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sábado, 13 de abril de 2024

"101 grandes mujeres de la historia: una mirada femenina femenina de nuestro mundo" (2018)

Calificación: 8/10

Esta compilación de grandes mujeres de la historia me fue obsequiada hace unos años y aproveché este reciente 8M para darle prioridad a su lectura.

El libro tiene un formato bastante grande en cuanto a alto y ancho, pero, en cambio, no es excesivamente grueso. Me ha llevado más tiempo del que esperaba porque (aparte de no disponer de tanto tiempo para leer como hubiera imaginado), contiene más texto del que pueda parecer a pesar de sus numerosas ilustraciones.

Por eso, aunque al ser una guía ilustrada las imágenes (tanto fotografías como dibujos) la hacen más vistosa, la cantidad de información que ofrece no resulta insuficiente. Evidentemente, no profundiza en la vida de cada una de las mujeres, sino que hace un repaso superficial por sus hitos más importantes, pero no se puede esperar más profundización en un libro que debe abarcar a 101 personas distintas.

Yo había leído diversas biografías sobre mujeres determinadas, pero me ha gustado este cambio de enfoque. Aprecio que no se limite solamente a las más conocidas y populares (Marie Curie, Jane Austen, Frida Kahlo y para de contar, que son las que están muy trilladas en este tipo de libros), sino que amplíe el margen y te permita conocer a mujeres que, por el contrario, no son nada conocidas a pesar de haber realizado contribuciones considerables a la Humanidad.

El libro distribuye su contenido por eras históricas o siglos, y después sigue el orden cronológico en función de la fecha de nacimiento de la mujer en cuestión, independientemente de su fecha de fallecimiento.


Generalmente cada página corresponde a una mujer distinta, pero también había casos en los que se dedicaba una página doble a una sola, o, por el contrario, solo media página. En esos últimos casos sí se extrañaba más información sobre esa persona. También había ocasiones en las que se echaba en falta conocer la causa de la muerte de algunas de las mujeres que habían muerto alarmantemente jóvenes, aunque generalmente sí aparecía.



No solo figuran científicas o escritoras, que son las principales figuras sociales que suelen ser reconocidas, sino también filántropas, políticas, astronautas, pilotos, escaladoras, artistas de diversa índole, etc.

Ha habido tres ausencias que considero bastante fragrantes. Una es la escritora nigeriana Chimamanda Gnozi Adichie, la autora del célebre ensayo Todos deberíamos ser feministas y uno de los referentes literarios del feminismo. La otra, puesto que sí han incluido a otras cantantes como Madonna, es Taylor Swift. Nadie puede negar su influencia, poder e impacto (infinitamente superior al de Madonna en la actualidad), pero, si acaso, lo puedo llegar a justificar porque este libro fue publicado en 2018, y aunque en aquella época ella ya había reventado todos los records imaginables, aún no se reconocía mediáticamente el fenómeno Swift como sí empieza a hacerse en la actualidad. Por último, redactando esta reseña acabo de darme cuenta de que tampoco han incluido a Agatha Christie. ¡Agatha Christie! Me parece un poco el colmo, la verdad. Es una de las escritoras más famosas y exitosas de todos los tiempos.

Espero que en unos años reediten el libro y subsanen estas deficiencias. Por lo demás, es una lectura muy recomendable y relativamente amena, no densa.


Fuente de las imágenes: 

https://www.google.com/url?sa=i&url=https%3A%2F%2Fwww.amazon.es%2F101-Grandes-mujeres-histor%25C3%25ADa-Libros%2Fdp%2F8467763698&psig=AOvVaw0ldELDcJ-FafeqssB1MZGd&ust=1713108312382000&source=images&cd=vfe&opi=89978449&ved=0CBIQjRxqFwoTCNCG6_u_v4UDFQAAAAAdAAAAABAE

https://www.google.com/url?sa=i&url=http%3A%2F%2Fcoeducame.blogspot.com%2F2019%2F02%2F101-grandes-mujeres-de-la-historia.html&psig=AOvVaw0ldELDcJ-FafeqssB1MZGd&ust=1713108312382000&source=images&cd=vfe&opi=89978449&ved=0CBIQjRxqFwoTCNCG6_u_v4UDFQAAAAAdAAAAABAJ

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https://www.google.com/url?sa=i&url=https%3A%2F%2Faminoapps.com%2Fc%2Flibros-aminoespanol%2Fpage%2Fblog%2F101-grandes-mujeres-de-la-historia%2FXVBX_71Fgu5JGwq5mZVGXRm5oxRPknLnw8&psig=AOvVaw0ldELDcJ-FafeqssB1MZGd&ust=1713108312382000&source=images&cd=vfe&opi=89978449&ved=0CBIQjRxqFwoTCNCG6_u_v4UDFQAAAAAdAAAAABAd




domingo, 31 de marzo de 2024

Reseña de "La Revolución Feminista Geek" de Kameron Hurley (2016)

Calificación: 7/10

No recuerdo exactamente cómo supe de este libro pero sé que alguien me lo recomendó, puede incluso que fuera una profesora. Le tenía ganas pero iban pasando los años y no lo leía y fui perdiendo el interés.

