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domingo, 19 de febrero de 2023

Lecturas de Laura Gallego

Yo descubrí a Laura Gallego García gracias a la maravillosa saga de Memorias de Idhún, que me fue recomendada por una amiga de aquel entonces. Me gustó tanto que cada vez que ella me hablaba de otro libro suyo que se había leído, me apresuraba a intentar conseguirlo para leerlo.

Como ya sabréis los que leéis este blog, releí Memorias de Idhún (a partir de ahora escribiré “MDI” para abreviar) hace un par de años y volvió a encantarme. Eso me llevó a considerar el empezar poco a poco a leer todo lo que Laura Gallego ha escrito. Yo soy mucho de seguir el orden de publicación pero, en este caso, ¿para qué empezar por libros que no poseo si ya tengo algunos? Así, me propuse empezar por releer los otros tres libros suyos que tengo en mi colección. Después, haré una pausa prolongada para no empacharme y ya continuaré con los que no tengo en un futuro.

Estos son los tres libros suyos que tengo desde mi adolescencia y que he releído en las últimas semanas:

Finis Mundi (6/10): han pasado muchos años por lo que no lo recuerdo con claridad, pero supongo que tras leer MDI, mi amiga me hablaría de cuál había sido el primer libro que Laura había escrito, Finis Mundi. Creo que sí que lo leí en aquel entonces y me dejó completamente fría. De hecho, no recordaba absolutamente nada sobre él. Ahora que he decidido volver a leerlo, sin muchas expectativas, ha vuelto a pasar sin pena ni gloria por mí, aunque admito que sus componentes históricos despiertan ahora más interés en mí de lo que tenían potencial para hacerlo en el pasado.

Narra la historia de Marcus, un monje de la Orden de Cluny al que, en el año 997, le acaban de quemar el monasterio y que merodea errante por Francia mientras trata de llevar a cabo una misión que él mismo se ha agenciado: encontrar tres ejes mágicos que evitarán la llegada del Juicio Final al llegar el año 1000, lo que renovará la oportunidad de la que goza la humanidad de demostrar su valía durante 1000 años más. En esta peligrosa empresa, que les llevará por los actuales países de Francia, España y Reino Unido (aunque evidentemente en aquella épica no recibían ese nombre) contará con la inestimable ayuda del leal juglar Mattius (y su perro, también de lo más útil), sin el cual, honestamente, Marcus no hubiera durado ni dos telediarios.

Es comprensible que no sea una de sus obras más fuertes, al fin y al cabo, es la primera que publicó, primera dentro de la que ahora es una extensísima producción literaria. Aún así, se nota a la legua la ingente labor de documentación e investigación que llevó a cabo para escribirla, su formación histórica está claramente acusada.

Es una novela que, a pesar de la completísima labor investigadora que se aprecia detrás y de la filosófica moraleja que trata de inculcar en sus lectores, no deja ningún tipo de marca ni impresión reseñable, y dicha moraleja está excesivamente manida, sobreexplotada y trillada, es demasiado utópica y cursi como para tomarla realmente en serio.

No llegué a cogerle cariño a ningún personaje pues no se aprecia un desarrollo o una profundización notable en ninguno de ellos, pero, si tuviera que escoger un favorito, probablemente sería Mattius.

La Emperatriz de los Etéreos (8’5/10): recuerdo haberlo leído en su momento y que me gustó bastante. Al contrario que en los otros casos, esta vez o bien me lo prestó mi ex amiga o bien lo leí por la biblioteca, y, como me gustó, pedí que me lo regalaran para tenerlo yo. Desde entonces no volví a leerlo hasta ahora. Evidentemente, era al que más ganas le tenía de los tres, y no me ha decepcionado en absoluto. De hecho, lo que estoy a punto de explicar es bastante elocuente por sí mismo.

A pesar de que yo de pequeña y adolescente me ventilaba libros bastante gordos en muy pocos días e incluso en uno solo, eso era, en parte, porque no tenía otras ocupaciones con que compaginar la lectura. Podía parar de leer solo para comer y dormir. Cuando me hice adulta, ya prácticamente nunca podía permitirme no hacer otra cosa en todo el día que no fuera leer, y esa era la mayor razón para que leerme un libro que en el pasado me hubiera llevado solo horas me llevara, en su lugar, días o incluso semanas. Bien, pues esta relectura de La Emperatriz de los Etéreos, que consta de 312 páginas me ha llevado… Solo un día. Me impresionó porque hace años que no ocurre eso. No recuerdo cuál fue la última novela que fue capaz de terminarme en un solo día (subrayo “novela” pues, evidentemente, mangas y comics no cuentan porque se pueden leer de una sola sentada sin enterarte). Empecé con él por la mañana de un domingo y lo terminé por la noche ¡e incluso me dio tiempo a hacer otras cosas durante el día como ayudar a hacer la comida o hacer algo de ejercicio!

Es un page-turner en toda regla. Extremadamente ameno, rápido y fácil de leer. No se hace absolutamente nada denso y pesado en ningún momento, y eso que el número de personajes es sumamente reducido y que ni siquiera hay escenas de romance para amenizar (que para mí tienen una importancia fundamental). No se necesitan. De hecho, hubieran sido inviables por razones que entenderéis si leéis la obra.

