viernes, 23 de julio de 2021

Biografía "Agatha Christie: un espíritu libre que se convirtió en la autora más leída de todo el mundo"

 
 
 
 
Terminé el penúltimo ejemplar de la colección Grandes Mujeres de la que dispongo. Esta vez versaba sobre la vida de la autora más traducida de todos los tiempos: Agatha Christie.

A parte de sus conocidas novelas policíacas, escribió relatos cortos y se involucró en el teatro, y uso un pseudónimo, Mary Westmacott, para escribir novelas románticas sin sentir la presión de la crítica que le depararía si las publicaba con su verdadero nombre. A nivel personal no quería encasillarse en el género policiaco aunque su nombre artístico se viera abocado a ello.

                                            

Agatha, la menor de tres hermanos, nació en 1890 en Torquay, Inglaterra, y perdió a su padre con tan solo once años de edad, lo que afectó a la economía familiar. Desde su infancia escribió diversos poemas e historias, pero era su hermana la que por aquel entonces era la narradora de la familia. En 1906 se trasladó a París para completar su formación con disciplinas que era común que una señorita de la época dominara, tales como canto, baile o piano. En esta última sobresalió notablemente hasta que abandonó por completo la idea de dedicarse a ello al comprobar que el pánico escénico la dejaba paralizada en eventos públicos. 

Un año después su madre y ella decidieron asentarse en Egipto durante un tiempo —destino que era común en las familias británicas acomodadas— para presentar a Agatha en sociedad, evento clave en la vida de una muchacha de su edad y posición. Allí participó en numerosos bailes, en los que también sobresalía por sus habilidades, y socializó con gente de su edad mientras trataba de combatir su timidez. 

En 1908, con 17 años, regresó a su hogar y, aprovechando un periodo de convalecencia por gripe, comenzó a escribir unos poemas basados en la Commedia dell’ Arte que fueron premiados económicamente y publicados en la revista The Poetry Review. También compuso vals para la orquesta de Torquay que fueron interpretados por la misma y varios relatos que se esforzó en publicar una vez recuperada, si bien eran rechazados una y otra vez. A continuación se envolvió en la escritura de su primera novela: Desierto Nevado, que sin embargo también sería rechazada.

En otro lado de los acontecimientos, en Londres conoció al amable comandante de artillería Reginald Lucy, con el que se comprometió en matrimonio. Por otra parte, la publicación de la obra El misterio del cuarto amarillo la inspiró a tomar la resolución de escribir ella misma una novela policiaca. Su hermana puso en duda sus capacidades, provocación que Agatha se tomó como un reto.

Fue en 1912 que el futuro de su vida amorosa junto a Reginald dio un giro inesperado. En un baile de sociedad conoció al carismático y confiado Archibald Christie, que quedó prendado de la joven y comenzó un periodo de cortejo en el que no parecía dispuesto a aceptar un no por respuesta. Agatha esquivó sus primeras pedidas de mano, ya que estaba prometida a otro hombre. Pero poco a poco fue sucumbiendo a los encantos de Archie y tomó la decisión más drástica que podía haber tomado y que realmente me apena. Su prometido, Reginald, realmente parecía merecer la pena, tenía siempre en cuenta sus deseos y reaccionó gentilmente cuando ella rompió el compromiso. Archie, por el contrario, aunque no parecía un mal tipo, era la clase de persona a la que no parecía importarle que en su búsqueda particular de la felicidad terceras personas pudieran salir heridas.

Poco después de que Agatha cediera y se comprometiera con él, Archie se tuvo que marchar al frente durante la Primera Guerra Mundial, en la que encontraron un hueco para casarse precipitadamente y sin preparativos en el año 1914. Como Agatha quería contribuir a la causa de algún modo, ingresó como enfermera cuidando de los soldados que volvían heridos del frente, y después en un dispensario preparando antídotos contra intoxicaciones a base de plantas. Cuando terminó la guerra y él regresó, les esperaba la sorpresa de la gestación de su única hija, Rosalind. 

Una de las pocas cosas buenas que Archie hizo por ella fue animarla a escribir. En 1920 publicó El misterioso caso de Styles, que había escrito cuatro años atrás, mediante la editorial The Bodley Head. El carácter de Archie cambió durante la guerra y empeoró notablemente mientras duró su búsqueda de trabajo, el cual tuvo que acabar abandonando en pos de una labor mucho más excitante que realizarían en pareja: recorrer todo el mundo acompañando a personalidades británicas importantes, una misión denominada Misión de la Exposición del Imperio Británico. En este viaje realizado durante gran parte del año 1922, Agatha descubriría su pasión por el surf. Cuando llegó a casa, sin embargo, su hija, que había quedado al cuidado de su hermana y su madre, apenas parecía reconocerla.