Me lo iba a haber leído en marzo o abril del 2023, cuando me dediqué a las lecturas feministas como celebración del 8M, pero al final solo me dio tiempo a releer los que ya había leído antes, así que lo pospuse para las lecturas feministas de marzo de 2024.

Lo empecé este último 8M, Día Internacional de la Mujer. Lo he abordado con pocas ganas pero con expectación porque había oído hablar muy bien de él.

Por falta de tiempo y sobre todo de motivación, lo he estirado como un chicle y para mi exasperación  he terminado tardando dos semanas y media en terminarlo. Lo cierto es que es bastante breve y ameno, pero no me ha pillado en un buen momento.

Mejora o empeora según el capítulo. Cada uno de ellos es una entrada del blog de la autora y aborda un tema distinto, por lo que los hay tanto muy interesantes y amenos como muy lentos y pesados.


Pensé que iba a tener un enfoque más neutral e impersonal, centrándose más en el feminismo en sí y menos en la vida de la autora, pero no me disgusta ese enfoque autobiográfico con anécdotas personales. Es realista, no trata de edulcorarte las cosas y te hace sentir más comprendido, menos fracasado.

No obstante, quizá en ocasiones si hubiera echado en falta más reflexión teórica y menos repetición de desgracias personales. Hurley se muestra enormemente sincera y se abre sobre su juventud, sus años de penuria económica, su relación tóxica con su exnovio, su enfermedad crónica y sus vicisitudes como autora de Ciencia Ficción, aunque en ocasiones se recrea demasiado en las desgracias. Uno de los primeros capítulos, el que narra su conversión en escritora desde su adolescencia, me hace pensar que yo no tengo la misma pasión por escribir. Yo no estoy dispuesta a sacrificar tanto como ella ni a sufrir tanto por conseguirlo.

La mayor parte del tiempo resulta sencillo simpatizar e identificarse con ella, y tiene razón en gran parte de sus reflexiones, pero a veces puede resultar muy radical, inflexible y algo contradictoria.

Por ejemplo, sostiene que no hay que reprimir lo suave y femenino, que aporta equilibrio al mundo y que es la muy necesaria otra cara de la moneda, pero critica personajes que muestran esta ambivalencia, y, en función de lo que ella misma describe, los personaje que ella crea para sus obras parecen ceñirse al patrón de “borrachas asesinas sin sentimientos” que tampoco son fiel reflejo de la mujer real.

Sus críticas a Buffy cazavampiros, Jurassic World y Guardianes de la Galaxia son exageradas, injustas, irreales y desproporcionadas. ¡Si Buffy es todo un icono feminista!

Sin duda es una lectura que merece la pena y la recomiendo a cualquier persona que quiera seguir cultivándose sobre feminismo, aunque cogiendo algunas reflexiones “con pinzas” y permitiéndose no aceptar todas sus asunciones como la verdad absoluta.


Fuente de la imagen de la portada (las fotos del interior son mías):

https://www.google.com/url?sa=i&url=https%3A%2F%2Fwww.alianzaeditorial.es%2Flibro%2Frunas%2Fla-revolucion-feminista-geek-kameron-hurley-9788491810148%2F&psig=AOvVaw32aM0dddkgD5CQn7gEpMko&ust=1712000775918000&source=images&cd=vfe&opi=89978449&ved=0CBIQjRxqFwoTCODs14Kin4UDFQAAAAAdAAAAABAE


sábado, 22 de abril de 2023

Lecturas feministas de marzo y abril

Estoy de vuelta. Lamento la ausencia pero últimamente no he tenido mucho tiempo para leer de todas formas.

Con motivo del Día Internacional de la Mujer el pasado marzo, me propuse releer durante ese mes los libros que tengo sobre feminismo, y también los que aún no había leído. A estos últimos he renunciado por el momento porque ya estamos casi en mayo (habiendo dejado ya el 8M muy atrás) y tengo mucho que leer sobre otros temas.