Al contrario que en el anterior, en este Laura no hace gala de amplios conocimientos históricos, pues se trata de una novela de fantasía distópica que pinta un futuro en el que el sol se ha consumido casi por completo y la tierra ha quedado sumida en un durísimo invierno entero, y en el que existe la leyenda de una emperatriz que habita más allá de las montañas y que atrae a ciertas personas a su presencia. Todo el que se dirige en su búsqueda, nunca vuelve. Por tanto, al contrario que en Finis Mundi, aquí Laura ha de inventar, no describir el pasado. Esto puede resultar más o menos complicado que ceñirse a la realidad dependiendo de la complejidad del mundo que crees. En este caso, el world building, si es que llega a existir tal, es tremendamente sencillo y simple, nada a la altura de MDI, ni por asomo. Sin embargo, no se necesita más para contar esta entretenidísima historia sobre una chica llamada Bipa que abandona la seguridad de su cálido hogar para adentrarse en lo desconocido en busca de un chico llamado Aer que ni siquiera le cae bien.

Lo cierto es que al principio Bipa me parecía una puñetera borde y me daba rabia su falta de tacto y cómo trataba al pobre Aer, pero, a lo largo de la historia, fui simpatizando con ella y cada vez me hacía más gracia la brusca y mordaz forma en la que respondía a todo el mundo, mientras que Aer comenzó a parecerme un egoísta atolondrado, más preocupado de cumplir una fantasía que de garantizar la felicidad de su madre. Mi personaje favorito era Nevado por lo achuchable e incondicional que era y porque demostraba que no se necesita hacer o decir mucho para ser capaz de demostrar mucho más. [SPOILER: Por eso, no hace falta decir qué escena me disgustó más y me hizo derramar lágrimas]. También sentí simpatía por Lumen, por ser casi el único que fue amable y que prestó su ayuda a Bipa en su viaje, y el único que conservaba algo de juicio y no parecía estar como un cencerro.

Honestamente, la declaración de amor de este libro es de las menos románticas pero de las más graciosas que he leído nunca, a la altura de lo que se espera del personaje en cuestión. He de decir que dicha declaración era lo único que me resultaba familiar de haber leído con anterioridad y que incluso recordaba muy vagamente.

Además, se puede extraer un mensaje de la obra que yo de adolescente no fui capaz de captar: el de ser fiel a ti mismo por encima de todo y no permitir que nada ni nada te cambie o te haga sentir que vales menos que los demás. Eso es lo que encarna Bipa.

Dos velas para el diablo (7/10): no sabría explicar bien por qué, pero no guardaba una buena opinión sobre este libro e incluso le tenía un poco de manía, a pesar de no recordar nada sobre él. Ni siquiera estoy segura de haber llegado a leerlo entero, pues en esta relectura solo me resultaba familiar el comienzo de la historia. ¿Quizá porque los temas que se vinculan de alguna manera u otra con la religión siempre me han causado rechazo? No lo sé.

No creo que solo estos prejuicios hayan jugado en contra si os digo que se me ha hecho un poco pesadito en ocasiones. La mitología tampoco está muy desarrollada en este caso y Laura inventa sobre una base de mitos ya existente y bien documentada (pero sin llegar a profundizar tanto en Historia como Finis Mundi), pero a veces costaba seguir el hilo de las explicaciones sobre tanto ángel y demonio y sobre su lucha ancestral. En sí, la novela no me ha disgustado tanto como pensaba y en términos generales me ha gustado, conservo mejor opinión sobre él ahora, pero no es ninguna maravilla ni es de los libros que yo recomendaría de esta autora.

La novela está narrada en primera persona por Cat, una adolescente cuyo padre acaba de ser asesinado y se queda completamente sola y desamparada, sin hogar al que regresar pues llevaban una vida errante. Su padre era un ángel y ella era consciente de ello, por lo que emprende la peligrosa empresa de encontrar al demonio que le mató para poder vengarse de él. Lo curioso es que es el propio bando enemigo el más dispuesto a ayudar, mientras que los ángeles le dan la espalda.

La actitud contestona y chulesca de Cat me causó rechazo desde el principio (los personajes bordes me pueden caer muy buen o muy mal, dependiendo de muchas razones). Se me hacía cuesta arriba la narración porque encima se intentaba hacer la graciosilla pero a mí no me parecía que sus reflexiones tuvieran ninguna gracia. Sin embargo poco a poco me fui acostumbrando a su personalidad y empecé a ver con mejores ojos su ferocidad y mordacidad. Un poco parecido a como me pasó con Bipa, solo que Cat resulta mucho más cargante.

Además, carece por completo de sentido común y de prudencia, algo que siempre me ha exasperado. Me revientan los personajes que no hacen caso a los consejos que les hacen por su propia seguridad y que se meten en la boca del lobo por su propia voluntad. Una cosa es ser valiente y otra ser gilipollas.

A Angelo lo vi venir casi desde que apareció. La relación que se establece entre ellos resulta enormemente predecible, pero no así su desenlace. Quizá sea el personaje que mejor me cayó pero, sin embargo, no despertó en mí la devoción y fascinación que suelen ejercer sobre mí los intereses masculinos de las protagonistas. Le hacía falta algo más de personalidad, credibilidad, calidez y carisma.

