domingo, 12 de noviembre de 2017

Análisis, comentario y valoración del disco "Reputation" (2017) de Taylor Swift - Parte 1



-Introducción

Ya está aquí. Por fin. Tras tres largos años, ha llegado al fin el esperadísimo sexto disco de estudio de Taylor Swift: Reputation (2017). En los últimos años, Taylor Swift ha sufrido una auténtica montaña rusa. El enorme éxito de su quinto disco, 1989 (2014) —el cual ha superado más records y ganado más premios de los que yo podría enumerar en este artículo, entre ellos el prestigioso Grammy al mejor disco del año—, la llevó a lo más alto, a la cima de la fama, coronándola como la Reina del pop. En 2015, Taylor Swift dominaba el mundo. Por eso resultan aún más trágicos los acontecimientos que sucedieron al año siguiente, y que no voy a explicar aquí porque todo el mundo los conoce y además cada uno da para escribir un artículo entero. 


El caso es que a sus broncas y malentendidos con Katy Perry y Kanye West —que fueron, sin duda, lo más sonado del año para cualquiera que esté mínimamente puesto en el mundo de las celebrities—, se sumaron sus polémicos romances y rupturas con Calvin Harris y Tom Hiddleston, que se convirtieron en la obsesión de la prensa durante meses.


Seguramente superada por vivir más presión de al que un ser humano puede soportar, Taylor se retiró de la vida pública para tratar de descansar de la fama e intentar llevar una vida normal durante un tiempo. Tan enserio se lo tomó que prácticamente desapareció de la faz de la Tierra. No se la veía por ninguna parte, por mucho cielo y tierra que removieran los paparazis para encontrarla. No había manera. Ni una foto saliendo de su casa. Actividad nula en las redes sociales. Nada. Taylor había desconectado de todo. Ni siquiera podíamos saber cuánto le había crecido el pelo desde la última vez que se dejó ver (parecerá una tontería, pero eso nos traía de cabeza a los swifties, y no ayudaba el hecho de que cuando comenzó a reaparecer siempre llevara el pelo recogido).


Todo esto hizo que su regreso fuera el más esperado y deseado. Taylor es conocida por arremeter contra sus enemigos a través de las letras de sus canciones, lo que incluye a exnovios, amienemigos, o la propia prensa que tanto se esfuerza en su desprestigio continuo. En consecuencia, se sabía que su regreso iba a ser polémico, pues traería preparado, en forma de canciones, todo un arsenal para empezar a volar las cabezas de los que hubieran estado minando su reputación durante meses. Y ahí reside la clave del título de su nuevo disco: Reputation. Es una respuesta a los medios, a los críticos, a los haters (detractores), es un abrillantamiento de su reputación, una reclamación de su narrativa, de su talento como compositora frente a todos aquellos que la habían cuestionado en el pasado. A los que se habían esforzado a empañar con noticias distorsionadas la realidad, su verdadera esencia, esa Taylor adorable, bondadosa y maravillosa que los swifites hemos tenido la fortuna de conocer a través de su música. 


El título de la primera canción de su nuevo álbum no podría ser más elocuente: “…Ready for it?” (¿preparados para esto?), pregunta Taylor al resto del mundo. No desde luego que nadie estaba preparado para semejante regreso.



 -Reputation (2017): la confirmación de su cambio de estilo musical

Nuestra niña se hizo mayor, y la princesa del country se convirtió en reina del pop. Honestamente, yo siempre preferiré la Taylor de la transición —discos Speak Now (2010) y Red (2012)— a todas las demás, porque conjugaba lo mejor de ambos mundos. Pero los swifties sabemos que Taylor es un culo inquieto y que cada dos años le gusta renovarse y cambiarlo todo de ella: género musical, estilo de vestir, peinado, etc. Va deshaciéndose de capas antiguas para renovarse (ya se sabe lo que dicen: «renovarse o morir», aunque yo no estoy nada de acuerdo con esa afirmación). 


El caso es que, como ella misma confesó, se había aburrido ligeramente del country que ella siempre había amado tanto (aunque le estaba funcionando de maravilla) y había empezado a escuchar otro tipo de música, música de los 80, que le introdujo el gusanillo de virar hacia el pop. Sentía que debía cambiar, que debía renovarse, sentía esa inquietud y el pop la llamaba poderosamente. La gente que rodea su mundo artístico (productores, manager, representantes, etc.), le advirtieron que era un movimiento arriesgado, que era un cambio muy brusco y podía no funcionarle bien y acarrearle crueles críticas. Pero eso a ella siempre le ha dado igual. Taylor es conocida por tomar siempre sus propias decisiones empresariales (tiene una mentalidad de negocios impresionante) y no permitir nunca que nadie las tome por ella. Si se estrellaba, pues que se estrellase, ella estaba dispuesta a correr ese riesgo si eso implicaba hacer la música que a ella le motivara más en aquel momento. 


Si con el country ya obtuvo muchísimo éxito (sobre todo en EE.UU.), cambiar hacia el pop le vino de perlas y directamente lo petó en todo el mundo. Ahora, tres años después de su primer disco puramente pop, con el que cosechó más éxitos que cualquier otro cantante haya soñado con alcanzar, la nueva diva del pop vuelve a sentir la necesidad de realizar un cambio. Su nuevo disco es pop, sí, pero —por desgracia para mí, enemiga del sonido electrónico—, contiene altas dosis de estilos tales como hip-hop, trap, electro y R&B. Algunos incluso han apreciado otras influencias muy distintas, como el soul. En definitiva, es un sonido muchísimo más urbano, más desenfadado, y para, mí, menos original; pero bueno. Si te pones a escuchar su primer álbum (2006), puramente country, ingenuo, romántico y cándido, y, acto seguido, su nuevo disco; que muestra a una Taylor malota, rebelde y escarmentada con la vida, que ya no siente pudor al hablar de cuestiones como el sexo o el alcohol; se aprecia que la diferencia es brutal.