Poco después de su regreso optaron por mudarse a Sunningdale, adquiriendo una casa que estuviera lo suficientemente cerca del campo de golf, la nueva gran pasión de su marido. A pesar de que al fin estaban juntos y debería haber sido un periodo íntegramente feliz para ellos, comenzó a producirse un gran distanciamiento en la pareja. Archie parecía completamente absorto en el golf y su nuevo grupito de amigos golfistas, y solo aceptaba las propuestas de Agatha de traer a amigos a casa si estos compartían con él esta misma pasión. No parecía importar en absoluto lo que su esposa tuviera que decir al respecto, a pesar de que en gran parte él dependía económicamente de lo que ella ganaba con sus obras, algo que le hería profundamente en su orgullo.

Sin duda el momento en el que realmente comprendí el gran error que cometió Agatha al casarse con ese hombre fue cuando ella confesó que al principio de su noviazgo él admitió lo siguiente: «No sirvo para nada, recuerda, si las cosas se ponen feas. No me gusta nada la enfermedad ni la gente enferma, no soporto que la gente sea desgraciada o infeliz.» Estas crueles palabras fueron comprobadas por la pobre Agatha en sus propias carnes cuando falleció su madre Clara. De vuelta a su antiguo hogar y sin la compañía y apoyo moral de su esposo, que se hallaba de viaje de negocios por España, sobrellevó la situación como pudo hasta su regreso, una semana después, en el que él apareció como si nada ocurriera y le soltó: «¡Hola, ya estoy aquí! Bueno, tienes que animarte, aunque acabes de perder a una de las tres personas que más quieres en el mundo.»

Una vez mas, Archie volvió a marcharse y a dejarla sola con su hija mientras ella se ocupaba de poner en orden las antiguas propiedades de su madre. La soledad y el duelo hicieron mella en la salud mental de Agatha, que se debilitó hasta el punto de sufrir pérdidas de memoria. Cuando su marido regresó, en lugar de poner en marcha el plan de viajar juntos a Italia que habían previsto, este en su lugar sin miramientos le soltó que se había enamorado de otra mujer y que quería que le concediera el divorcio para poder casarse con ella. Agatha se negó, sin dar crédito a lo que oía. 

Meses después, tras una fuerte discusión entre ellos, Agatha arrancó su coche y se adentró sola en la noche. A la mañana siguente, este apareció abandonado, vacío y revuelto, y Agatha no daba señales de vida. Los medios y las autoridades hicieron un enorme eco de la noticia, pues ella ya era una autora muy reconocida y pusieron en marcha un gran despliegue de búsqueda de la autora, invirtiendo un gran dinero en la tarea. Agatha fue hallada en un hotel balnerario registrada bajo un pseudónimo y actuando con aparecente normalidad, pero sin recordar lo sucedido y confundiendo a Archie con su hermano cuando este, alertado por su desaparición, acudió a su encuentro. Agatha se encontraba completamente enajenada, pero los medios mostraron un gran enfado ante lo que ellos consideraron una simple treta publicitaria.

En 1928, Agatha accedió a firmar el divorcio y, necesitando urgentemente un cambio de aires, tomó la repentina decisón de recorrer Europa y Asia en el Orient Express. Allí visitó la excavación de los arqueólogos Leonard y Katharine Woolley en Ur, Irak, quienes la acogerían bajo su ala y le enseñarían todo lo que quisiera saber. Este viaje dejaría tan buen sabor en su boca que no dudaría en repetirlo dos años después. 

En esta ocasión conoció al encantador y servicial Max Mallowan, que le haría de guía y le explicaría todos los encantos de la ciudad. Este hombre poco a poco fue quedándose prendado de ella y no dudó en acompañarla cuando ella, herida de un esguince en el pie, trataba de regresar rápidamente a su hogar ante la noticia de que su hija se hallaba enferma. Max no escatimaría en atenciones hacia ella y finalmente le confesó su amor y le pidió matrimonio. Se casaron ese mismo año, en el que también se publicaría la primera novela romántica de Agatha bajo el pseudónimo Mary Wesmacott, Un amor sin nombre. Juntos recorrieron durante ocho años excavaciones arqueológicas de Siria e Irak, en las que Agatha adquirió grandes conocimientos e incluso perfeccionó una disciplina que nunca se le había dado bien, el dibujo.