[SPOILERS: He de decir que no me esperaba la repentina muerte de Cat pero se la buscó ella solita por subnormal. Yo recelé de ese falso ángel desde el principio ¿y ella se marcha sin siquiera dejarle una nota a Angelo que sí que la había ayudado con anterioridad?

El final me resultó un tanto decepcionante y agridulce. La relación romántica de Cat y Angelo nunca llegó a tener si quiera un comienzo. Ni un beso, ni una declaración recíproca y como Dios manda, ni la seguridad de un futuro juntos. Aunque fuera forzado o poco creíble, conservaba la esperanza de que pudieran devolver a Cat a la vida como recompensa por su ayuda prestada. Además, ese asunto de la reencarnación nunca me ha convencido lo más mínimo y no me gusta que se recurra a ella. Son en gran parte tus recuerdos y vivencias lo que te hacen ser quién eres. ¿Realmente Angelo se tomaría la molestia de volver a buscarla si él no puede saber en quién se va a reencarnar o dónde? ¿Cómo retomaría el contacto con ella? ¿Cómo conseguiría que ella volviera a enamorarse de él careciendo esta vez de todo recuerdo sobre su vida pasada? FIN SPOILERS]

En definitiva, he disfrutado de estas relecturas aunque no por igual. Desde luego, de esta autora por el momento yo recomendaría leer su mejor obra, Memorias de Idhún, para los lectores más ambiciosos y que gusten de una fantasía compleja y muy trabajada y de relaciones poco convencionales. También recomendaría muchísimo La Emperatriz de los Etéreos incluso como un primer contacto con la autora, sobre todo para aquellos que prefieran novelas muy amenas y más sencillas que se leen de un tirón.

 

viernes, 10 de junio de 2022

Lecturas de Mayo

Mi propósito de leerme seguidas las seis novelas de Jane Austen se vio interrumpido por un par de circunstancias. En primer lugar, la noticia de que un importantísimo examen que tenía pendiente iba a tener lugar en tan solo un mes, y, en segundo, que unos libros que había tomado prestados de la biblioteca ya no podían ser renovados más veces y tenía que leerlos sin más dilación para que me diera tiempo a devolverlos antes de la fecha límite.

Ello me obligó, a mi gran pesar, a terminarme cuanto antes Mansfield Park de Jane Austen (que encima es enorme) y dejar la lectura de las dos novelas suyas que aún me quedaban por leer para cuando ya hubiese realizado mi examen, y en su lugar buscar un tiempo del que realmente no disponía —entre rato de estudio y rato de estudio— para leerme esos libros que me corrían más prisa.

Por primera vez, he optado por hacer una reseña conjunta de todos ellos porque realmente no tengo tanto que decir sobre ellos como para dedicarles una entrada de blog a cada uno. Mansfield Park no lo incluyo aquí ya que hace semanas subí una reseña exclusivamente sobre él.

 

La Constitución explicada a mis nietas (2018), de Javier Pérez Royo: este, como ya intuiréis, no lo leí por gusto. Para la gran mayoría de oposiciones te piden prepararte algunos títulos de la Constitución —curiosamente no para las que justo ahora estaba preparando, pero eso no me disuadió—, por lo que llevaba un tiempo buscando algún ejemplar que a ser posible la hiciese un poco más amena y entretenida. Poco antes ya me había leído con gran esfuerzo y hastío un ejemplar de La Constitución española de 1978 que reproducía esta tal cual, sin resúmenes ni explicaciones complementarias que facilitaran su lectura. Visto lo visto, opté por probar con esta otra que yo esperaba que fuera una versión de nuestra constitución explicada con lenguaje ameno y sencillo. No resultó ser exactamente así, pero aun así no fue una mala lectura.

El problema es que el autor se ocupa más de explicar los antecedentes históricos que hicieron necesaria una constitución que la Constitución española en sí. Y de esta última tan solo explica realmente el preámbulo, el título preliminar y el primer título. No obstante, es bastante ameno y breve, su lectura tan solo me llevó un par de ratos y desde luego no constituye una pérdida de tiempo teniendo en cuenta lo frecuente que es su inclusión en los temarios de oposiciones. Eso sí, acabo de encontrar en mi propia casa un par de ejemplares de la Constitución explicada para niños y me he sentido realmente tonta por haberme molestado en ir a una biblioteca a por uno y leerlo con prisas sin molestarme en buscar primero en mi habitación.

 

#soyidhunita: el fenómeno de Memorias de Idhún desde sus orígenes hasta hoy (2015), de El Cronista de Salem: maravilloso. Lo volveré a leer seguro. Para los que no estén puestos en el tema,idhunita” es el apelativo que designa a los que somos fans de la saga Memorias de Idhún, que si aún no os la habéis leído no sé que estáis haciendo con vuestras vidas. Esta considerada el equivalente español a Harry Potter en cuanto a saga de fantasía juvenil que supuso un éxito inmediato y el encumbramiento definitivo de su autora. Yo no sabía de la existencia de este librito conmemorativo hasta que me topé con él en la biblioteca, y evidentemente, no iba a dejarlo allí. Eso sí, me ha tocado leérmelo deprisa y corriendo el mismo día anterior al último día que tenía de plazo para devolverlo. Me pegué el atracón y lo leí en tres horas y media seguidas, sin pausas.

