más conocidos: “Lady Susan”, “Los Watson”, “Amor y amistad” y “Sanditon”. El primero y el tercero siguen la estructura de correspondencia intercambiada entre los personajes como forma de narrar la historia, método al que yo no le veo mucho sentido y que no acaba de convencerme.

Para nuestra desgracia, el segundo y el cuarto están sin terminar. Son justo los dos que desarrollan una narración al uso, no basada en un intercambio de cartas. En el caso de Los Watson no sé conoce muy bien la razón tras su abandono, quizá simplemente se desinteresó, mientras que “Sanditon” quedó permanentemente mutilado debido a la tempranísima muerte de la autora, cuya enfermedad la dejó sin fuerzas para proseguir su escritura durante los últimos meses de su vida. Una auténtica pena, parecía que la historia prometía. Eso no ha obstaculizado que se hagan adaptaciones para la televisión de ellas, pues el fervor y obsesión por hacer películas o series de obras de Jane Austen no parece frenarse por el hecho de que la obra en cuestión esté sin concluir.

Lo cierto es que ninguno de los cuatro me ha entusiasmado, pero sí que se aprecia cómo la forma de escribir de Jane ha sufrido una mejora notable respecto a los cuentos de adolescencia del libro del que antes he hablado. Los argumentos son mucho más consistentes, coherentes y meditados, la narración es más seria y madura. Se echa en falta el humor, eso sí.

Lo que más destacaría de “Lady Susan” sería el hecho de que no nos presenta una heroína al uso. No es la típica protagonista de Austen, buena, humilde, de buenos principios e irreprochable conducta. Todo lo contrario. Lady Susan Vernon es taimada, astuta, manipuladora, controladora y vanidosa. Es viuda desde hace poco tiempo y no pierde un segundo de su tiempo en intentar conseguir a otro marido, seduciendo a dos hombres a la vez, e intentando casar a Federica, su única hija, en contra de su voluntad. La forma en la que la trata me parece sumamente despreciable, dejándola como una hija desobediente, caprichosa y estúpida delante de todos solo porque Federica no se muestra alegre y solícita ante los mangoneos de su madre y sus intentos por condenarla a un matrimonio sin amor. Su hija, de hecho, es buena y educada y se gana el afecto de todos los que deciden conocerla por sí mismos en lugar de escuchar los desvaríos de su madre. No obstante, la labia y las artes de seducción de Lady Susan son tales que es capaz de persuadir y convencer a todos los que no son inmunes a sus encantos.

A pesar de ser una protagonista tan desagradable, me complace que Jane se alejara de su prototipo de heroína estándar y probara algo nuevo. Hace más interesante la lectura.

Tengo poco que comentar sobre Los Watson porque lo cierto es que no me acuerdo de gran cosa. Los Watson son una familia numerosa que al tener problemas al cuidar de tantos hijos, cedieron la custodia de una de ellos a su tía. Esta, al volver a contraer nupcias, devuelve a la protagonista, Emma Watson (sí, como la actriz de Harry Potter) a sus padres. Emma se siente como una extraña entre sus hermanos, que llevan tantos años sin verla. Tan solo intima con una de sus hermanas, Elizabeth.

Lord Osborne, miembro de una familia muy rica, posa sus ojos en Emma, mientras una de las hermanas de esta trata de ganarse a Tom Musgrave, un amigo de los Osborne.

Poco más se puede explicar puesto la obra quedó a medias.

“Amor y amistad” se parece muchísimo más a sus cuentos de juventud, ya que, a pesar de su mayor extensión, mantiene el humor absurdo que los caracterizaba. La protagonista, Laura, ya cincuentona pero todavía muy creída y vanidosa, accede a contarle su vida a Marianne, la hija de su amiga Isabel. No parece ser muy consciente de ello pero no se deja precisamente en un buen lugar, ya que resultó ser una muchacha atolondrada e imprudente que se casa con un hombre al que acaba de conocer y se aleja para siempre de su familia. Después sufrirá miles de infortunios, ya que se queda en la ruina y las personas con las que convivía mueren antes o después por lo que irá de allá para acá buscando asilo al aprovecharse de las personas que va encontrándose por el camino, granjeándose amistades y enemistades y desmayándose a cada paso (literalmente, es uno de los toques humorísticos absurdos de la obra).

Es muy superficial y no deja ningún tipo de poso pero es una lectura lo suficientemente peculiar para resultar entretenida.