                                      

En 1939 fue publicado el exitoso Y no quedó ninguno, más conocido como Diez negritos. La Segunda Guerra Mundial separó a la pareja durante años. Mary retomó sus tareas de ayudante en el dispensario de Torquay y Max sería reclutado en el Ministerio del Aire. Su hija Rosalind, que ya era toda una mujer, se casó con un hombre que fallecería poco después en la guerra, y dio a luz a su único hijo, Matthew.

Tras la guerra, en 1949 la pareja se estableció cerca de las excavaciones de Nimrud (Irak), donde Agatha, cuando no se encontraba completamente involucrada en esta tarea, seguía escribiendo sin descanso. Un par de años antes leyó por la radio un relato escrito para ese fin, que llamaría Tres ratones ciegos, y, en 1952, su adaptación La ratonera sería estrenada en el teatro, donde se ha seguido representando cada día ininterrumpidamente durante décadas.

                                     
 
No fue hasta sus ochenta años, en 1971, que Agatha cumpliría su sueño de infancia de ser nombrada dama del Imperio británico. Cuatro años después, decidiría publicar al final Telón, escrita muchos años atrás, en la que tomaba la arriesgada decisión de matar al personaje más importante de su carrera literaria, el detective Hércules Poirot. Agatha Christie falleció en 1976 en su casa de aquel entonces en Wallingford, acompañada en sus últimas horas por su dedicado marido Max, que estuvo cuidando de ella con tesón hasta que exhaló su último aliento.

Si la cura para las depresiones de Mary Shelley era ponerse a escribir una nueva obra, como vimos en la reseña que realicé sobre su biografía, la de Agatha era viajar. En ese sentido, podría decirse que la práctica de la escritura en el caso de Agatha no era de carácter tan vocacional como la de Mary o la de Jane Austen. Comenzó como un simple reto personal incitado por una apuesta con su hermana, y no se propuso dedicarse a ello de forma profesional hasta que se encontró en una situación económica tan delicada que necesitaba publicar más libros para poder subsistir. Aun así, a pesar de que el deseo de escribir no fuera algo que le naciera de dentro, fue enormemente prolífica y estuvo muchas décadas escribiendo una obra al año. Solo sus novelas policíacas suman un total de 66, sin contar sus 6 novelas rosas y sus múltiples relatos y dramaturgias. Realmente no sé de dónde conseguía obtener tanta inspiración y lograr que sus misterios siguieran sorprendiendo sin incurrir en la repetición.        

La impresión que me ha quedado sobre su personalidad es que se trataba de una persona aventurera y abnegada por amor pero que sabía aceptar las derrotas. Fue capaz de sobresalir en muchas disciplinas desde su infancia: el baile, el piano, la enfermería, la escritura, la arqueología… era testaruda y persistente con las cosas que le gustaban, pero, aún así, perfectamente capaz de resignarse y abandonar cualquiera de ellas si sentía que no valía para ello, sin mirar atrás. Las rutinas la hastiaban, era impulsiva y aceptaba sin problemas cambios de planes.

Comenzó como una joven muy tímida, rasgo personal contra el que luchó con gran éxito, ya que, de lo contrario, no imagino cómo una persona tímida sería capaz de tomar decisiones tan arriesgadas y temerosas como viajar sola a Oriente Próximo. Su impulsiva decisión de viajar completamente sola a Bagdad me impresionó porque me parece increíble ser capaz de hacer algo así, pero resultó ser la elección más acertada de su vida, pues descubrió una de sus grandes vocaciones, la arqueología, y también a su verdadero amor. 

Sin duda lo que más me impresionó de esta lectura fue el profundo egoísmo de su primer marido: no aceptar que ya he hallaba comprometida, no tolerar el sufrimiento ajeno, sus cambios de humor y celos por ganar menos dinero que ella, su excesiva impulsividad, su crueldad y falta de compasión y empatía ante la muerte de su madre, buscarse una amante mientras ella sobrellevaba el duelo y después pedirle el divorcio de sopetón... Sin duda debería haber seguido prometida con Reginald, que sí que parecía un buen partido. Por otra parte, fue lo suficientemente afortunada como para encontrar a Max, quien sí se mantuvo incondicional a su lado sin protestas. Eso sí, es una lástima que para la publicación de sus obras tuviera que mantener aun después de su divorcio el apellido Christie, con el que ya se había hecho conocida. Sin duda él no merecía ese reconocimiento indirecto.

