Al
fin me examiné y pude retomar mi relectura de sagas de fantasía de mi
adolescencia, tópico que ha ocupado mis dos últimas reseñas. En este caso me
tocaba aquella a la que le tenía más ganas, Memorias de Idhún de Laura
Gallego, que es oficialmente la primera saga que me arrojó de lleno en la
lectura, aunque había sido una gran lectora toda mi infancia.
Recuerdo
con muchísimo cariño esta saga, que fue la primera en obsesionarme hasta el
punto de que sus protagonistas me acompañaban mentalmente allá donde iba y en
motivarme a releer de vez en cuando mis fragmentos favoritos. Esto también me
sucedería posteriormente con otras de mis sagas clave como Crepúsculo o
Crónicas vampíricas, pero Memorias de Idhún constituyó el
pistoletazo de salida a todo ello. No obstante, al contrario que las otras dos
sagas mencionadas, nunca volví a releer enteros los tres volúmenes. No hasta
ahora.
Que
yo recuerde, fue la primera saga que leí en la que se planteaba un triángulo
amoroso en el que, como es habitual, la chica ocupa el centro y es cortejada
por dos chicos. No obstante, mientras que con otras siempre he tenido
absolutamente clarísimo a cuál de los dos debía escoger la chica si no quería
desatar mi ira (Bella a Edward, Elena a Stefan, Katniss a Peeta, Clary a Jace,
America a Maxon…) en este nunca estuve del todo segura, a pesar de que sí que
sentía una debilidad especial por el misterioso, frío y peligroso Kirtash (y no
me malinterpretéis, generalmente soy más favorable a los buenos chicos que a
los chicos malos, pero es que Kirtash es absolutamente irresistible). Quizá por
eso la forma en la que la autora decidió “resolver” este triángulo no me parece
del todo mala. Ya hablaremos de ello más tarde porque si hay algo novedoso que
separa a esta saga de otras con triángulo amoroso es la peculiar forma en la
que este es gestionado, para nada convencional. No hace falta decir que vais a encontrar spoilers en este artículo. Solo avisaré por adelantado de los más graves.
Así
pues, Kirtash fue quizás el primer personaje de libro del que me enamoré y fangirleé. No fue un amor tan fuerte,
poderoso y duradero como el que he sentido por otros, eso sí. Pero Kirtash
ejercía una fascinación considerable en mí. Un asesino despiadado, letal,
esbelto, rápido y sigiloso como una pantera, con una siempre deseable melena
castaña que enmarca unas facciones delicadas de rostro imperturbable e
inexpresivo y unos ojazos azules pero fríos como el hielo que pueden penetrar
en tu mente y leerla o, directamente, matarte. Pero que ama con pasión e
intensidad hasta el punto de dar la espalda a sus ideales (por otra parte, más
que cuestionables) y enfrentarse a su poderoso padre por proteger a la mujer
que ama, y por ella también capaz de aliarse con el otro bando a pesar de que
le detestan y no confían en él. No hay que equivocarse, Kirtash no cambia su
forma de ser por Victoria. Sigue siendo un chico malo capaz de hacer cosas
horribles. Lo que cambia en él es que por primera vez alguien constituye para
él una razón para no hacerlas.
Uno
de los puntos fuertes y novedosos de esta saga es, sin duda, la gestión que se
hace del triángulo amoroso. Victoria no se pasa toda la saga dudando entre los
dos chicos hasta que al final se decanta por uno como ocurre en casi todas las
obras, sino que ella, con ayuda de uno de los chicos, que sin duda es muy
abierto de mente en este aspecto, comprende rápidamente que su corazón nunca
podrá elegir entre ambos y que no tiene por qué renunciar a una mitad de su
alma porque los convencionalismos amorosos establezcan que se ha de vivir en
monogamia. Recordemos que esta saga es de principios de este siglo. Sin duda
Laura fue una auténtica visionaria al abordar un asunto como el poliamor o las
relaciones abiertas —aunque nunca sean designadas con este nombre en el
transcurso de la historia— en una época en la que esto todavía estaba mal visto
y no era socialmente aceptado. Además, la forma en la que te explica los
sentimientos de Victoria te hace entenderla a la perfección y rogar porque, en
efecto, no renuncie a ninguno de ellos y se ate de igual forma a ambos,
[SPOILER: llegando al punto de formar una familia de cinco miembros al haber concebido un
hijo de cada uno de ellos]. Es hermosa la forma en la que se combinan dos historias
de amor de carácter casi épico o legendario: una por estar prácticamente
predestinada desde antes de nacer y otra justamente por lo contrario, por
desbaratar lo considerado ético en ese mundo y luchar por su amor prohibido con
todo lo que tienen.