Son cuatro los libros de temática feminista que he releído. En general son ideales para principiantes pero también recomendable para gente instruida en feminismo que quiera repasar o asentar ciertos conceptos básicos.

 

Los dos primeros son las transcripciones de dos discursos dados por mi admirada Chimamanda Ngozi Adichie. Son los primerísimos libros que yo recomendaría para cualquier persona que quiera introducirse al feminismo. Ambos ya los reseñé en su momento por lo que no voy a volver a hacerlo. Dejo los links aquí para que leáis sobre estas joyas amenas y disfrutables que además se leen en un santiamén por su enorme brevedad:

Todos deberíamos ser feministas (2015): https://elparnasoenmibolsillo.blogspot.com/2017/06/resena-sobre-todos-deberiamos-ser.html?m=0

Querida Ijeawele: cómo educar en el feminismo (2017): https://elparnasoenmibolsillo.blogspot.com/2017/07/resena-de-querida-ijeawele-como-educar.html

Este último es muy similar al anterior, pero algo más específico. Si el primero constituía una exposición y explicación de lo que implica realmente ser feminista, de las connotaciones peyorativas que siempre han acompañado al término y la historia de cómo la autora se autodescubrió a sí misma como feminista; este otro es una carta dirigida a una amiga suya que acaba de tener a una niña y le solicita consejo sobre cómo educar a su recién nacida en el feminismo. Con este fin, Chimamanda ofrece una serie de consejos tremendamente acertados que no solo podría aplicarse cualquier madre o padre a la hora de educar a sus hijos e hijas, sino que cualquiera de nosotros puede interiorizar como consejos para el día a día de nuestra propia vida.

Ambos los leí por primera vez cuando me los regalaron hace años y no los había vuelto a leer hasta ahora, y los he vuelto a disfrutar como aquel entonces, hasta el punto de emocionarme. La forma de narrar tan abierta, sincera y conmovedora que tiene Chimamanda consigue que se te pongan los pelos de punta. El primero lo releí en tan solo media hora unos días antes de este último Día internacional de la Mujer y el segundo el mismo 8 de marzo en apenas tres cuartos de hora. Cuando los terminas te quedas con ganas de más.

 

Feminismo ilustrado (2017), de María Murnau y Helen Sotillo:

Muy adecuado como primera lectura feminista para cualquier persona que todavía esté iniciándose en la materia y necesite adquirir las nociones básicas, pero también para quien ya haya leído sobre el tema pero desee afianzar dichas nociones o despejar dudas que aún puedan quedarle. Podría decirse que es realmente introductorio pero no se siente demasiado básico. Es fácil de leer, no se hace nada denso porque está narrado de una forma que claramente pretende hacer la lectura entretenida y amena. El registro es informal y bromista (aunque a veces hasta un extremo que puede resultar forzado y dejar de hacer gracia), ideal para que se le haga más llevadero a alguien que está teniendo su primer contacto con el tema. Es un libro ilustrado, con dibujos en cada página que también ayudan a hacerlo más ameno y entretenido y a comprender mejor ciertas cuestiones. Lo leí en apenas unos días pero si se dispone de suficiente tiempo puede leerse en un día perfectamente.

 

Feminismo para principiantes (edición ilustrada) (2018): de Nuria Valera y Antonia Santolaya

No os voy a engañar, yo a este no lo veo mucho “para principiantes”, a pesar de lo que diga el título. Se hace considerablemente denso y pesado de leer (de hecho, según lo leía llegué a la conclusión de que, al contrario de lo que yo pensaba, me parece que este lo abandoné la primera vez que lo comencé hace años y nunca lo terminé hasta ahora). Este libro en concreto ha sido la razón de que estas relecturas que yo contaba con haber terminado en marzo, me hayan llevado hasta finales de abril. Tampoco es que yo haya tenido muchas oportunidades de ponerme a leer este último mes (había semanas que no leía ni un día), pero si realmente hubiera sido una lectura adictiva o al menos llevadera ya hubiera encontrado el momento propicio para terminarlo hace mucho.

La razón de que se haga tan pesado es que es muy histórico. No se centra en explicarte los conceptos básicos del feminismo como el anterior ni te incluye anécdotas personajes de la vida de la autora como los ensayos de Chimamanda. Se dedica a explicarte la biografía de ciertas mujeres o ciertos sucesos de nuestro pasado que lucharon por intentar cambiar la concepción que en aquellas épocas se tenía sobre las mujeres, ordenándolos cronológicamente y según las distintas olas en las que se fue configurando el movimiento feminista. No digo que no sea interesante y útil, que lo es, aunque tanta información, tantos datos, fechas, figuras históricas acaban por colapsar el cerebro, realmente soy incapaz de retener esa información mientras la leo así que cuando lo termino tengo los mismos conocimientos que cuando empecé.