Es muy muy ameno y entretenido y realmente interesante y valioso para todo fan de la saga. Yo diría incluso indispensable para cualquiera que se considere “idhunita”. El libro, básicamente, abarca desde las influencias tempranas que Laura Gallego recibió por medio de libros o películas para ir formando en su cabeza en mundo de Idhún desde su adolescencia, pasando por las circunstancias editoriales que hicieron pertinente que se pusiera por fin manos a la obra para dar forma a esa idea que llevaba tantos años germinando en su cabeza, hasta llegar a la impactante respuesta del público y todos los derivados que vieron la luz a raíz de este éxito: las quedadas de “idhunitas” en Madrid, las agendas de curso escolar, las nuevas ediciones, la enciclopedia que conmemoraba su décimo aniversario, la serie de animación, etc.

El libro incluye incluso fotografías de páginas del diario de Laura, de la interfaz de la primitiva primera página web sobre Idhún cuando internet aún se estaba introduciendo en nuestras vidas, de tweets más o menos recientes de fans que se estaban releyendo la saga o la estaban descubriendo por primera vez… La verdad es que el contenido es impagable. El Cronista de Salem (Pablo C. Reyna) hizo una labor encomiable y tuvo la suerte de trabajar codo con codo con la propia Laura para la elaboración de la Enciclopedia de 2014. ¡Qué afortunado! Me pregunto qué será lo que nos depare el vigésimo aniversario de la saga, esperemos que no hayan terminado las sorpresas.

Para quienes no lo hayan hecho, recomiendo que le echéis un vistazo a la reseña que hice hace unos meses sobre mi relectura de Memorias de Idhún. Es una saga que todos deberían leer al menos una vez en su vida. 

 

Mentiras históricas comúnmente creídas (1997), de José Luis Vila-San-Juan: este libro lo encontré enormemente rebajado en el Día del Libro y decidí comprarlo para mi tío y leerlo antes de dárselo. Desafortunadamente, no me dio tiempo a llegar ni a la mitad antes de su cumpleaños pero él se ofreció a volvérmelo a prestar y yo acepté confiando en que entre tanto estudiar encontraría un hueco para terminarlo. Craso error. No he podido proseguir con él hasta una vez realizado el examen y he de decir que no ha sido una lectura de la que haya disfrutado.

No soy precisamente una amante de la historia pero sí que me gusta aprender de todo y pensé que este libro sería una buena manera ya que la premisa era interesante. No solo no es muy largo y cada capítulo trata sobre un episodio completamente diferente de la historia de la humanidad —lo que debería contribuir a que no se haga tan monótono y pesado— si no que el hecho de que se ocupe de desmentir creencias muy arraigadas y repetidas por todos no deja de ser algo atrayente. Sin embargo, el autor fracasa en su propósito de enfocar esta tarea de una manera divulgativa y asequible para todos. En su empeño por no engrosar el tamaño del libro extendiéndose en exceso en cada pasaje histórico que aborda, termina por condesar en cada capítulo tal ingente cantidad de personajes, datos, referencias y sucesos que mi cabeza terminaba por explotar. Me veía a mi misma releyendo una y otra vez los mismos párrafos tratando de seguir el hilo de lo que se estaba contando y fracasando estrepitosamente. Llegaba un momento en el que ya no sabía quién era Pepito, quién era Juanito, con quién estaban emparentados o qué habían hecho con sus vidas para que yo en ese momento me encontrara leyendo sobre ellos. Que yo tenga carrera y máster no quita para que siempre haya repudiado las lecturas densas, complejas y que te exigen un gran esfuerzo intelectual. Lo que busco cuando leo es precisamente desconectar de todo eso, divertirme.

A pesar de ser yo una lectura sumamente maniática que odia dejar libros sin terminar o no respetar una lectura lineal de los mismos, con este terminé por saltarme páginas o incluso capítulos enteros, leer otros en desorden o hacer lecturas superficiales de partes que sabría que si no tendría que releer quinientas veces para comprender bien. Algo inaudito en mí de lo que no estoy nada orgullosa. Para colmo, aunque no me enterara de la explicación contextual de por qué determinada asunción histórica era falsa, pretendía enterarme —qué menos— de una manera sucinta y lacónica de la razón principal de por qué no lo era. Más que nada por si algún día en alguna conversación salía ese tema de conversación, que pudiese intervenir y desmentir esa creencia errónea con argumentos sólidos. Pues ni por asomo. Leer el libro —o más bien haber hecho el intento de leerlo—, me ha dejado tan poco informada históricamente como lo estaba antes. Aunque me parece muy bien que el autor se extienda en cada explicación y la desarrolle con todo lujo de detalles, yo he echado en falta que al final de cada capítulo lo resumiera en pocas líneas a modo de conclusión esclarecedora y aclaratoria.

Evidentemente, también dependía mucho del tema que se abordara en el capítulo en cuestión. A mí los únicos periodos históricos que alguna vez me han interesado son la Antigüedad y el Renacimiento, el resto me resulta infumable. Por ello, leer los capítulos sobre por qué era mentira que Cleopatra hubiese muerto por la picadura de un áspid o que los siete sabios de la Antigua Grecia no eran realmente siete me resultaba muchísimo más interesante y entretenido de leer que el que Nicolás II no hubiese sido el último zar de Rusia o que Lenin no fuera quien fundó el soviet, que inevitablemente se me hacía bola y era incapaz de enterarme de lo que estaba leyendo.