No
recuerdo exactamente qué opinión despertaba en mí de adolescente el hecho de
que Victoria no eligiera entre Christian y Jack, pero no me suena que me
pareciera del todo mal, quizá porque yo misma dudo entre ellos. Años después,
sí que me encontraba a mí misma pensando que Victoria era un poco aprovechada y
egoísta y que actuaba injustamente al no elegir entre ellos. No obstante,
ahora, al haber refrescado mi memoria con esta relectura, me he dado cuenta de
que entiendo a Victoria y que tampoco hay nada que reprocharle si a ambos
chicos les parecía bien compartirla (bueno, en el caso de Jack más o menos). Los
celos de Jack son razonables, mientras que Christian es extrañamente tolerante
con la relación de Victoria con Jack, aunque egoísta respecto a convivir con
ella. No acabo de entender por qué necesita desaparecer de la vida de su amada
durante prolongados períodos de tiempo, por mucho que su esencia de shek
prefiera la soledad. Debería entender lo doloroso que es para ella tener que
soportar esas ausencias.
De
esta saga me acordaba de muchas más cosas antes de releerla en comparación con
las dos de mis dos reseñas anteriores, en parte por la citada relectura de mis
partes favoritas en mi adolescencia. Durante la propia relectura también fui
recordando más escenas a mayores que estaban próximas a suceder, por lo que
realmente pocos acontecimientos me pillaban por sorpresa, si bien la idea que
guardaba sobre ellos era sumamente vaga y nada detallada. Según leía también me
iban sonando escenas o las iba recordando justo antes de que sucedieran.
Memorias de
Idhún: La resitencia
El
primero me ha vuelto a gustar muchísimo y a engancharme como en aquel entonces.
No me ha defraudado lo más mínimo. Mucha gente se empeña en decir que releer
libros que te gustaron en tu infancia o adolescencia no es buena idea porque en
muchos casos te llevas un chasco y ya no te llenan como lo hicieron entonces,
pero nada más lejos de la realidad. Ha sido sin duda uno de esos casos en los
que vuelves a sentir lo mismo que sentiste entonces (incluso puede que más
fuerte), porque a fin de cuentas, yo no he cambiado mucho como persona ni mis
gustos literarios lo han hecho.
La
personalidad de Victoria me gustó más en la primera parte de La Resistencia que
en la segunda, donde estaba excesivamente borde y cortante con Jack, muy a la
defensiva. Por suerte, su carácter se suavizó en los siguientes libros y solo
lo sacaba cuando realmente debía hacerlo, como cuando defendía a Christian de
Alsan y de Jack en el tercer libro.
Algo
que no recordaba es que en el primer volumen parece quedar muy claro que es Jack,
y no Victoria, el protagonista de la historia. Sin embargo, esto empieza a
desdibujarse en la segunda parte y aún más en los siguientes libros, donde su
papel no destaca más que el de Victoria o Christian en absoluto.
No
había ningún personaje que me molestara o le tuviera manía en el primer volumen,
si bien no me gustan los arrebatos de rabia e impulsividad de Jack en su
primera mitad. He de decir que no me agrada que Victoria se creyera con derecho
a “rebautizar” a Kirtash cambiando su nombre por Christian. Si le quieres, le
quieres con su pasado, con todo lo que ha hecho, y deberías aprender a amar el
nombre que antes te infringía temor en lugar de inventarte otro que te haga
sentir más cómoda —Además, para qué engañarnos, Kirtash es un nombre mucho más
sexy, por lo que me gusta más cuando se refieren a él de esa manera—. Tampoco
me alegró leer lo distante que estuvo ella con los dos chicos durante su
estancia en Limbhad al final del libro. Apruebo que no quisiera darles celos,
pero que no fuera adecuado demostrarles su afecto en público no quiere decir que
no pudiera hacerlo en privado, al igual que tampoco es justo que se dejara ver
como unicornio por Jack pero no por Christian.
Memorias de
Idhún: Triada
Sí
admito que el segundo se me ha hecho algo pesado en ciertas partes. No solo es
que sea un libro muy grueso (tiene más de 700 páginas con letra pequeña) sino
que además Laura, en un noble intento por desarrollar largo y tendido la
mitología del mundo de Idhún, acabó por meter quizá algo de paja. No digo que
no sea interesante conocer más sobre este mundo que ella inventó, sus razas y
criaturas, sus territorios y reinos, sus deidades… pero admito que en mí solo
despiertan un interés moderado. Y es peor aún cuando lo que lees son páginas y
páginas protagonizadas por personajes secundarios y no por el trío
protagonista. Honestamente, si no fuera por Victoria, Kirtash y Jack, yo ni
siquiera estaría interesada en esta saga. Sí que me gusta su fantasía y mitología,
pero, al igual que me ocurre absolutamente con todas mis sagas preferidas, lo
que realmente me apasiona de ellas y me motiva a seguir leyendo son sus
romances, no sus aventuras. Esta continuación contenía demasiados personajes y
me costaba distinguirlos y seguir el hilo sin liarme.
Por
todo ello, cada vez que me tocaba leer algo sobre los personajes secundarios,
me encontraba a mí misma exasperándome y resignándome interiormente, incluso a
veces moviendo páginas para comprobar cuando iban a volver a aparecer los
protagonistas. Nunca me saltaba ni un solo párrafo, no obstante, eso es algo
que nunca he hecho y nunca haré. Siempre lo leo todo sin saltarme nada. En este
aspecto, el segundo libro, en cada uno de sus capítulos, iba intercalando unas
pocas páginas (o incluso solo párrafos) sobre las aventuras en las que se
hallaban inmersos los protagonistas y otras pocas sobre alguno de los
personajes secundarios.
Me
decepcionó y molestó la actitud que mostró Christian con Victoria cuando esta
le sorprendió besando a Gerde. Vale que ella estaba a la vez con dos hombres,
pero eso no quita que sea comprensible que ella se enfade y se muestre dolida
al encontrarse a Christian morreándose con la mujer que la torturó. Él debería
haber mostrado más tacto y arrepentimiento después. Tampoco entendía cómo podía
seguir teniendo tantas contemplaciones con su padre después de cómo le había
torturado este. No obstante, más adelante fue Victoria quien me cabreó con su
empecinamiento por matarle bajo la creencia de que él había matado a Jack. Jack
había sido quien le había provocado y había dado inicio a la pelea y
honestamente estuvo muy insoportable en los días en los que estuvieron los tres
juntos. Además, en cuanto se dio cuenta del dolor que le había causado a
Victoria, Christian se arrepintió de lo que había hecho y de hecho incluso lo
vimos llorar por primera vez. El motivo de Victoria para matarlo, aparte de
vengar a Jack, era eliminar a la otra razón que le quedaba para vivir para así
poder dejarse morir, pero eso me parece tremendamente egoísta hacia Christian,
como si su vida no fuera nada más que algo con lo que negociar. Es más, debería
haberse disculpado con él cuando volvió a ser ella misma, mientras que actuó
como si nada hubiera ocurrido.
Me
sorprendió la constante tensión sexual de este segundo tomo. No la recordaba
tan evidente puesto que sabía que no llegaba a consumarse hasta el último
libro. Por otra parte, recelo de la postura de Christian ante este asunto.
Decía que esperaría a que Victoria estuviera preparada. Sin embargo, la
coaccionaba implícitamente lanzándole indirectas sobre sus ganas de llegar a
algo más, así como al dejarse llevar demasiado en sus caricias.
Por otro lado, me hubiera gustado que el
viaje de los tres juntos hubiera durado más. En
cuanto a la cría de shek que la triada encontró en su trayecto, por muy
irrelevante que fuera, es una lástima que resultara tener malas intenciones,
porque me parecía muy tierno que Victoria y Christian ejercieran de padres con
ella.
No
recordaba en absoluto el personaje de Sheziss y me ha caído francamente bien
(tan solo me resultaba familiar el hecho de que Jack apareciera en una cueva
prisionero). Me gusta cómo es capaz de mantener a raya su odio y también sus
inteligentes razonamientos. Jack me ponía de los nervios cada vez que perdía
los estivos con ella y me agradó contemplar que finalmente las enseñanzas de
Sheziss tuvieron un impacto en él y le hicieron madurar. Jack empezó a caerme
mucho mejor después de eso. En general, los capítulos del periodo de Jack en
Umandhun, lejos de parecerme pesados o aburridos, gracias a las enseñanzas de
Sheziss me parecieron muy interesantes y filosóficos. Al igual que con Narnia,
no recordaba un trasfondo tan profundo en la historia que se cuenta, acerca de
la naturaleza del odio ancestral entre dragones y sheks. Nada es blanco o
negro. Nadie es completamente malvado o bueno.
En
cuanto al romance, si para mi desgracia Victoria pasa mucho más tiempo con
Jack, por lo menos sus momentos con Christian son intensos y emotivos. Desde mi
falta de convencimiento absoluto por lo que estoy diciendo, opinaría que
mientras que según avanza la saga los momentos que pasan juntos son cada vez
mayores, por otro lado quizá son cada vez menos románticos y conmovedores.
En
cuanto a Shail, me gustaba más su personalidad en el primer libro, pues era más
alegre y menos amargado, si bien se le comprende perfectamente puesto que no es
plato de buen gusto haber perdido una pierna en una pelea.
Memorias de
Idhún: Panteón
En
el caso del tercer libro, un mamotreto de más de 900 páginas y quizá el libro
más largo que he leído en toda mi vida, Laura fue más organizada en su primera
mitad y esta vez eran capítulos enteros sobre los protagonistas intercalados
con otros íntegramente solo sobre lo secundarios. Esto era peor para mí,
porque, si bien me reconfortaba encontrarme con que tenía por delante un
capítulo entero sobre Victoria y Kirtash/Christian (lo que realmente me
interesa en esta saga), una vez terminado este me encontraba con uno entero en
el que sabía que ellos no iban a aparecer en absoluto, cosa que no me molaba
nada. Puedo sentir un cierto interés por Shail o por Alsan/Alexander, pero el
resto de personajes no me importan lo más mínimo y me sobra bastante toda
información sobre ellos o lo que hacen. Kimara, si bien no me cae del todo mal
ni la odio, le profesé una cierta una cierta manía cuando rondaba a Jack y
después cuando expresó sus deseos de matar a Christian, deseos que,
sorpresivamente, pareció olvidar durante el tercer libro y ni siquiera volvió a
hacerse referencia al tema.
He
de decir que hubo actitudes de Christian que me decepcionaron mucho en el
segundo libro y sobre todo en el tercero. Sobre todo el leer cómo él dudaba de
sus sentimientos por Victoria y la ignoraba para conocer mejor a Shizuko y cómo
se empeñaba en proteger a Gerde en la segunda mitad de la historia. Me
encontraba a mí misma poniéndome de parte de Jack cuando este, tras haber
defendido en múltiples ocasiones a su antes enemigo, se sentía traicionado por
él.
El
tercer libro lo comencé con una cierta reticencia, porque desgraciadamente
sabía qué era lo que iba a ocurrir en su segunda mitad. [SPOILER: hablo de los embarazos de Victoria, que no hace
falta decir que es lo que más me disgusta con diferencia de toda la saga, no
solo por la temprana edad en la que queda encinta y cómo eso irremediablemente
va a arruinar su juventud, sino también por la maldita manía de considerar que
para que una historia de amor tenga un final feliz tenga que haber críos de por
medio]. Aparte de eso, es quizá, el más aburrido
de los tres. Salvo en el último tercio o cuarto de libro. Mucha divagación,
explicación y teorías, poca acción. De la primera mitad salvaría los
escasísimos momentos románticos que Victoria y Christian pasaron en Nueva York.
La segunda es considerablemente más interesante y trepidante a pesar del poco
tiempo que mi pareja favorita comparte juntos. Destacaría especialmente la
huida de los tres de la diosa Wina en el bosque de Alis-Lithban, la fuga de Victoria
con un malherido Christian, su recuperación y la acertada regañina que este le
propinó a Jack por su conducta, la interesantísima conversación de Jack y Rando
y las bodas, entre otros.
Algo
que no me gusta de los romances de esta historia es el hecho de que solo se
sientan atraídos los unos por los otros por su condición de híbridos. Se supone
que cuando te enamoras de alguien, aunque ese alguien pierda aquello tan
excitante que te hizo enamorarte de él, deberías seguir amándole, en lugar de
perder el interés. El amor debería ser incondicional.
La
profundidad filosófica y mitológica que me llamó la atención en el segundo tomo
fue aún más desarrollada en el tercer libro y elevada a un plano todavía
superior, pues se debate intensamente acerca de las motivaciones de los dioses
respecto a los mundos y criaturas que crean, de su egoísmo y falta de
preocupación por estos y respecto a su falta de capacidad para asumir que ellos
también poseen un lado oscuro del que no pueden desprenderse tan fácilmente.