Si que recomiendo a tod@ feminista leerlo en algún momento pero desde luego no como primer contacto con el tema, porque podría disuadir de volver a leer sobre ello.

A modo de anécdota comentaré que tengo este libro firmado y dedicado por la autora a mí y a mi madre de cuando fuimos a la presentación de esta nueva edición ilustrada.

 

Espero que al menos los tres primeros os hayan animado a informaros sobre un tema que a día de hoy, en pleno siglo XXI, sigue estando tan denostado, debido a una profunda ignorancia, desconocimiento e incultura que deriva en prejuicios sin ningún fundamento sobre algo a lo que todo ser humano debería aspirar.

sábado, 21 de agosto de 2021

Biografía: "Simone de Beauvoir: La filósofa que dio voz al feminismo moderno"

Simone Lucie Ernestine Marie Bertrand de Beauvoir, más conocida como Simone de Beauvoir, fue una importante escritora y filósofa existencialista nacida en París en 1908, en el seno de una familia burguesa y cristiana compuesta por los progenitores Georges Bertrand de Beauvoir y Françoise Brasseur y las hijas Simone y Hélène. En 1919, con la quiebra del banco del abuelo materno, la familia perdió gran parte de su fortuna, lo que decidió a su padre a animar a sus hijas a estudiar para buscarse un buen porvenir y un buen marido —no porque realmente considerara que las mujeres tenían el mismo derecho que los hombres a recibir una buena educación—. A mayores, para reducir el importe de su renta, vendieron su acomodada residencia y se trasladaron a un piso en el que debían habitar en condiciones mucho más mediocres.

Simone siempre destacó académicamente por su brillantez intelectual, lo que suscitaba que su padre a menudo comentara que su hija tenía “un cerebro de hombre”, comentario cuyo carácter halagüeño puede ser fácilmente cuestionado. En su adolescencia estuvo férreamente unida a su mejor amiga, Elizabeth Lacoin (apodada Zaza por ella), cuya fatal muerte por enfermedad en su juventud destrozó a Simone y le hizo replantearse su visión de la vida.
 

Durante 1925 compaginó los estudios de Letras Clásicas en el Instituto Sainte-Marie de Neuilly con los de Matemáticas en el Instituto Católico de París. En estos años conoció Jean-Paul Sartre, que se convertiría también en un importante filósofo existencialista. Él formaba parte de un grupito de tres alumnos algo snobs e inaccesibles que por mediación de otro de sus miembros acabaría acogiéndola también a ella. Entabló así una amistad con Sartre que acabaría desembocando en una relación amorosa entendida en los términos que ellos defendían y compartían, los de un amor libre, sin ataduras y sin compromiso. 

En 1929 se convirtió en la novena mujer en Francia en obtener la agregación de Filosofía. Dos años después fue destinada a Marsella como profesora de esta asignatura, mientras que Sartre fue destinado a Le Havre. Ante una separación dolorosa, Sartre tomó la decisión de pedirle matrimonio, algo que contravenía el tipo de amor que ambos defendían. Simone, demostrando ser más fiel a sus principios, rechazó la proposición, sin terminar por ello su relación con él. Posteriormente, Simone sería destinada a Ruan, mucho más cerca de Sartre. En 1933 conoció a Olga Kosakiewicz, una de sus alumnas, con la que entablaría una relación amorosa.

En 1937 se reencontró con Sartre en París. Allí ella impartía clases en el liceo Molière y él en el Pasteur. Ese mismo año conoció a Jacques-Laurent Bost, uno de los alumnos de Sartre, quien se integraría en la pandilla y mantendría una aventura amorosa con Simone. A su vez, Olga también había sido cortejada por Sartre, aunque posteriormente terminaría casándose con Bost.

La forma en la que Sartre y Simone entendían el amor les permitía establecer “amores contingentes” con terceras personas mientras que a ambos siempre les uniría un “amor necesario”. Este planteamiento, que sin duda en aquel tiempo resultaba chocante y novedoso, resultaría ser muy eficaz para ellos, pues mantendrían esa dinámica durante toda su vida, aunque la relación entre Sartre y Simone eventualmente perdería el cariz sexual y se ceñiría solo a lo personal e intelectual. 

En 1939, con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Sartre fue destinado al servicio de meteorología y Bost al frente. Simone siguió residiendo en la capital francesa durante la ocupación alemana de la ciudad, y el conflicto bélico, cuya presencia la acompañaba allá donde iba, tuvo influencia en su pensamiento y en su obra. Dos años después, Sartre y ella iniciaron una red de resistencia al nazismo denominada Socialismo y Libertad.