No es en absoluto un mal libro y para aquellos que quieran aprender de historia y que no tengan problema en gestionar este tipo de lecturas se la recomendaría, pero desde luego no era el momento para mí, y menos estando inmersa en la preparación de un examen asimismo tedioso.

 

Como conclusión diré que acabo de darme cuenta que las tres lecturas son de autores españoles y eso no es algo particularmente habitual en mí, más acostumbrada a leer traducciones de obras de autores extranjeros. 

 

Fuentes de las imágenes: Casa del libro y Goodreads

domingo, 14 de noviembre de 2021

Relectura de la saga "Memorias de Idhún" (2004-2006)

Al fin me examiné y pude retomar mi relectura de sagas de fantasía de mi adolescencia, tópico que ha ocupado mis dos últimas reseñas. En este caso me tocaba aquella a la que le tenía más ganas, Memorias de Idhún de Laura Gallego, que es oficialmente la primera saga que me arrojó de lleno en la lectura, aunque había sido una gran lectora toda mi infancia.

Recuerdo con muchísimo cariño esta saga, que fue la primera en obsesionarme hasta el punto de que sus protagonistas me acompañaban mentalmente allá donde iba y en motivarme a releer de vez en cuando mis fragmentos favoritos. Esto también me sucedería posteriormente con otras de mis sagas clave como Crepúsculo o Crónicas vampíricas, pero Memorias de Idhún constituyó el pistoletazo de salida a todo ello. No obstante, al contrario que las otras dos sagas mencionadas, nunca volví a releer enteros los tres volúmenes. No hasta ahora.

Que yo recuerde, fue la primera saga que leí en la que se planteaba un triángulo amoroso en el que, como es habitual, la chica ocupa el centro y es cortejada por dos chicos. No obstante, mientras que con otras siempre he tenido absolutamente clarísimo a cuál de los dos debía escoger la chica si no quería desatar mi ira (Bella a Edward, Elena a Stefan, Katniss a Peeta, Clary a Jace, America a Maxon…) en este nunca estuve del todo segura, a pesar de que sí que sentía una debilidad especial por el misterioso, frío y peligroso Kirtash (y no me malinterpretéis, generalmente soy más favorable a los buenos chicos que a los chicos malos, pero es que Kirtash es absolutamente irresistible). Quizá por eso la forma en la que la autora decidió “resolver” este triángulo no me parece del todo mala. Ya hablaremos de ello más tarde porque si hay algo novedoso que separa a esta saga de otras con triángulo amoroso es la peculiar forma en la que este es gestionado, para nada convencional. No hace falta decir que vais a encontrar spoilers en este artículo. Solo avisaré por adelantado de los más graves.

Así pues, Kirtash fue quizás el primer personaje de libro del que me enamoré y fangirleé. No fue un amor tan fuerte, poderoso y duradero como el que he sentido por otros, eso sí. Pero Kirtash ejercía una fascinación considerable en mí. Un asesino despiadado, letal, esbelto, rápido y sigiloso como una pantera, con una siempre deseable melena castaña que enmarca unas facciones delicadas de rostro imperturbable e inexpresivo y unos ojazos azules pero fríos como el hielo que pueden penetrar en tu mente y leerla o, directamente, matarte. Pero que ama con pasión e intensidad hasta el punto de dar la espalda a sus ideales (por otra parte, más que cuestionables) y enfrentarse a su poderoso padre por proteger a la mujer que ama, y por ella también capaz de aliarse con el otro bando a pesar de que le detestan y no confían en él. No hay que equivocarse, Kirtash no cambia su forma de ser por Victoria. Sigue siendo un chico malo capaz de hacer cosas horribles. Lo que cambia en él es que por primera vez alguien constituye para él una razón para no hacerlas.

Uno de los puntos fuertes y novedosos de esta saga es, sin duda, la gestión que se hace del triángulo amoroso. Victoria no se pasa toda la saga dudando entre los dos chicos hasta que al final se decanta por uno como ocurre en casi todas las obras, sino que ella, con ayuda de uno de los chicos, que sin duda es muy abierto de mente en este aspecto, comprende rápidamente que su corazón nunca podrá elegir entre ambos y que no tiene por qué renunciar a una mitad de su alma porque los convencionalismos amorosos establezcan que se ha de vivir en monogamia. Recordemos que esta saga es de principios de este siglo. Sin duda Laura fue una auténtica visionaria al abordar un asunto como el poliamor o las relaciones abiertas —aunque nunca sean designadas con este nombre en el transcurso de la historia— en una época en la que esto todavía estaba mal visto y no era socialmente aceptado. Además, la forma en la que te explica los sentimientos de Victoria te hace entenderla a la perfección y rogar porque, en efecto, no renuncie a ninguno de ellos y se ate de igual forma a ambos, [SPOILER: llegando al punto de formar una familia de cinco miembros al haber concebido un hijo de cada uno de ellos]. Es hermosa la forma en la que se combinan dos historias de amor de carácter casi épico o legendario: una por estar prácticamente predestinada desde antes de nacer y otra justamente por lo contrario, por desbaratar lo considerado ético en ese mundo y luchar por su amor prohibido con todo lo que tienen.

No recuerdo exactamente qué opinión despertaba en mí de adolescente el hecho de que Victoria no eligiera entre Christian y Jack, pero no me suena que me pareciera del todo mal, quizá porque yo misma dudo entre ellos. Años después, sí que me encontraba a mí misma pensando que Victoria era un poco aprovechada y egoísta y que actuaba injustamente al no elegir entre ellos. No obstante, ahora, al haber refrescado mi memoria con esta relectura, me he dado cuenta de que entiendo a Victoria y que tampoco hay nada que reprocharle si a ambos chicos les parecía bien compartirla (bueno, en el caso de Jack más o menos). Los celos de Jack son razonables, mientras que Christian es extrañamente tolerante con la relación de Victoria con Jack, aunque egoísta respecto a convivir con ella. No acabo de entender por qué necesita desaparecer de la vida de su amada durante prolongados períodos de tiempo, por mucho que su esencia de shek prefiera la soledad. Debería entender lo doloroso que es para ella tener que soportar esas ausencias.

De esta saga me acordaba de muchas más cosas antes de releerla en comparación con las dos de mis dos reseñas anteriores, en parte por la citada relectura de mis partes favoritas en mi adolescencia. Durante la propia relectura también fui recordando más escenas a mayores que estaban próximas a suceder, por lo que realmente pocos acontecimientos me pillaban por sorpresa, si bien la idea que guardaba sobre ellos era sumamente vaga y nada detallada. Según leía también me iban sonando escenas o las iba recordando justo antes de que sucedieran.

 

Memorias de Idhún: La resitencia

El primero me ha vuelto a gustar muchísimo y a engancharme como en aquel entonces. No me ha defraudado lo más mínimo. Mucha gente se empeña en decir que releer libros que te gustaron en tu infancia o adolescencia no es buena idea porque en muchos casos te llevas un chasco y ya no te llenan como lo hicieron entonces, pero nada más lejos de la realidad. Ha sido sin duda uno de esos casos en los que vuelves a sentir lo mismo que sentiste entonces (incluso puede que más fuerte), porque a fin de cuentas, yo no he cambiado mucho como persona ni mis gustos literarios lo han hecho.

La personalidad de Victoria me gustó más en la primera parte de La Resistencia que en la segunda, donde estaba excesivamente borde y cortante con Jack, muy a la defensiva. Por suerte, su carácter se suavizó en los siguientes libros y solo lo sacaba cuando realmente debía hacerlo, como cuando defendía a Christian de Alsan y de Jack en el tercer libro.

Algo que no recordaba es que en el primer volumen parece quedar muy claro que es Jack, y no Victoria, el protagonista de la historia. Sin embargo, esto empieza a desdibujarse en la segunda parte y aún más en los siguientes libros, donde su papel no destaca más que el de Victoria o Christian en absoluto.

No había ningún personaje que me molestara o le tuviera manía en el primer volumen, si bien no me gustan los arrebatos de rabia e impulsividad de Jack en su primera mitad. He de decir que no me agrada que Victoria se creyera con derecho a “rebautizar” a Kirtash cambiando su nombre por Christian. Si le quieres, le quieres con su pasado, con todo lo que ha hecho, y deberías aprender a amar el nombre que antes te infringía temor en lugar de inventarte otro que te haga sentir más cómoda —Además, para qué engañarnos, Kirtash es un nombre mucho más sexy, por lo que me gusta más cuando se refieren a él de esa manera—. Tampoco me alegró leer lo distante que estuvo ella con los dos chicos durante su estancia en Limbhad al final del libro. Apruebo que no quisiera darles celos, pero que no fuera adecuado demostrarles su afecto en público no quiere decir que no pudiera hacerlo en privado, al igual que tampoco es justo que se dejara ver como unicornio por Jack pero no por Christian.

 

Memorias de Idhún: Triada

Sí admito que el segundo se me ha hecho algo pesado en ciertas partes. No solo es que sea un libro muy grueso (tiene más de 700 páginas con letra pequeña) sino que además Laura, en un noble intento por desarrollar largo y tendido la mitología del mundo de Idhún, acabó por meter quizá algo de paja. No digo que no sea interesante conocer más sobre este mundo que ella inventó, sus razas y criaturas, sus territorios y reinos, sus deidades… pero admito que en mí solo despiertan un interés moderado. Y es peor aún cuando lo que lees son páginas y páginas protagonizadas por personajes secundarios y no por el trío protagonista. Honestamente, si no fuera por Victoria, Kirtash y Jack, yo ni siquiera estaría interesada en esta saga. Sí que me gusta su fantasía y mitología, pero, al igual que me ocurre absolutamente con todas mis sagas preferidas, lo que realmente me apasiona de ellas y me motiva a seguir leyendo son sus romances, no sus aventuras. Esta continuación contenía demasiados personajes y me costaba distinguirlos y seguir el hilo sin liarme.