Un pero que le pondría a esta biografía es que en ocasiones deja temas sin terminar de explicar y sin volver a mencionar. Por ejemplo, no vuelve a hacerse ninguna mención a la extraña desaparición de Agatha durante once días. Del mismo modo, la última referencia a su secretaria y amiga íntima Carlo es enormemente ambigüa y no volvemos a saber qué sucedió con ella. 

He de decir que la primera parte de la biografía no despertó mucho mi interés, quizá porque ya llevo leyendo varias seguidos, pero resultó tener una vida más interesante y aventurera de lo que pensaba al comenzar la lectura. Admiro su valentía, tesón y resiliencia y su capacidad de aceptar los reveses de la vida. Tenía la intención de comenzar a leer sus obras policíacas (admito que aún no he leído ninguna), pero mi propósito de leerlas en orden ha quedado descartado al enterarme de que son 66. Quizá me ciña a las más famosas. Literalmente podría morirme de vieja antes de lograr leerme una obra suya al año. Sí que he visto las adaptaciones cinematográficas de Asesinato en el Orient Express (tanto la antigua como la nueva) y La Casa Torcida, y me gustaron mucho, las recomiendo encarecidamente.

Dicho esto, tan solo me queda una biografía antes de poder pasar a otro tipo de lecturas, algo de lo que ya tengo ganas aunque ciertamente lo haya disfrutado mucho. Son realmente amenas y fáciles de leer y no ocupan mucho tiempo.

 

Fuentes imágenes:

https://www.bing.com/images/search?view=detailV2&ccid=Ro9xyH0c&id=A99F29D39FBB2FEC84C64D41B2406B90EB8329FF&thid=OIP.Ro9xyH0c9VfrkEZUO65VwAHaKL&mediaurl=https%3A%2F%2Fth.bing.com%2Fth%2Fid%2FR.468f71c87d1cf557eb9046543bae55c0%3Frik%3D%252fymD65BrQLJBTQ%26riu%3Dhttp%253a%252f%252f1.bp.blogspot.com%252f-70jLU5pIARw%252fVUdsJrathiI%252fAAAAAAAAC2o%252fHulVs-qcQs8%252fs1600%252fagatha-christie.jpg%26ehk%3D%252fHCmtAwTX0XvW7X1GkFz44SMZ3f4OV%252bDdf3KR1VUQrM%253d%26risl%3D%26pid%3DImgRaw&exph=1600&expw=1164&q=agatha+christie&simid=608004997998789889&form=IRPRST&ck=3115295F077737BB1AF84EEC294B117E&selectedindex=3&ajaxhist=0&ajaxserp=0&vt=0&sim=11


viernes, 16 de julio de 2021

¡Feliz quinto aniversario a "El Parnaso en mi bolsillo"!

 

Tenía pensado adjuntar esto como una introducción al artículo previsto para hoy, el comentario sobre la película Viuda Negra, pero he considerado que la ocasión merecía un post exclusivo.

Así, quería anunciar que hoy se cumple un lustro desde que publiqué mi primera entrada en este blog. Cuando comencé no tenía expectativas de futuro como para imaginar que cinco años después seguiría por aquí. Aunque mis estudios no siempre hayan hecho posible actualizarlo todos los meses, me siento satisfecha con la constancia que he sido capaz de mantener, así como haber seguido perpetrando la variedad de contenido, signo distintivo de este lugar.

Me siento agradecida por la existencia de la Iniciativa Seamos Seguidores, que me ha permitido congregar un número aceptable de lo que de hoy en adelante voy a bautizar como Parnasitos. Solo pediría un poco más de participación en comentarios.

Tenía pensado aprovechar este aniversario para refrescar la interfaz del blog (aunque adoro tener un fondo de mi color favorito), pero aparte de que, desde que configuré su diseño hace cinco años, he olvidado lo poco que sabía, llevo toda la mañana intentando subir como fondo una imagen que había creado especialmente para este fin y, por razones que desconozco, Blogger se empeña en ponérmela a modo de mosaico diminuto en lugar de ocupar toda la pantalla. No puede deberse a las dimensiones de la imagen, porque he probado a aumentarlas con programas online específicos y Blogger sigue sin permitirme acaparar todo el fondo con ella. Pido por favor vuestra ayuda para poder solucionarlo, ya que la mayoría de bloggers sois más diestros en informática que yo, como demuestra la maravillosa apariencia de todos vuestros blogs. Realmente me haría ilusión poder poner esa imagen ya que la he diseñado de forma que ilustre a la perfección el variado contenido de este blog.