En 1943 Simone decidió abandonar la enseñanza y dedicarse profesionalmente a la escritura a tiempo completo. Ese año publicaría su primer libro, La invitada en el que plasmaba mediante personajes ficticios las relaciones que se mantenían en el seno de su “pequeña familia”, como denominada a su pandilla. En esos años Simone había tenido que hacer frente a denuncias y despidos propiciados por el escándalo que despertaba el tipo de relación que mantenía con algunas de sus alumnas.

En 1945 publicó La sangre de los otros, inspirada profundamente en su experiencia de la Segunda Guerra Mundial, que, al igual que la muerte de Zaza, provocó un cambio en su sistema de valores y en su visión del mundo, desechando el enfoque individualista que la había caracterizado desde su juventud. Ese año también fundó junto a Sartre y otros intelectuales la revista literaria y filosófica Les Temps Modernes. Simone se comprometió plenamente con las causas comunista/socialista y con el ateísmo, publicando diversos escritos sobre estos temas.

Dos años más tarde viajó a Estados Unidos, donde se enamoró profundamente del escritor Nelson Algren, con quien mantuvo un intenso romance intermitente mientras seguían viviendo cada uno en un continente diferente, distancia suavizada por largos viajes en pareja y prolongadas estancias de ella en el continente americano hasta su ruptura definitiva en 1950. Nelson no terminaba de aceptar la visión del amor de Simone, exenta de un compromiso que él echaba en falta y condicionada por el tremendo apego que ella le profesaba a Sartre, cuya relación ella siempre antepuso a las demás e influyó en los planes con sus otras parejas. Tras la ruptura, no obstante, Algren y ella seguirían escribiéndose numerosas cartas durante una década más.

En 1949 salió a la venta El segundo sexo, una de las obras más importantes del feminismo, en la que la autora estuvo trabajando por muchos años. Esta obra la convirtió en un icono de la liberación de la mujer. La inspiración para esta obra partió sobre todo de sus observaciones de las mujeres estadounidenses durante su estancia allí y su subordinación al hombre a pesar de la idea de autonomía que estas parecían proyectar al mundo. El primer volumen, en el que simplemente exponía el pasado histórico de sumisión de la mujer, fue elogiado. Por el contrario, el segundo fue un auténtico escándalo y dañó seriamente su reputación, por señalar la misoginia presente en su propia época y atreverse a hablar en términos novedosos de temas como el aborto, la maternidad, la prostitución o el lesbianismo. Fue denostada y duramente reprendida incluso por los otros colaboradores de Les Temps Modernes. De esta obra deriva su famosa frase: «No se nace mujer, se llega a serlo», en la que desmentía el carácter biológico del género y definía este como una construcción sociocultural que encasillaba a las mujeres en un papel de madres y esposas y coartaba su libertad de acción y elección.

Claude Lanzmann, al que conoció en 1953 fue su siguiente interés amoroso y el único hombre con el que cohabitó. Su romance duró seis años pero mantuvieron una buena relación a posteriori. Al año siguiente publicó Los mandarines, novela que le costó escribir y que, a pesar de pensar que no tendría éxito, fue muy elogiada y recibió el premio Goncourt. Ese mismo año se comprometió contra la guerra de Argelia. En 1958 publicó Memorias de una joven formal, que sería el primer tomo de sus autobiografías.

En 1971 tuvo lugar la firma del manifiesto de las 343, a favor del aborto, en el que todas las mujeres firmantes confesaban haber abortado alguna vez. Justo una década después publicó La ceremonia del adiós, como homenaje a los últimos años de Sartre, fallecido un año antes. Simone confesó que habían sufrido un leve distanciamiento en esos años, en los que Sartre había sufrido un deterioro en sus capacidades intelectuales y había sucumbido a influencias nocivas de intelectuales allegados que habían aprovechado esta situación para forzar un cambio en su pensamiento.

Simone de Beauvoir falleció en 1986 y fue enterrada junto a Sartre en el cementerio de Montparnasse. Legó sus bienes y obras a Sylvie Le Bon, su gran amiga y compañera durante sus últimas décadas cuya amistad llegó a comparar a la que en su adolescencia la unió a Zaza. No obstante, se especula que esta relación fue mucho más ambigua y no se ceñía a la simple amistad, sino que probablemente también compartían vínculos de carácter romántico, de madre-hija y de mentora-aprendiz.