Por último, la última obra que empezó a escribir en su ya decadente tiempo de vida: “Sanditon”. El matrimonio Parker sufre un accidente durante un viaje en el que pretenden reclutar a un médico que contribuya a hacer aún más atractivo para los turistas el balneario que regentan. Son ayudados y acogidos por una familia, una de cuyas hijas, Charlotte Heywood, se llevarán consigo de vuelta para que conozca el balneario, que funciona sufragado por la fortuna de lady Denham, una mujer bastante engreída y arrogante. Allí, Charlotte también será cortejada por sir Edward, un chico mujeriego y zalamero que tiene interiorizadas las maneras y la conducta tóxica de los seductores de obras clave del Romanticismo que están de moda en aquel momento.

Una pena no haber podido saber cómo avanzaría la historia. 

 

Fuentes de las imágenes:

https://pictures.abebooks.com/isbn/9788449303494-es.jpg

https://www.polifemo.com/static/img/portadas/_visd_0000JPG018UO.jpg

https://m.media-amazon.com/images/I/81MfVO0KFgL._AC_UF1000,1000_QL80_.jpg


 

sábado, 25 de junio de 2022

Reseña sobre "Persuasión" (1818) de Jane Austen

Calificación: 6’5/10. 3 estrellas de 5.

Con Persuasión finalizo la última de las novelas de Jane Austen —publicada póstumamente— y culmino mi propósito de leerme siguiendo su orden de escritura las seis narraciones largas que terminó antes de morir. Aunque también me gustaría leerme sus narraciones cortas y tempranas como sus Juvenilia, Lady Susan o Amor y amistad, voy a dejar esto para más adelante porque ahora mismo estoy un poco empachada de Austen.

El motivo de haberme leído sus seis novelas prácticamente seguidas residía por una parte en mi riguroso —y paranoico— sentido de la organización y, por otra, en el deseo de poder comparar sus obras entre sí teniendo todas ellas suficientemente frescas en mi memoria. No obstante, admito que, dado que la premisa de todas sus obras es casi la misma y el desarrollo de los acontecimientos altamente similar, termina por convertirse en una lectura algo monótona. Seguramente, leer sus libros intercalados con otros de temáticas totalmente distintas sea mayor garantía de disfrute del encanto particular de cada uno de ellos.

Persuasión es un volumen muy breve, pero me ha llevado más de lo previsto (5 días) porque leía pocas horas al día. He de decir que mis expectativas con esta historia no se han cumplido y me ha decepcionado levemente. La razón para dichas expectativas es que hace muchos años una antigua amiga me aseguró que Persuasión le había gustado incluso más que Orgullo y Prejuicio. Por ello yo confiaba en que el romance narrado me llegara más al corazón de lo que realmente me ha llegado.

[SPOILER: Lo más bonito del libro fue sin duda la declaración del capitán Wentworth a Anne vía carta, y, lo más interesante, las revelaciones que la señora Smith le hace a Anne acerca del señor Elliot, las cuales por otra parte no resultaron demasiado sorprendentes en sí.]

Lo peor de su lectura sin duda alguna ha sido para mí lo penosa que era la traducción de la edición, cosa que evidentemente no es culpa de la historia en sí. Recomiendo que, leáis la obra de Jane Austen que decidáis leer, no lo hagáis a través de una edición de la editorial Pluto Ediciones, a no ser que esté convenientemente corregida. Yo este ejemplar lo conseguí rebajado  en una feria del libro hace años y al leerlo al fin en la actualidad me he escandalizado de la cantidad de errores de género y número y construcciones gramaticales y semánticas dudosas y cuestionables que me he encontrado. Aparte de lo feo que resulta leer erratas, estas en algunos casos realmente dificultaban la comprensión de lo que se estaba leyendo, y algunas oraciones resultaban muy forzadas. No puedo entender como un ejemplar tan evidentemente poco corregido puede ser llevado a imprenta sin una inspección pertinente.