Dicho esto, solo me queda finalizar congratulando una vez más a mi apreciada creación: ¡Feliz quinto aniversario a El Parnaso en mi bolsillo!

sábado, 10 de julio de 2021

Biografía: "Jane Austen: una escritora inconformista y rebelde en su vida y en su obra"

Terminé la tercera de las biografías de la colección Grandes Mujeres, esta vez sobre Jane Austen, autora que me ha interesado desde mi adolescencia, cuando leí Orgullo y Prejuicio. A pesar de tener alguna otra de sus novelas desde hace años no he empezado aún con ellas, pero tengo previsto solucionar eso más pronto que tarde, si no vuelvo a procrastinar como hago siempre.

Jane Austen (1775-1817) fue una novelista británica cuyas obras se caracterizaban por una sagaz e irónica mirada costumbrista sobre las relaciones sociales de su época. Nació en la rectoría de Stevenson, ubicada en Hampshire. Pertenecía a una familia burguesa agraria constituida por George y Cassandra Austen y sus ocho hijos. Recibían ingresos suplementarios de impartir clases en la rectoría. Fue educada en casa hasta que la enviaron en 1783 junto a su única hermana mujer, Cassandra, a la escuela de la señora Cawley en Southampton, donde ambas enfermaron de tifus debido a las penosas condiciones en las que la regente mantenía a sus alumnas. En 1785 acudirían al internado Abbey School de Reading (Berkshire), donde tampoco durarían mucho, esta vez por falta de ingresos para costear la escuela. Durante su crianza en su casa de Steventon, Jane era una lectora devota y participaba junto a su familia en representaciones teatrales en su hogar. A partir de 1787 Jane Austen comenzó a redactar su Juvenilia, que contenía parodias de obras literarias famosas en la época. Entre 1794 y 1798 comenzaría los borradores de Lady Susan, Sentido y sensibilidad, Orgullo y prejuicio y La abadía de Northanger, que no terminaría hasta muchos años después.

He de admitir que su vida no me ha resultado tan interesante y compleja como la de Mary Shelley o Hedy Lamarr, en parte debido a lo poco que aconteció en ella y en parte debido a su cortísima extensión, pues la pobre mujer falleció con tan solo 41 años.

Algunos pueden considerar que además de corta, su vida fue deprimente, pero realmente yo no lo veo así, sobre todo si la comparamos con la mala fortuna que tuvo la pobre Mary Shelley, por ejemplo.

Su vida básicamente consistió en cambiar frecuentemente de lugar de residencia para ajustarse al apretado presupuesto familiar, escribir con la escasa tranquilidad y privacidad de quien comparte hogar con otros familiares, disfrutar de charlas cómplices con su hermana y atender a otros parientes o conocidos que necesitasen su ayuda.

Independientemente de que nunca encontrara el verdadero amor como sí lograban sus personajes y que no viviera en la tranquilidad que ofrece una cuantiosa fortuna; sí cumplió su mayor sueño: dedicar su vida a la literatura y ser reconocida por su trabajo —aunque fuera a través de un pseudónimo para mantener a salvo su identidad real—. No contrajo matrimonio ni tuvo hijos —cosa que me enorgullece enormemente de ella—, no porque no tuviera la oportunidad, sino porque ella lo eligió así. Peticiones de matrimonio tuvo, pero se mantuvo fiel a sus principios y fue muy consecuente con sus ideas contrarias a los matrimonios por conveniencia en los que no existía amor de por medio.

Sí es cierto que no tuvo fácil cumplir su sueño de ser escritora. Su familia contaba con los ingresos justos, si bien podían vivir con suficiente comodidad. Eso sin olvidar que por el camino se cruzó con gente que trató de aprovecharse de su trabajo. Vendió los derechos de La abadía de Northanger al editor Benjamin Crosby por 10 libras y este se quedó en poder de la obra sin acceder a publicarla, hasta que, muchos años después, cuando ya era una escritora consagrada, Jane pagó por su devolución.