Por todo ello, cada vez que me tocaba leer algo sobre los personajes secundarios, me encontraba a mí misma exasperándome y resignándome interiormente, incluso a veces moviendo páginas para comprobar cuando iban a volver a aparecer los protagonistas. Nunca me saltaba ni un solo párrafo, no obstante, eso es algo que nunca he hecho y nunca haré. Siempre lo leo todo sin saltarme nada. En este aspecto, el segundo libro, en cada uno de sus capítulos, iba intercalando unas pocas páginas (o incluso solo párrafos) sobre las aventuras en las que se hallaban inmersos los protagonistas y otras pocas sobre alguno de los personajes secundarios.

Me decepcionó y molestó la actitud que mostró Christian con Victoria cuando esta le sorprendió besando a Gerde. Vale que ella estaba a la vez con dos hombres, pero eso no quita que sea comprensible que ella se enfade y se muestre dolida al encontrarse a Christian morreándose con la mujer que la torturó. Él debería haber mostrado más tacto y arrepentimiento después. Tampoco entendía cómo podía seguir teniendo tantas contemplaciones con su padre después de cómo le había torturado este. No obstante, más adelante fue Victoria quien me cabreó con su empecinamiento por matarle bajo la creencia de que él había matado a Jack. Jack había sido quien le había provocado y había dado inicio a la pelea y honestamente estuvo muy insoportable en los días en los que estuvieron los tres juntos. Además, en cuanto se dio cuenta del dolor que le había causado a Victoria, Christian se arrepintió de lo que había hecho y de hecho incluso lo vimos llorar por primera vez. El motivo de Victoria para matarlo, aparte de vengar a Jack, era eliminar a la otra razón que le quedaba para vivir para así poder dejarse morir, pero eso me parece tremendamente egoísta hacia Christian, como si su vida no fuera nada más que algo con lo que negociar. Es más, debería haberse disculpado con él cuando volvió a ser ella misma, mientras que actuó como si nada hubiera ocurrido.

Me sorprendió la constante tensión sexual de este segundo tomo. No la recordaba tan evidente puesto que sabía que no llegaba a consumarse hasta el último libro. Por otra parte, recelo de la postura de Christian ante este asunto. Decía que esperaría a que Victoria estuviera preparada. Sin embargo, la coaccionaba implícitamente lanzándole indirectas sobre sus ganas de llegar a algo más, así como al dejarse llevar demasiado en sus caricias.

Por otro lado, me hubiera gustado que el viaje de los tres juntos hubiera durado más. En cuanto a la cría de shek que la triada encontró en su trayecto, por muy irrelevante que fuera, es una lástima que resultara tener malas intenciones, porque me parecía muy tierno que Victoria y Christian ejercieran de padres con ella.

No recordaba en absoluto el personaje de Sheziss y me ha caído francamente bien (tan solo me resultaba familiar el hecho de que Jack apareciera en una cueva prisionero). Me gusta cómo es capaz de mantener a raya su odio y también sus inteligentes razonamientos. Jack me ponía de los nervios cada vez que perdía los estivos con ella y me agradó contemplar que finalmente las enseñanzas de Sheziss tuvieron un impacto en él y le hicieron madurar. Jack empezó a caerme mucho mejor después de eso. En general, los capítulos del periodo de Jack en Umandhun, lejos de parecerme pesados o aburridos, gracias a las enseñanzas de Sheziss me parecieron muy interesantes y filosóficos. Al igual que con Narnia, no recordaba un trasfondo tan profundo en la historia que se cuenta, acerca de la naturaleza del odio ancestral entre dragones y sheks. Nada es blanco o negro. Nadie es completamente malvado o bueno.

En cuanto al romance, si para mi desgracia Victoria pasa mucho más tiempo con Jack, por lo menos sus momentos con Christian son intensos y emotivos. Desde mi falta de convencimiento absoluto por lo que estoy diciendo, opinaría que mientras que según avanza la saga los momentos que pasan juntos son cada vez mayores, por otro lado quizá son cada vez menos románticos y conmovedores.

En cuanto a Shail, me gustaba más su personalidad en el primer libro, pues era más alegre y menos amargado, si bien se le comprende perfectamente puesto que no es plato de buen gusto haber perdido una pierna en una pelea.

 

Memorias de Idhún: Panteón

En el caso del tercer libro, un mamotreto de más de 900 páginas y quizá el libro más largo que he leído en toda mi vida, Laura fue más organizada en su primera mitad y esta vez eran capítulos enteros sobre los protagonistas intercalados con otros íntegramente solo sobre lo secundarios. Esto era peor para mí, porque, si bien me reconfortaba encontrarme con que tenía por delante un capítulo entero sobre Victoria y Kirtash/Christian (lo que realmente me interesa en esta saga), una vez terminado este me encontraba con uno entero en el que sabía que ellos no iban a aparecer en absoluto, cosa que no me molaba nada. Puedo sentir un cierto interés por Shail o por Alsan/Alexander, pero el resto de personajes no me importan lo más mínimo y me sobra bastante toda información sobre ellos o lo que hacen. Kimara, si bien no me cae del todo mal ni la odio, le profesé una cierta una cierta manía cuando rondaba a Jack y después cuando expresó sus deseos de matar a Christian, deseos que, sorpresivamente, pareció olvidar durante el tercer libro y ni siquiera volvió a hacerse referencia al tema.