Con esta obra y reseña he puesto punto y final a la lectura de biografías de grandes mujeres de la historia. Este tomo, en correspondencia con la autora que describía, contaba con un lenguaje algo más ampuloso y snob. Es decir, la propia narradora también se expresaba de una forma muy filosófica, lo que hacía ciertas partes un poco más densas, pero necesarias para entender el pensamiento filosófico de la autora que estaba describiendo.

Aun sin contar con el dinamismo de otras de las biografías leídas —en las que las mujeres descritas llevaban una vida más agitada o aventurera—, la existencia de Simone de Beauvoir no se me ha hecho aburrida o pesada, aunque su lectura requiriera una mayor reflexión intelectual. Yo conocía muy poco sobre ella, solo me sonaba su nombre y sabía que una de sus obras había sido importante para la construcción de la lucha feminista, por lo que me alegro de haber profundizado mis conocimientos acerca de una mujer de la que admiro la concordancia entre sus principios y sus decisiones vitales. Resulta refrescante leer sobre mujeres como Simone o Jane Austen que, viviendo en épocas en la que no casarse y no tener hijos podía serles duramente cuestionado y condenarlas a una especie de ostracismo social, ellas optaron por correr ese riesgo y mantenerse fieles a sus valores.

A su vez, ha sido interesante informarme acerca de la relación poliamorosa que ella y Sartre compartieron durante toda su vida y sobre cómo, al contrario de lo que pueda pensar la gente, eso no impide poder amar a alguien de verdad, como ella quiso a Algren. También sobre cómo su pensamiento se dirigía más a una reflexión individualista y centrada en sí misma hasta que la muerte de Zaza y la guerra le hicieron replantearse todo su mundo y enfocar su reflexión hacia la sociedad. Por otra parte, no deja de resultarme chocante que viviendo a mediados del siglo XX fuera capaz de encontrar tanta gente afín a su modo de entender las relaciones y que varias alumnas suyas se prestaran a mantener ese tipo de relaciones con su profesora.

Dicho esto, ha sido un placer realizar este recorrido literario feminista y compartirlo con vosotros a través de estas reseñas. No descarto continuarlo en un futuro si encuentro más de estas biografías en alguna biblioteca. Hasta entonces, espero que disfrutéis del resto del contenido de este blog.

 Fuente imágenes: google images

domingo, 16 de mayo de 2021

Biografía "Mary Shelley: la visionaria escritora que concibió con su pluma la ciencia ficción"

Hoy os traigo una publicación un poco diferente.

El mes pasado, antes de comenzar el horrible descenso a los infiernos que supuso la publicación de la fecha de mis oposiciones (que ahora me ocupan el 75% del tiempo en el que estoy despierta), me leí una biografía de Mary Shelley, la autora de la mítica novela Frankenstein.

En concreto se trata de Mary Shelley: la visionaria escritora que concibió con su pluma la ciencia ficción (2019), redactado por Eva Díaz Riobello y perteneciente a RBA Coleccionables.

El libro pertenece a la Colección Grandes Mujeres que fue lanzada en Kioscos hace un par de años. Adquirí varias de ellas, y llevaba desde entonces tratando de buscarles un hueco entre mis lecturas, sin éxito.

 

Finalmente, tras terminar Sol de medianoche, decidí empezar con ellas siguiendo un orden basado en mi interés particular. Tras finalizar este tomo, estaba dispuesta a comenzar con la biografía de Hedy Lamarr hasta que la noticia de la recta final de mis oposiciones me obligó a hacer un alto en gran parte de mis actividades de ocio que se va a prolongar mínimo un par de semanas más. Ni siquiera logré forzar un hueco para subir esta reseña —que redacté poco después de terminar el libro— hasta ahora.

Si digo que hoy no os traigo una reseña al uso es porque no voy a centrarme en evaluar la obra en sí, pues a fin de cuentas no se trata de una novela sino de una biografía, si no en hacer un repaso por lo que esta nos enseña, es decir, por la —trágica— vida de Mary Shelley. Para este fin, el libro en cuestión se ayuda de una serie de pasajes del diario personal de Mary.

 

 Mary Wollstonecraft Godwin fue la hija de los filósofos Mary Wollstonecraft (una de las propulsoras del feminismo, autora de Vindicación de los Derechos de la Mujer) y William Godwin. Nació en Londres en 1797, once días antes del fallecimiento de su madre producido por una infección contraída durante el parto. Su padre volvió a casarse con una mujer opuestamente diferente a quien había sido el amor de su vida. Esta señora, Mary Jane Clairmont, sería el prototipo de madrastra que traería a la pequeña Mary de cabeza durante su vida. Ella aportó al matrimonio hijos previos, Charles y Claire Clairmont —quien acabaría acompañando a Mary en muchas de sus peripecias por el mundo—, que se sumarían a la pequeña Mary y a Fanny, la hija que Mary Wollstonecraft había tenido con otro hombre antes de casarse con William. Después, William y ella concibieron uno mutuo, al que llamaron en honor de él.