El caso es que, con un estilo o con otro, Taylor Swift ya lleva una década en el mundo de la música, petándolo desde sus comienzos y con una fama que en lugar de ir decayendo, se incrementa con el paso del tiempo hasta extremos insospechados. Esta joven millonaria es tan influyente que incluso durante su retiro se seguía hablando de ella, y, para los que la hemos echado tanto de menos; esperamos que esta vez haya vuelto para quedarse. 


domingo, 5 de noviembre de 2017

Tipos de mechas



Probablemente os pase como a mí y os abrume y confunda la abundancia de terminología que ha proliferado en cuanto a tipos de mechas en los últimos años. Como aclaración tanto para mí como para aquellos que también tengan dudas, he dedicado varias horas a investigar en diferentes páginas web en busca de las diferencias que distinguen a estas técnicas tan semejantes:

Balayage es un término que proviene del francés “barrido”. Esta técnica aporta luminosidad mediante un degradado sutil que comienza desde la raíz. Las mechas se esparcen y difuminan logrando un efecto muy natural, empleando tonos tan solo un máximo de 3 tonalidades más claras que nuestro color base. El empleo de diferentes tonalidades también le confiere volumen. Es una técnica complicada que requiere el uso de láminas, celofanes o tiras de malla, y que requiere la intervención de profesionales, por lo que no se pueden realizar en casa. Otras fuentes sostienen que se aplica con un pincel a mano alzada y que no necesitan papel de aluminio ya que no requieren calor. Aunque el color se aplica a una distancia del cuero cabelludo, se incorporan mechas dispersas que lo conectan con la raíz. Estas aparecen mayormente a ambos lados de la cara en detrimento de la parte trasera de la cabeza.
 

El flamboyage es una técnica italiana semejante al balayage, pero las puntas se aclaran aún más y para su aplicación se utilizan láminas adhesivas transparentes.

Las mechas californianas son las más conocidas. Se aplican de medios a puntas y sí requieren el empleo de papel de aluminio. Reciben ese nombre porque emulan el aclarado que los surfistas de California sufren en el pelo debido a su continua exposición al sol. Al igual que el balayage, tienen su origen en los años 70. El resultado es menos natural, más marcado. El dip-dye constituye una versión más sutil de las californianas.


El ombré conlleva un aclarado hasta las puntas acompañado de un oscurecimiento de las raíces. El contraste es más pronunciado y menos gradual que el de las balayage. No hay una frontera clara entre dos tonalidades como en las californianas. Otra diferencia respecto al resto es que el aclarado no es tan intenso en lo referente al tono, es decir, nunca se llega al rubio a no ser que la persona tenga el pelo claro. En las morenas se emplean tonos arena, dorados, o caramelo.

 

El sombré es una versión suavizada, sutil y natural del ombré, sin líneas de demarcación, por lo que requiere un menor mantenimiento.


 

Las babylights se consiguen mediante pequeños mechones aclarados de forma casi imperceptible para simular los reflejos naturales del cabello de los niños. Son mechas finas y abundantes que se aplican desde la raíz. Aportan luz, movimiento y volumen. Se obtiene un efecto más global. Se trata de tonos más planos y homogéneos, y solo dos tonalidades más claras que la base.


En el colormelt (color derretido), se funden dos colores para lograr el degradado. Es como si el color se derritiera partiendo desde la raíz quedando su mayor parte arriba.


Las mechas ecaille o de “concha de tortuga” tratan de emular el efecto del sol en la concha de los reptiles. Se aporta luminosidad a través de la aplicación de tonos dorados, caramelo, castaños y chocolates. Para ello, primero se oscurece todo el pelo en un color más oscuro que nuestra base natural. Después se le aplican mechas tenues desde la raíz que se van degradando hacia las puntas.


El bronde es un término nacido de la fusión de las palabras "brunette" y "blonde". Se  limita a colorear los medios y puntas en un tono de rubio menos claro y más natural.




El hair contouring, por su parte, pretende atrapar la atención hacia puntos concretos y escogidos del cabello. Para ello se aplica con pincel a mano alzada. Se pueden conjugar hasta cuatro tonos distintos para lograr contrastes que favorezcan al rostro en función de las facciones de este.




 
Para concluir, convendría apuntar que unas mechas son preferibles frente a otras según el propósito que se persiga: las balayage o las californianas aportan mayor volumen, mientras que el hair contouring es recomendable para aportar luminosidad al rostro. Para cabello rizado o encrespado se recomiendan las sunlight, y para pelo extremadamente corto se aconsejan las babylights, las californiandas o el touching.

Para pelos morenos y tez pálida, son favorecedores los tonos rojizos o caobas, para morenas de tez morena, tonalidades más frías como el violeta. Por su parte, en cabello claro y tez morena, se recomienda el rubio ceniza o tonos beiges. Si tienes la tez clara al igual que el pelo, te sentarán fenomenal los tonos cobres.

Comparaciones visuales:
  




Fuentes consultadas: