domingo, 2 de abril de 2017

Reseña de "La Lozana andaluza"



Calificación: 2/10  1’5 estrellas de 5

Introducción
Hoy os traigo la reseña de la obra de Francisco Delicado: La Lozana Andaluza (1528).


Qué tostón de libro. Con eso lo digo todo. 

No ha sido, en absoluto, una lectura de placer; sino que una de mis profesoras nos mandó leerlo como lectura obligatoria de su asignatura. ¿En serio no había otro libro más interesante, ameno y entretenido que nos pudiera haber pedido leer en su lugar? Apuesto a que casi cualquier obra de la época, de ese género o de equivalentes características, hubiese sido preferible a esta. 


No es un libro muy gordo, pues la edición que he leído yo, que es la de Clásicos Castalia, cuenta con 287 páginas; pero han sido las 287 páginas más largas de toda mi vida. Y eso que yo, sobre todo de pequeña, era una devora-libros que podía leerse una obra de 500 páginas en cuatro días, aproximadamente. Si bien es cierto que eso era en verano, sin tener otras cosas que hacer, además de tratarse de literatura de ficción juvenil contemporánea, que, sin duda, se lee mejor que cualquier otro género. Este calculo que he tardado unas dos semanas en leerlo —también hay que tener en cuenta que he tenido que compaginar su lectura con las clases y con otras tareas—.

Argumento (¿realmente lo hay?)
Se trata de una novela dialogada. Debido a esto y a otros rasgos, guarda algunas semejanzas con La Celestina, si bien esta última es infinitamente superior. De hecho —por muy pocos clásicos españoles que yo haya leído—, consideraría La Celestina una de las mejores obras españolas, mientras que La Lozana, me siento muy tentada a considerarla una de las peores. Al igual que Celestina, Lozana cuenta con ciertas nociones —más que cuestionables— de “Medicina” (muy entre comillas), Ginecología, Fitoterapia, Herbología, etc. de las que se aprovecha para timar a la gente y que la paguen por sus “remedios”. Se trata de una mujer astuta, taimada y avispada, que encandila y engaña a la gente para que le den dinero a cambio de sus servicios (tanto medicinales como sexuales). A lo largo de la obra ella admite en diversas ocasiones que se inventa muchas de las recetas que ella propone para sus “pacientes”, y que no tiene ningún escrúpulo en estafar a la gente para obtener dinero.


Me cuesta comprender qué le ven a este libro. Es aburrido, lineal, monótono, y contiene pasajes realmente obscenos. En líneas generales, cuenta la vida de una prostituta andaluza desde que se asienta en Roma. Esta mujer es Aldonza, después conocida como Lozana por su atractivo y sus maneras. Toda la obra consiste en cómo la mujer aprovecha sus malas artes para atraer a su lecho a los hombres a cambio de dinero, aunque la mayor parte de las veces no le hace falta, ya que son ellos solitos los que van hacia ella como moscas a la miel. El resto de la obra consiste en Lozana timando con remedios falsos a otras personas. YA. Las 287 páginas consisten solo en eso. Ni acción, ni suspense, ni clímax argumentativo. NADA. Lo más gentil que podría decir para describir la obra en lo referente a su contenido y acción (o más bien ausencia de ella) es que es… mmmm… veamos … costumbrista. Sí, esa me vale. Eso cuela.

Estructura externa y características formales (y si no tiene, me las invento)
Está dividida, no en capítulos, sino en mamotretos (sí, no es broma. Realmente se llaman así, yo qué queréis que le haga). 66 pesados mamotretos, de corta extensión —variable de unos a otros— pero que se hacen realmente interminables. Y cuando ya crees que te has librado de la obra al acabar el último mamotreto, ¡sorpresa!, viene una apología, una explicación, un epílogo, una carta de excomunión, una epístola de la Lozana y una digresión del autor. Juro que para poder terminar la obra tuve que levantarme y leer mientras caminaba por la casa para evitar distraerme y ponerme a pensar en otra cosa mientras leía. 


La obra es una novela dialogada, con lo cual, es muy semejante al teatro: no es más que una sucesión de intervenciones de personajes. Todo diálogo. Esa es una de las causas de que la historia sea tan difícil de seguir, ya que todo lo que ocurre tienes que suponerlo por las intervenciones orales de los personajes y por los escuetos epígrafes explicativos que preceden cada mamotreto. El autor aparece como un personaje más, pero, lejos de explicar lo que ocurre, se limita a interactuar con otros personajes dialogando. Se echa en falta un narrador que explique lo que está sucediendo, dónde se encuentran los personajes, etc. Está claro que se escribió para ser representada, pues constantemente intuyes que para poder entender ciertos pasajes necesitarías ver a los personajes realizando las acciones que el narrador no explica. Por tanto, el lector tiene que suponer lo que está pasando en ese momento solo por lo que se intuye en los diálogos. 


Tampoco se respeta en estos la coherencia temporal, en el sentido de que algunas acciones parecen haberse producido en un lapso de tiempo inverosímil. Por ejemplo, al principio de la obra la Lozana recibe unas croquetas de otros personajes. Como no hay narrador, en ningún momento el lector sospecha que ella haya empezado a comérselas hasta, que, tras una corta intervención suya, la protagonista comenta que ya se las ha terminado. Ni el lector sabía que se las estaba comiendo, ni ha dado tiempo real a que esta se las coma a la vez que habla. Toda la obra es así de incoherente y caótica. 


A la hora de comprender lo que sucede en la obra, a la ausencia del narrador típico en las novelas se suma el lenguaje. Se trata de la modalidad de castellano antiguo que debían hablar las capas bajas de la sociedad en aquel siglo. Decir que constituye un registro inculto, coloquial o informal sería quedarse sumamente corto. Emplean un lenguaje tosco, vulgar, obsceno, paleto y que llega a su grado más soez en los pasajes sexuales de la obra. Paradójicamente, aunque se cuente la vida de una prostituta, dichos pasajes sexuales son bastante escasos. 


Pero el lenguaje resulta, ante todo, tremendamente incomprensible. No exagero si digo que las vertientes más cultas, elevadas y poéticas del castellano antiguo se entienden mucho mejor que esta. El 90% del tiempo que leía la obra no era capaz de comprender qué estaba ocurriendo, qué era lo que estaban diciendo, dónde estaban, cuánto tiempo había transcurrido, etc. Era, por tanto, una lectura sumamente frustrante.




Un amplio refranero (Bueeeeno, diré algo positivo)
Lo más interesante, destacable o positivo que se me ocurre de la obra es la enorme colección de refranes populares que esta integra, algunos de los cuales son alterados por el autor para adecuarlos a las circunstancias de la trama. Por lo tanto, esta obra resulta idónea para realizar cualquier estudio paremiológico que se precie (dícese por ‘Paremiología’ la ciencia de estudia los refranes o proverbios, también llamados paremias).

Conclusión (vamos, que nos vamos)
No recomiendo su lectura por placer, evidentemente. Solo me parece pertinente y recomendable leerla en el caso de tener que realizar una investigación o trabajo acerca de la forma de expresión de los estratos más humildes de la sociedad española del siglo XVI o del refranero popular español de hace siglos.

Fuente de la imagen:
http://masterlibros.com.ar/images/sistema/libros/ampliaciones/9788470393693.jpg