Por si esto fuera poco, se trata de una de esas traducciones en las que el traductor en cuestión tiene la pésima idea de traducir también los nombres propios de los personajes para que suenen más españoles, mientras que los apellidos permanecen igual. Esto no tiene ni pies ni cabeza y resulta insultante para el lector. Puedo llegar a tolerar leer Ana en lugar de Anne o María en lugar de Mary, pero obviamente me chirría en exceso tener que leer Federico en lugar de Frederick, Ricardo en lugar de Richard, Carlos en lugar de Charles o Isabel en lugar de Elizabeth. Por favor, ¿qué lector va a tener problemas en seguir bien la historia solo por leer los nombres en su lengua original? Es completamente ridículo. ¡Si encima en la sinopsis de la contraportada y en el prólogo aparecen en inglés! No hace falta decir que solo eso hubiera sido razón más que suficiente para mí para comprar otra edición distinta si hubiera llegado a saberlo en su momento. ¿Qué es lo peor de todo? Que en la última feria del libro, el mes pasado, me compré Sentido y Sensibilidad en esta misma edición (era la que estaba rebajada, ahora entiendo por qué). Era la única novela de Austen que no tenía en mi casa, me la había leído el mes anterior por un ejemplar de la biblioteca municipal. Si llego a saber que iba a hacer una compra tan desafortunada, hubiera esperado a conseguir una edición mejor aunque me hubiera salido más cara.

Volviendo a la crítica sobre la obra que nos ocupa, los personajes parecen más planos y estereotipados que en sus otras novelas y no sufren una evolución o crecimiento personal a lo largo de la misma. Hay personajes vanidosos y mezquinos a los que solo les preocupa el prestigio, la fortuna y la posición social, como Sir Walter o Elizabeth, sencillos y gentiles como Anne, pero ninguno de ellos cuenta con un carisma o encanto especial que haga atractiva su aparición.

De hecho, mientras que otras protagonistas de Austen como Lizzie Bennet o Emma Woodhouse son mujeres decididas, obstinadas, resueltas y de carácter fuerte; Anne Elliot resulta en comparación sumisa y débil, sin llegar al extremo de Fanny Price en Mansfield Park.

También se echa en falta un personaje que, por medio de sus comentarios o actitudes, desempeñe el papel de alivio humorístico, como ocurría en Orgullo y Prejuicio con el señor Bennet o en Emma con el señor Woodhouse o la señorita Bates. El interés amoroso de la protagonista también carece del atractivo o magnetismo que resultaría deseable en él. No obstante, he de reconocer que, para mi decepción, esto ha sido una constante en las novelas de Austen. Tan solo el señor Darcy de Orgullo y Prejuicio y, en menor medida, el señor Knightley de Emma, han supuesto una excepción. El resto de personajes masculinos principales de sus historias han resultado para mi gusto planos y poco atrayentes.

Si he de buscar una razón para justificar tantas carencias en Persuasión, quizá pueda deberse a que, siendo la última novela que terminó antes de morir, quizá se sentía tan débil y desganada por su enfermedad que no pudo permitirse desarrollar la historia con mayor complejidad. Como resultado, ha quedado una narración que, sin ser mediocre o aburrida, sí se siente más plana, breve y apresurada que las demás.

En todas sus obras concurren una serie de tópicos repetitivos, como la aparición de un personaje aparentemente encantador que encandila a todos solo para revelarse al final que no eran tan perfecto e intachable como parecía, sino que resulta ser hipócrita, falso y portador de turbios secretos; así como otro que parece vivir bajo la sombra del anterior sin ser verdaderamente descubierto como merece hasta el final, en el que prueba su valía y consigue el afecto de la chica.

Por ello mismo, es evidente que yo no iba a dejarme engañar por las buenas formas de cierto personaje y que desde el principio sospeché que iba a ser descubierta su verdadera personalidad tarde o temprano. Estaba claro que no era de fiar. Todo efecto sorpresa que pudiera conseguirse en sus obras anteriores aquí ya resulta inviable, pues Austen lo ha empleado en exceso.

No obstante, si hay algo en lo que Persuasión se diferencia del resto de sus obras es que la premisa inicial es ciertamente distinta. Esta vez no se trata de una joven de apenas veinte años que sufre un encaprichamiento inicial con otro hombre hasta que se da cuenta de que está verdaderamente enamorada de otro galán algunos años mayor que ella que también ha desarrollado sentimientos por ella en el más absoluto silencio. Por el contrario, por primera vez nos encontramos con una protagonista que, no solo ya está rozando la treintena (cosa que le agradezco enormemente porque me puedo identificar más con su situación) sino que ella y su enamorado ya habían estado juntos en un pasado y las circunstancias los habían separado temporalmente. Es decir, el amor entre ellos no se va gestando a lo largo de la narración sino que ya existía previamente.