Por
otra parte, Shail deja de estar tan malhumorado y vuelve a ser el chico amable
con el que sabes que puedes contar cuando lo necesites. Su relación con Zaisei
nunca me motivó lo más mínimo y opinaba que merecía a alguien más interesante
que ella. Sin embargo, acabé simpatizando con ella debido a su genuino buen
corazón y me alegré de que tuvieran un final feliz. [SPOILER: En cuanto a Alsan, lamenté
profundamente su muerte, a pesar de lo insoportable que se volvió en la mitad
final de la obra. Este cambio no se aclaró del todo si se debió solo a la
acción de la roca maldita que Gaedalu le obsequió para controlar a la bestia o
si eso solo sirvió como excusa o detonante para dejar salir una parte de él que
siempre había estado ahí. Su comportamiento hacia Victoria y Christian fue
indignante y me entristeció que sus últimas interacciones con los que habían
sido sus amigos estuvieran empañadas y controladas por la acción de la piedra,
que no pudiera conocer al hijo de Victoria y Jack y a tratarles a ellos mismos
con la protección, cariño y paternalismo de antaño y a Shail con la camadería
que corresponde a lo amigos que habían sido. En su lugar, Laura creyó que una
muerte supuestamente heroica pero muy estúpida e innecesaria bastaría para que
este personaje pudiera abandonar nuestras vidas en paz.
Hablando
de esto, realmente me molesta que Laura considerara necesario matar a algún
personaje importante en cada libro: Allegra en el segundo y Alsan en el
tercero. Me apena también mucho que Allegra decidiera sacrificarse solo por
matar a unos cuantos sheks y que no pudiera ver a su “nieta” vivir una vida
feliz junto a sus maridos y sus hijos.
La
autora también parecía tener una fijación con hacer pasar a Victoria por
torturas o tormentos al menos una vez en cada libro. En el primero y segundo a
manos de Gerde y Ashran y en tercero a manos de Alsan, Gaedaly y Qaydar y
después para colmo durante el parto. Me llama la atención que Jack por su lado
no fuera torturado en toda la saga a pesar de ser “al que más ganas le tenían”
los malos. Pero, honestamente, el pobre ya tuvo más que suficiente con la
trágica forma en la que perdió a sus padres al comienzo de la misma.
Laura
ha querido darle un toque dramático no solo por esas muertes y la huida de
Christian a la Tierra, sino por el hecho de que los personajes se llevaran un
golpe de realidad respecto al hecho de que a los dioses no les importan lo más
mínimo los mortales, que desaparecieran sin solucionar nada ni regenerar la
estirpe de dragones y unicornios, que la magia fuera a desaparecer de Idhún
eventualmente y que se insinuara que los sheks acabarían por gobernar la Tierra,
así como el hecho de que el epílogo termine con la apresurada huida a la Tierra
de Jack y Victoria porque querían darle caza a la hija que había concebido de
Christian. Esto también me lleva a preguntarme cómo diablos se enteró la gente
de que Victoria volvía a estar embarazada y que su hija era hija de Kirtash y
no de Jack si estaban viviendo en secreto.
El
final queda ligeramente abierto al no terminar con un final feliz convencional,
sino por una huida marcada por los tintes dramáticos antes mencionados. Eso me
hace preguntar si acaso quería dejar el final abierto a una posible
continuación, si bien lo dudo mucho pues nunca he leído nada que indicara que
Laura alguna vez había considerado expandir la historia más allá de esta
trilogía. No obstante, algunas cosas del final parecían dar cabida a una
continuación, como el hecho de que se reiterara que Covan quería seguir dando
caza a las ya inexistentes serpientes y a Kirtash o el hecho de que emplearan
la roca maldita para tallar las uñas de los dragones artificiales.]
Para
poner punto y final a esta reseña, diré que me he sentido deleitada al revivir
la magia de esta hermosa saga, que nuevamente vuelve a situarse entre mis favoritas
al haber podido recordar y comprender por qué me había gustado tanto en su
momento. Tal y como suele ocurrirme con muchos libros y series, siento mucha
melancolía y nostalgia al haberle puesto punto y final y saber que ya no puedo
hacer otra cosa que releer mis fragmentos favoritos para poder volver a sentir
lo mismo de nuevo siempre que desee hacerlo.