Además de estas dificultades, en 1801 se trasladaron a Bath, por lo que tuvo que renunciar a su adorado hogar, la casa en la que había crecido y había vivido feliz las primeras décadas de su vida. Eso y la muerte de su padre en 1805 —al que se hallaba mucho más unida que a su madre— seguramente fueron las peores pérdidas para ella. Un año después, la familia se trasladaría a Southampton. En 1810 vendió los derechos de Sentido y sensibilidad al editor Thomas Egerton, que se publicaría anónimamente un año después. Tras el éxito cosechado por esta obra, Jane le vendió por 150 libras los derechos de Orgullo y prejuicio, que sería publicado en 1813; y, en 1814, Mansfield Park. En 1815 se publica Emma por la editorial de John Murray, que le obligó a incluir una dedicatoria al príncipe regente.

En 1816 empiezan los primeros achaques derivados de la enfermedad que acabaría con su vida un año después. Recibe unas curas en saunas, lo que inspira su obra Sanditon, que nunca llegó a terminar. Persuasión y La abadía de Northanger son publicados tras su muerte y con ellas su hermano Henry Austen desvela por fin su identidad.

Leyendo su biografía se desvelan las fuentes de inspiración que tomó como referencia para la elaboración de algunos de los personajes de sus novelas, —desde familiares suyos hasta conocidos o amigos de la familia—, y para sucesos que acontecen en las obras, como las pedidas de matrimonio fallidas.

Lo que más me ha gustado de ella sin duda es su fina ironía y sarcástico sentido del humor, ya no en sus novelas, sino en su vida cotidiana, como refleja la correspondencia personal que intercambiaba con sus familiares más cercanos. Resulta extraño leer comentarios tan cínicos y deliciosamente divertidos en una mujer perteneciente a una sociedad que condenaba cualquier muestra de sagacidad y humor inapropiado que proviniera del sexo femenino. De hecho, la biografía apunta claramente cómo se esperaba de las mujeres que ocultasen cualquier signo de inteligencia que pudiese contrariar o molestar a los hombres con los que trataran. No fuera a ser que quedara en evidencia que su intelecto no estaba a la altura de una mujer o que esta no pareciera tan ignorante como se esperaba de ella…

Dicho esto, me sorprende especialmente que lograra ser reconocida en vida por su trabajo y que se evaluara positivamente su producción literaria, si bien, como no, tuvo que firmar todas sus obras sin mencionar su verdadero nombre, simplemente como “una dama”, pues no estaba bien visto que una mujer conocida por sus vecinos trabajase y mucho menos como escritora. No fue hasta su muerte que uno de sus hermanos reveló la identidad de la extraordinaria autora de las seis novelas que logró terminar antes de su pronta muerte, cuya causa extrañamente no es especificada en esta biografía, que se limita a explicar que padecía dolores y dificultades de movilidad desde un par de años antes de esa fecha. Me pregunto si tendría alguna relación con la severa enfermedad que padeció en su niñez, a pesar de que pareció recuperarse por completo de ella.

Esta falta de explicaciones necesarias es quizá lo que he echado en falta, porque al comienzo del libro también se nos menciona que tras su muerte su adorada hermana Cassandra quemó algunas de sus cartas y en ningún momento se nos llega a explicar el por qué. Tampoco recuerdo a ver leído el momento y causa de fallecimiento de su madre, quizá porque esta la sobrevivió.

Algo en lo que la biografía reincide de vez en cuando es que la imagen que sus hermanos trataron de ofrecer de ella dista un tanto de la esencia real que se refleja en su correspondencia personal. Era una persona mucho más astuta y ambiciosa de lo que admitían. Pero quizá simplemente se debiera a que trataban de proteger su memoria adjudicándole las cualidades que se presuponían mejores o más elogiables en una mujer por aquel entonces.

A pesar de que su vida no sea tan entretenida e interesante como la de otras grandes mujeres, nunca está de más informarse acerca de la autora que dio vida a algunas de las novelas de corte costumbrista más importantes que han existido y cuyo nombre merece ser escrito al lado del otro referente de la literatura inglesa, el mismísimo William Shakespeare. Además, siempre se aprenden cosas que hasta el momento se desconocían sobre la persona acerca de la cual se está leyendo. Yo, por ejemplo, ahora sé que comenzó a escribir una historia basada en sus constantes visitas a la sauna a la que asistía para intentar curarse, pero que nunca llegó a terminarla debido a los acuciantes dolores de los años finales de su vida que la obligaron aparcar su pluma para siempre. También he aprendido que escribió en su adolescencia divertidas parodias sobre sucesos y personajes históricos, a las que sin duda voy a intentar echar mano para reírme un rato.