Cuando Mary tenía 17 años de edad se enamoró de Percy Shelley, un joven poeta casado que compartía los ideales liberales de William Godwin, quien le invitaba a menudo a charlar y filosofar en su casa. Ante la oposición de sus familias a su romance, decidieron fugarse juntos en 1814 a Francia, no sin llevarse con ellos a Claire, quien también estaba deseosa de salir del hogar familiar.

Los tres juntos vieron mundo, hicieron amigos intelectuales, cambiaron constantemente de residencia y escaparon de las habladurías que habían dejado a su paso y de la furia que habían despertado en su familia. Era inconcebible que un hombre casado y con hijos y una mujer que no era su esposa cohabitaran, y eso era motivo suficiente para que su reputación se viera arruinada de por vida. Vivían todo esto sin dejar de enviarle dinero a William Godwin, que se hallaba casi en la ruina, y que prácticamente solo escribía a su hija para pedirle dinero a su novio.

Al año siguiente de su fuga Mary se quedó encinta por primera vez, pero su hija fallecería a las pocas semanas de vida tras el parto. Ese sería solo el principio de las innumerables desgracias y tragedias que tendría que enfrentar a lo largo de su vida. Poco sabía de todo lo que estaba por venir.

Durante una estancia en Suiza en 1816, forjaron una estrecha amistad con el reconocido poeta Lord Byron, del que hablaré después porque no se merece irse de rositas. Durante una velada en su casa junto a John Polidori, todos ellos menos Claire aceptaron un reto: escribir una novela “de fantasmas”, en el sentido que ahora entenderíamos como terror y suspense. Fue ese el germen de la gran obra que Mary trabajaría durante dos años más y que le ha asegurado un nombre entre los precursores de la ciencia ficción en la actualidad: nada más y nada menos que la historia de Frankenstein.

Poco después, dos tragedias más sacudirían a la pareja: los suicidios de Fanny, una de las hermanastras de Mary, y el de Harriet, la esposa abandonada de Percy —el cual además no logró hacerse con la custodia de sus hijos—. En un lado más afortunado de los acontecimientos, ese año Mary y Percy también alumbrarían su primer hijo varón, William; contraerían matrimonio para poder reclamar la tutela de los hijos anteriores de Percy —que aun así les sería denegada— y concebirían a su hija Clara.  Mary, además, publicaría su primera obra, Historia de un viaje de seis semanas (1817), acerca de la época más reciente de su vida. Frankenstein fue finalmente publicada anónimamente en 1818. Sí, anónimamente, porque en aquel entonces que una mujer se atreviera a firmar su obra era equivalente al más que seguro fracaso comercial de la misma y garantía del desprecio de la crítica.

Para entender muchas cosas convendría señalar algunos rasgos básicos del comportamiento de Percy Shelley. En primer lugar, era un “culo inquieto” y no aguantaba mucho tiempo residiendo en el mismo lugar. Eso le llevó a persuadir a Mary para trasladarse a Italia, arduo viaje que le costó la vida a su bebé Clara, que estaba atravesando unas condiciones muy delicadas de salud. Tan solo un año después, fallecería también su otro hijo.

En segundo lugar, no solo los atrevidos ideales de Percy en relación al amor harían que Mary tuviera que sufrir por su parte infidelidades y encaprichamientos con otras jóvenes cada vez que él se aburría en su matrimonio, sino que para colmo haría indirectamente responsable de esto a la propia Mary solo por hallarse en un estado de desapego y depresión perfectamente comprensibles teniendo en cuenta que en menos de cuatro años había perdido a tres hijos.

Ese mismo año, Mary se refugiaría en la literatura una vez más como su balsa de seguridad y publicaría Mathilda (1819). Además, sufriría un aborto natural de su cuarto hijo y se quedaría embarazada por quinta y última vez del único hijo que la sobreviviría; Percy Florence.