Quizá el cambio en la edad de su protagonista se deba a que la propia Austen estaba ya muy entrada en la madurez. Quizá la ausencia de humor sea un reflejo del dolor y la desdicha por la que estaba pasando debido a su enfermedad. Quizá, en definitiva, las circunstancias en las que escribió esta obra, en el ocaso de su vida, empañaron o modificaron lo suficiente su visión de la vida como para que parte de eso se filtrara en cómo fue su última novela.

No obstante, estas modificaciones en sus premisas habituales abren la puerta a una interpretación ciertamente esperanzadora, que consistiría en que ni la edad, ni una separación temporal significan que no podamos tener una segunda oportunidad en el amor. Que nunca es demasiado tarde para hallarlo o, tal vez, para volver a encontrarte con él de nuevo cuando ya lo creías perdido en el pasado.

Ahora que he terminado con las seis novelas, mi ranking de Jane Austen podría quedar tal que así por el momento:

1-Orgullo y prejuicio

2-Sentido y sensibilidad

3-Emma

4-Persuasión

5-La abadía de Northanger

6-Mansfield Park

 

viernes, 24 de junio de 2022

Reseña de "Emma" (1815) de Jane Austen

Calificación: 7/10. 3 estrellas de 5.

Emma (1815) es el único libro de Jane Austen del que ya me había visto la película —la del 2020— antes de leerme el libro. Afortunadamente, mi mala memoria me ha salvado de hacer una lectura completamente desprovista de alicientes o sorpresas, a pesar de que sí recordaba con bastante certeza quienes lograban ganarse el corazón de Emma y Harriet al final de la historia.

Lo cierto es que se me ha hecho un poco largo. Su lectura me ocupó un total de diez días. Las mejores partes son el principio y el final siendo el medio del libro lo que se hace un poquito más pesado. No es un libro aburrido en absoluto, pero lo esperaba más divertido y cómico que sus otras novelas. No sé si es que el ingenio de Jane Austen no está tan presente como en otras o es que ya me he acostumbrado tanto a él que ya no me asombra.

Emma, aunque no sea mala persona, es egoísta, manipuladora, y superficial.  Más allá de su manía de arreglar la vida de los demás o de creer que siempre está en posesión de la verdad, lo que más me molesta de ella es su obsesión por las clases sociales y la importancia que les concede en el matrimonio. Me horrorizó cuando le dijo a Harriet que si se casaba con Martin ya no podrían ser amigas porque no podía dejarse ver en público con la esposa de un simple granjero. Harriet parece más inocente y buena que en la película y en el libro nunca recrimina a Emma sus actos, pero tiene poca personalidad y nulo criterio propio, lo que la hace muy manipulable.

El Sr. Knightley me cae bien porque es el único que no le hace la pelota y pone en su sitio a Emma. Recelé ligeramente de él porque parecía ocultar algo y se empeñaba demasiado en defender a Jane Fairfax. [SPOILER: Mi teoría de que tenía tan atravesado a Frank por celos porque pensaba que él y Emma se gustaban resultó ser cierta. Sin ser un hombre por el que yo beba los vientos, me ganó cuando invitó a bailar a Harriet al contemplar lo sola que estaba y el desplante que le había hecho el señor Elthon.]

El padre de Emma, el señor Woodhouse, a veces se me hacía un tanto insufrible. Aunque no sea mala persona, es paranoico y miedoso hasta unos extremos realmente paródicos, que tanto te divierten como te pueden cansar. Lo mismo pasa con la señora Bates, que sin duda es una parodia o caricatura en sí misma. Pero, admitámoslo, ¿no hemos conocido todos a varias personas así de cansinas, que solo quieren hablar ellas durante horas y no dejar hablar a los demás?

En cierto modo podría considerarse una comedia de enredos y el atractivo de la obra reside en las estratagemas que Emma prepara para “arreglar” la vida amorosa de Harriet y los equívocos y malentendidos que van surgiendo como consecuencia. Múltiples posibles parejas van siendo sugeridas como posibles ante tus ojos. [SPOILER: Que Emma se va a quedar con el Sr. Knightley se ve venir casi desde el principio. En cuanto a Harriet me sonaba por la película que se quedaba con el granjero, aunque admito que luego me planteé la posibilidad de que se quedara con Frank Churchill. A raíz de la escena del tan esperado baile, se me ocurrió que quizá Frank y Jane iban a acabar juntos pero el posterior juego de las letras en casa de Emma me desconcertó porque no pareció haber mucha cordialidad entre ellos.]

Lo mejor ha sido el final. Algo que prefiero de este libro en relación a otros de Jane Austen es que el desenlace no se siente tan abrupto y apresurado, contándote que se casaron en las últimas páginas y sin darte muchos detalles. Aquí, afortunadamente, se recrea un poco más en exponerte cuáles fueron las reacciones al compromiso, cuándo se celebró la boda, mostrándote escenas de ellos como prometidos, etc. En este aspecto es incluso un poquito superior a Orgullo y prejuicio, ¡pero solo en este! También, George Knightley, aunque no sea el señor Darcy, te va ganando y para cuando está terminando el libro ya me tenía conquistada. Menos mal que la propia Emma era consciente de que no le merecía.

En cuanto a las películas, recomiendo sobre todo la de 1996 con Gwyneth Paltrow, que no la había visto antes y me ha encantado (quizá sea mi favorita de todas las adaptaciones cinematográficas de novelas de Jane). Además de ser entrañable y divertida, es muy fiel al libro. La versión de 2020 con Anya Taylor-Joy, que he vuelto a ver de nuevo, es menos fiel pero también recomendable y entretenida.

 

viernes, 13 de mayo de 2022

Reseña de "Mansfield Park" (1814) de Jane Austen

 Calificación: 6/10. 3 estrellas de 5.

Tras haber leído cuatro obras de Jane Austen puedo decir que ya capto una serie de coincidencias o lugares comunes entre sus obras, como la hija que arruina la reputación de su familia fugándose con un hombre con el que no está casada —y que constituye la mayor de las desgracias de las pocas que suelen tener lugar en las obras de Austen— o la hermana o hermano que sufre una seria pero pasajera enfermedad cuya razón de ser o importancia para la trama yo personalmente no suelo encontrar. Afortunadamente, la autora nunca llega más allá y no recurre a desgracias verdaderamente graves o perdurables como la muerte de algún personaje importante, y, además, siempre nos ofrece un final feliz y un destino para cada personaje adecuado para su nivel de bondad o moralidad.

Mansfield Park me ha resultado injustificadamente largo. No veo argumentada en la trama su gran extensión. Siento que la autora mete mucha paja, que, aunque ayude a conocer mejor el carácter de los personajes, engrosa el libro sin mucha razón de ser. Como la parte en la que preparan la obra de teatro, que al final no llevó a ningún sitio. Baste decir que me demorado dos semanas en terminarlo, aunque, evidentemente, no todos los días sacaba algo de tiempo para dedicarle a su lectura.

La forma en la que se ha traducido la narración es más sencilla que en otras de sus novelas pero solo en cuento a las palabras y frases empleadas, porque aun así resulta bastante farragosa y se enreda en exceso. Aparecen tantos personajes que cuando sus nombres vuelven a mencionarse ya no recuerdas quienes eran y qué parentesco guardaban con los demás.

Fanny Price en muchas ocasiones me irritaba por su falta de carácter y por ser bastante insulsa y pánfila. Lejos está de ser una protagonista a la altura de Lizzy Bennet. Edmund Bertram, por mucho que sea el único salvable de los hermanos y el único que se preocupa por el bienestar de Fanny, pecaba de hipócrita y “calzonazos” al olvidarse por completo de ella cada vez que la señorita Mary Crawford estaba cerca. Noto muchas flaquezas en su personalidad que no captaba en otros protagonistas masculinos de las novelas de Austen. Además, es bastante mojigato, como refleja su escándalo ante la idea de que se ensayara una obra de teatro en la casa porque no le parecía que eso contribuyera a guardar el decoro necesario en ausencia del cabeza de familia. ¡Oh, por favor! Cuanto me alegro de no haber nacido en aquella época  en la que no puedes ni respirar sin que esté mal visto.

De la señorita Crawford no me fiaba un pelo desde el principio. Me parece interesada, egoísta y falsa, y sus pocas atenciones para con Fanny se me antojaban más producto del interés en quedar bien con Edmund que otra cosa. Me exasperaba que Edmund la tuviera en un altar y excusara todas sus conductas o, directamente, fuera incapaz de ver sus tan evidentes defectos.

Detesto a la señora Norris aunque, en ocasiones, no puede dejar de hacerme gracia la forma en la que sus acciones la delatan y la retratan. Es egoísta, egocéntrica, creída e interesada. Solo le importa que los demás tengan claro a cada momento que ella es la salvadora de todas las situaciones, la persona a la que se lo deben todo. La forma en la que trata a Fanny es espantosa, como cuando los Grant la invitan a cenar y ella se escandaliza y se emplea a fondo para convencer a Fanny de que ella no es merecedora de esa invitación, que si estuvieran sus primas las hubieran invitado a ellas en su lugar y que la invitación no responde a un genuino interés en su compañía sino en un deseo de quedar bien con la familia. Para mí ese momento fue la gota que colmó el vaso en cuanto a su mezquindad.

[SPOILERS: En la primera mitad del libro estaba segura de que Fanny y Edmund iban a terminar juntos —aunque no dejaba de antojárseme algo peculiar dado que son primos de sangre—, pero más tarde empecé a pensar que quizá Edmund realmente se quedaría con Mary Crawford y Fanny con Henry Crawford. Detectaba que se pretendía dar a entender que este último se estaba colgando en serio de ella y podía intentar hacerse mejor persona para ella. Al principio yo no tenía una opinión sobre él. Me resultaba bastante prescindible hasta que se interpuso entre Maria y el señor Ruthsford. No obstante, no le capté unas intenciones realmente malas hasta que le explicó a su hermana que tras haber jugado con las dos hermanas Bertram, Maria y Julia, ahora le apetecía cazar a Fanny Price. Esa actitud me pareció despreciable.

Todo indicaba que iba a ser uno de esos casos en los que un hombre sin escrúpulos que disfruta jugando con las mujeres hasta que se cansa de ellas da con una que no cae fácilmente presa de sus encantos —Fanny—y eso hace que se interese más por ella y que considere lograr su conquista como suerte de triunfo personal. Por ello, intuí que terminaría por enamorarse realmente de ella hasta el punto de ir modificando su personalidad ya no solo por conquistarla para después abandonarla, sino para volverse merecedor de ella, y que ella al comprobar ese cambio terminaría por corresponderle. Por eso, no solo me sorprendió leer cómo Fanny no modificaba su absoluto desinterés por él y su incomodidad en su presencia, sino que también creí, cuando se supo que él se había cansado de esperarla y se había fugado con María Bertram, que finalmente se descubriría que era todo un malentendido y que Henry no la había traicionado de esa manera.

En resumen, me pasé la segunda mitad de la obra dudando entre si, como era previsible al principio, Fanny y Edmund terminarían juntos —ante lo cual la indiferencia romántica de él por ella me desconcertaba— o si, como parecía indicarse más tarde, Henry cambiaría tanto por Fanny que esta terminaría por corresponderle.

El final se ha sentido un tanto apresurado. Al igual que con Sentido y Sensibilidad, la autora te mantiene casi hasta la última página haciéndote preguntas sobre cuáles van a ser al final las parejas resultantes y la forma en la que soluciona todo en las últimas páginas se siente un tanto forzada y acelerada. Aun así, por muy utópico que resulte, me gusta que se asegure de enumerar sin excepción a todos los personajes revelando qué ha sido de ellos y cómo los buenos han encontrado su recompensa y los malos su castigo.

Al igual que en la obra suya antes mencionada sentí que la súbita manera en la que hizo que Marianne correspondiera los sentimientos del Coronel Brandon a última hora resultaba muy poco creíble, en este caso ocurrió lo mismo con Edmund. Yo confiaba en que según avanzara la obra se iría desencantando con la señorita Crawford e interesándose por Fanny, y yo hubiera apreciado leer esa evolución. Sin embargo, se deja a la imaginación del lector imaginar este cambio de parecer y lo máximo que se ofrece es una última conversación con Fanny antes del final en la que se confiesa decepcionado con Mary pero aún cree que va a seguir enamorado de ella durante un tiempo. Después ya pasamos a conocer en las líneas que sirven a modo de epílogo que, en efecto, Edmund acabó por plantearse si no le convendría casarse con Fanny. No hace falta decir que la forma en la que se bosqueja este cambio de parecer resulta un tanto decepcionante, ya que se acusa una falta absoluta de pasión en los sentimientos de este por su prima. Al menos en el caso de Sentido y Sensibilidad sí que se nos dice que Marianne acabó correspondiendo al coronel con verdadera intensidad y entrega.

A todos los efectos, parece como si Edmund optara por casarse con Fanny por comodidad y conveniencia no desprovista de afecto genuino, pero sí de enamoramiento y pasión. No digo que no sea realista, pero desde luego sí resulta poco romántico. De todas formas, por todos sus defectos señalados, opino que Edmund no era merecedor de Fanny —quien merece a alguien que pueda amarla con locura—, aunque desde luego mucho menos lo era el señor Crawford, del que yo esperaba una redención que no llegó a producirse. FIN SPOILERS]

En conclusión, hasta el momento me parece la obra más floja de Jane Austen —casi a la par con La abadía de Northanger— por lo que no me extraña en absoluto que también sea de las menos conocidas. Aunque no me ha disgustado en absoluto y nunca aburra o se haga infumable, no es lo suficientemente adictiva, interesante o entretenida como para que compense su gran extensión.

viernes, 29 de abril de 2022

Reseña de "La Abadía de Northanger" (1817) de Jane Austen

Calificación: 6/10. 3 estrellas de 5.

Siento confesar que este libro, cuya lectura me llevó cuatro días, ha quedado por debajo de mis expectativas. La idea que ciertas reseñas me habían hecho de él es que se trataba de la obra más amena y divertida de Austen, así como una especie de parodia de las novelas góticas de la época. Tanto en lo uno como en lo otro se me ha quedado cortísima. No me ha hecho reír en ningún momento (de hecho, no cuenta con ninguna de las sagaces e ingeniosas ocurrencias que en Orgullo y Prejuicio me causaban tanta gracia), y, si bien la autora sí se ponía un poco pesada comparando a Catherine con heroínas de novelas góticas, la parodia quedó completamente reducida a un par de pasajes sumamente breves que no aportaban nada a la historia más que confirmar que Catherine debería vivir menos en los libros y más en la vida real.

No obstante, frecuentemente se establecen paralelismos y comparaciones entre lo que haría una heroína de novela al uso en contraste con lo que hace o le ocurre a Catherine. Abundan las referencias a otras novelas y la defensa de este género frente a los prejuicios que había en la época acerca de su frivolidad o vacuidad.

La trama no llevó a atraparme en ningún momento, pues carece de todo tipo de componente adictivo más allá del hecho de que al tratarse de una obra breve no da mucha pereza abordar su lectura. Podría decirse que lo interesante no comienza hasta la mitad del libro, pues es cuando por fin hace acto de aparición la abadía en cuestión. Sin embargo, la promesa de un misterio que resolver en la misma también se vio frustrada.

De este modo, la segunda mitad ha estado algo más entretenida que la primera sin tener tampoco mucha chicha. Tilney como objeto amoroso de esta historia también ha resultado bastante decepcionante, pues carece por completo del magnetismo y evolución personal del señor Darcy o del encanto (aunque moderado) del coronel Brandon o de Edward.

Por otra parte, la prosa de esta obra me resulta más tosca, simplona y torpe en la medida en la que esos epítetos puedan aplicarse a un genio como Jane Austen. Hay que recordar que, si bien esta obra fue publicada póstumamente por hallarse los derechos de publicación secuestrados por una editorial que se negó a publicarla durante años, fue su primera novela en ser terminada, aunque comenzara a trabajar en ella después de haber comenzado con Sentido y Sensibilidad y Orgullo y Prejuicio.

En lo referente a los personajes, ninguno hacía meritos para meterse en mi corazón. Catherine me parecía bastante insulsa y, en general, deficiente como protagonista. Tilney tampoco me inspiraba demasiada simpatía pues me resultaba un tanto pijo y snob. Eleanor me caía bien pero no tenía una personalidad suficientemente marcada o reseñable. John Thorpe me desagradaba por ser pesado y egocéntrico.

[SPOILER: Desde su temprana aparición, yo no me fie de Isabelle, de hecho, por aquel entonces ya llegué a escribir lo siguiente: «Yo creo que es una arpía hipócrita encubierta», y desde luego no erré el tiro. No  obstante, he de confesar que en un primer momento tampoco me fie del todo del propio Tilney. En cuanto a la explicación de por qué el soberbio general echó tan abruptamente a Catherine de la abadía, la explicación también se me quedó un tanto simplona, si bien no la vi venir.]

En definitiva, es lógico que Jane Austen pasara a los anales de la historia por Orgullo y Prejuicio y no por La abadía de Northanger, que ha pasado por mí misma sin pena ni gloria, si bien tampoco es una lectura aburrida o pesada y no pretendo disuadir a nadie de que se lo lea. Indudablemente, recomendaré otros antes que este para quienes quieran iniciarse en esta excelente autora.

 

 

viernes, 22 de abril de 2022

Reseña de "Orgullo y Prejuicio" (1813) de Jane Austen

Calificación: 8’5/10. 4 estrellas de 5.

Tras terminar Sentido y sensibilidad, mi lectura completa de Jane Austen debía proseguir con Orgullo y prejuicio, la única novela suya que había leído con anterioridad. En ello ocupé seis días de la Semana Santa.

La primera mitad se hizo ligeramente lenta y levemente pesada. Es más largo que Sentido y Sensibilidad pero eso se ve compensado con la mayor abundancia de humor. El personaje más gracioso es sin duda alguna el padre, el señor Bennet, que me sacaba muchas sonrisas con sus cínicas respuestas. Sin duda esa socarronería era la única salida que le queda para el hastío que le provoca la necedad de su esposa e hijas menores.

Releer el final me tenía con una sonrisa bobalicona de deleite en mi rostro constantemente. Confieso que al empezar el libro no recordaba el motivo de que a todo el mundo le enamorara el señor Darcy teniendo en cuenta lo grosero y creído que era al principio, pero para cuando terminé el libro ya estaba absolutamente rendida a sus pies y comprendiendo por qué él es considerado el hombre ideal por tantísimas mujeres.

Aunque en general tengo una opinión bastante positiva de Elizabeth y es, sin duda, mi hermana Bennet preferida (pues la extrema bondad e ingenuidad de Jane a veces me exasperaban un tanto), le reprocho sus continuos desaires al señor Darcy cuando él ya no era tan descortés con ella, su hermético silencio con todo el mundo respecto a sus sentimientos por él cuando ya se había enamorado y también que no tratara de cambiar la idea errónea que su familia seguía teniendo de él.

La madre, la señora Bennet, me parecía sumamente insufrible, el personaje más insoportable de todos superando incluso a Lydia, la inaguantable hermana pequeña. Aunque admito que una buen aparte del humor de la obra descansaba sobre la base de su histriónico carácter y la imagen que se ofrecía del mismo.

El señor Bingley gozó de mi afecto desde el principio por su simpatía y cálidas maneras si bien en su amor por Jane pudo pesar demasiado la belleza de esta, al menos al principio, y además es desgraciadamente manipulable e influible por los que le rodean.

En cuando a Collins, si bien es un personaje absolutamente patético y lamentable, era el segundo que más me hacía reír después del señor Bennet, debido a la estúpida forma en la que su desmedida devoción por la señora de Bourge le llevaba a comportarse. Ese hombre era la exageración personificada en todo su esplendor.

[SPOILERS: A Wickham acabé despreciándolo bastante y lamento que terminara mejor parado de lo que merecía y que el pobre Darcy tuviera la desgracia de tener que aguantarlo como cuñado encima de haber tenido que darle dinero. Catherine de Bourge me resultaba antipática sobremanera y aplaudí la magistral y valiente forma en la que Lizzy se defendió de ella al final.

Pero desde luego, no hay nadie como el señor Darcy, aunque desde luego no sea muy digno de estimación en los primeros capítulos. El final del libro me tuvo soñando despierta con la felicidad conyugal futura de la pareja. Me conmueve hasta dónde está dispuesto a llegar por amor. Un hombre orgulloso y preocupado por la posición social se enamora de tal forma de una mujer que con descaro le abre los ojos a sus defectos que hacerse merecedor de su amor se convierte en motivo para modificar su forma de ser. Encuentra la felicidad en contraer matrimonio con una mujer cuya familia, pobre y maleducada, convendría más tener lejos que emparentarse con ella de por vida. Rescata además a una de ellos de la deshonra viéndose obligado a tratar con un hombre que desprecia y que ha tratado de aprovecharse de él en el pasado y que no duda en volver a hacerlo. Eso es amor y lo demás son tonterías. FIN SPOILERS.]

En definitiva, he disfrutado con su relectura pues, además, ya no recordaba gran cosa sobre el libro más allá de los nombres de los personajes principales y lo más básico sobre el argumento. Considero que el prestigio y reconocimiento de esta obra son bien merecidos y que todo lector asiduo que disfrute de novelas románticas costumbristas debería leerlo alguna vez en su vida.