No obstante, las desgracias distaban mucho de llegar a su fin. En 1922 su marido Percy Shelley, que había formado una especie de grupillo de aficionados a la navegación, moriría al naufragar su barco en una de sus salidas por diversión. En el mismo viaje falleció también el marido de su amiga Jane, a quien se uniría más que nunca durante el duelo, si bien años después Jane se descubriría como una amiga falsa que la ponía verde a sus espaldas. Asimismo, todos los amigos que había hecho durante su matrimonio le acabarían dando la espalda tarde o temprano, pues Percy Shelley era el vínculo que realmente los unía y, además, ellos mostrarían un intolerante desacuerdo acerca de las decisiones que Mary tomaría más adelante en relación con la publicación de las obras de su difunto esposo.

Entre 1823 y 1830 publicaría, ya de vuelta en Inglaterra, sus obras Valperga, El último hombre y La suerte de Perkin Warbeck, mientras criaba a su adorado hijo Percy Florence, a quien trataba infructuosamente de inculcar su amor por la literatura. También redactó biografías de Los científicos y escritores más eminentes como colaboración con The Cabinet Cyclopaedia, que se negó en redondo a la propuesta de Mary de incluir la biografía de alguna mujer relevante.

Durante los años venideros, todavía tuvo que enfrentar la muerte de su padre, William Godwin —quien no se había reconciliado con su hija hasta que ella dignificó su unión con Percy con el matrimonio, a pesar de que William siempre había renegado de este sacramento—, la lucha con su suegro para que este dotara a su nieto de unos ingresos de manutención suficientes, así como diversos intentos de chantaje que trataban de arrebatarle el poco dinero que había conseguido ahorrar.

Entre 1835 y 1940 publicó sus novelas Lodore y Falkner y sus Caminatas en Alemania e Italia, esta última relatando los viajes que realizó en compañía de su hijo y de los amigos de este. Ocho años después se trasladaría con su hijo y la encantadora esposa de este a la mansión que el suegro de Mary finalmente le legó a su nieto tras su muerte a pesar de la escasa relación que habían mantenido. Por aquel entonces Mary padecía una parálisis que iba en aumento e iría limitando sus movimientos a pasos agigantados, a causa de un tumor cerebral no detectado. Finalmente, en 1851, Mary Shelley falleció a los 53 años y fue enterrada por deseo suyo junto a los restos de sus padres.

 

Si tuviera que encontrar algún defecto en Mary Shelley sería, por una parte, lo extremamente cegada de amor que estaba con Percy, lo cual se traducía en una excesiva sumisión hacia él (nada extraña en una mujer de su época, por una parte, pero sí en alguien de ideas tan supuestamente transgresoras y liberales como las suyas).

Del mismo modo, no puedo olvidar hacer referencia a la extrema hipocresía de su padre quien, si bien la crió y educó en la tolerancia al amor liberal y la crítica al yugo del matrimonio, le retiró la palabra cuando ella se fugó con Percy sin estar casada y no la perdonó hasta que contrajo matrimonio con él. Parece que sus ideas podían hacerse extensibles a todo el mundo, con la salvedad de su hija.

Un poco caradura también era Claire, la hermanastra de Mary, que se les pegó como una lapa a la pareja durante los años siguientes a su fuga hasta el punto de casi pasar a ser tres en el matrimonio.

Claro que nadie figura en su biografía que sea tan sumamente despreciable como Lord Byron. Cuando en 2017 vi la película Mary Shelley protagonizada por Elle Fanning, me llevé una gran decepción con él, porque, por muy buen poeta que fuera, tenía unos principios que dejaban mucho que desear. Pero lo que no podía ni imaginar era lo mucho que la película había suavizado su inmoralidad, como he descubierto años después al leer este libro.

Tras seducir a Claire y dejarla embarazada, Lord Byron se desentendió completamente de ella y del bebé. Cuando Claire reclamó recibir algún tipo de ayuda económica para poder criarla, él solo accedió con la condición de arrebatarle a la niña (a quien además rebautizó porque no le gustó el nombre elegido por su madre) y que Claire no pudiera volver a verla. No obstante, su intención no era ni mucho menos criarla él, sino que se la pasó como si de mercancía se tratara a unos conocidos para que se ocuparan de ella, la cual acabó yendo a parar a un convento, donde no mucho tiempo después falleció. Todo sin que Claire hubiera podido verla crecer. Pero esto es solo un resumen sintético de las numerosas conductas abominables que Lord Byron se traía entre manos.

 

Para concluir, en relación a cómo está escrita la biografía, señalaría a su favor la amenidad de su lectura y la conveniencia de la adicción de una útil cronología al final. Por otro lado, no me convence tanto que en ocasiones se distancie de la objetividad y neutralidad que se espera en este tipo de obras y tire de ficción en su descripción de ciertos detalles sin importancia, como si se tratara del guion de una película.

 

 

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