He de decir que hubo actitudes de Christian que me decepcionaron mucho en el segundo libro y sobre todo en el tercero. Sobre todo el leer cómo él dudaba de sus sentimientos por Victoria y la ignoraba para conocer mejor a Shizuko y cómo se empeñaba en proteger a Gerde en la segunda mitad de la historia. Me encontraba a mí misma poniéndome de parte de Jack cuando este, tras haber defendido en múltiples ocasiones a su antes enemigo, se sentía traicionado por él.

El tercer libro lo comencé con una cierta reticencia, porque desgraciadamente sabía qué era lo que iba a ocurrir en su segunda mitad. [SPOILER: hablo de los embarazos de Victoria, que no hace falta decir que es lo que más me disgusta con diferencia de toda la saga, no solo por la temprana edad en la que queda encinta y cómo eso irremediablemente va a arruinar su juventud, sino también por la maldita manía de considerar que para que una historia de amor tenga un final feliz tenga que haber críos de por medio]. Aparte de eso, es quizá, el más aburrido de los tres. Salvo en el último tercio o cuarto de libro. Mucha divagación, explicación y teorías, poca acción. De la primera mitad salvaría los escasísimos momentos románticos que Victoria y Christian pasaron en Nueva York. La segunda es considerablemente más interesante y trepidante a pesar del poco tiempo que mi pareja favorita comparte juntos. Destacaría especialmente la huida de los tres de la diosa Wina en el bosque de Alis-Lithban, la fuga de Victoria con un malherido Christian, su recuperación y la acertada regañina que este le propinó a Jack por su conducta, la interesantísima conversación de Jack y Rando y las bodas, entre otros.

Algo que no me gusta de los romances de esta historia es el hecho de que solo se sientan atraídos los unos por los otros por su condición de híbridos. Se supone que cuando te enamoras de alguien, aunque ese alguien pierda aquello tan excitante que te hizo enamorarte de él, deberías seguir amándole, en lugar de perder el interés. El amor debería ser incondicional.

La profundidad filosófica y mitológica que me llamó la atención en el segundo tomo fue aún más desarrollada en el tercer libro y elevada a un plano todavía superior, pues se debate intensamente acerca de las motivaciones de los dioses respecto a los mundos y criaturas que crean, de su egoísmo y falta de preocupación por estos y respecto a su falta de capacidad para asumir que ellos también poseen un lado oscuro del que no pueden desprenderse tan fácilmente.

Por otra parte, Shail deja de estar tan malhumorado y vuelve a ser el chico amable con el que sabes que puedes contar cuando lo necesites. Su relación con Zaisei nunca me motivó lo más mínimo y opinaba que merecía a alguien más interesante que ella. Sin embargo, acabé simpatizando con ella debido a su genuino buen corazón y me alegré de que tuvieran un final feliz. [SPOILER: En cuanto a Alsan, lamenté profundamente su muerte, a pesar de lo insoportable que se volvió en la mitad final de la obra. Este cambio no se aclaró del todo si se debió solo a la acción de la roca maldita que Gaedalu le obsequió para controlar a la bestia o si eso solo sirvió como excusa o detonante para dejar salir una parte de él que siempre había estado ahí. Su comportamiento hacia Victoria y Christian fue indignante y me entristeció que sus últimas interacciones con los que habían sido sus amigos estuvieran empañadas y controladas por la acción de la piedra, que no pudiera conocer al hijo de Victoria y Jack y a tratarles a ellos mismos con la protección, cariño y paternalismo de antaño y a Shail con la camadería que corresponde a lo amigos que habían sido. En su lugar, Laura creyó que una muerte supuestamente heroica pero muy estúpida e innecesaria bastaría para que este personaje pudiera abandonar nuestras vidas en paz.

Hablando de esto, realmente me molesta que Laura considerara necesario matar a algún personaje importante en cada libro: Allegra en el segundo y Alsan en el tercero. Me apena también mucho que Allegra decidiera sacrificarse solo por matar a unos cuantos sheks y que no pudiera ver a su “nieta” vivir una vida feliz junto a sus maridos y sus hijos.

La autora también parecía tener una fijación con hacer pasar a Victoria por torturas o tormentos al menos una vez en cada libro. En el primero y segundo a manos de Gerde y Ashran y en tercero a manos de Alsan, Gaedaly y Qaydar y después para colmo durante el parto. Me llama la atención que Jack por su lado no fuera torturado en toda la saga a pesar de ser “al que más ganas le tenían” los malos. Pero, honestamente, el pobre ya tuvo más que suficiente con la trágica forma en la que perdió a sus padres al comienzo de la misma.

Laura ha querido darle un toque dramático no solo por esas muertes y la huida de Christian a la Tierra, sino por el hecho de que los personajes se llevaran un golpe de realidad respecto al hecho de que a los dioses no les importan lo más mínimo los mortales, que desaparecieran sin solucionar nada ni regenerar la estirpe de dragones y unicornios, que la magia fuera a desaparecer de Idhún eventualmente y que se insinuara que los sheks acabarían por gobernar la Tierra, así como el hecho de que el epílogo termine con la apresurada huida a la Tierra de Jack y Victoria porque querían darle caza a la hija que había concebido de Christian. Esto también me lleva a preguntarme cómo diablos se enteró la gente de que Victoria volvía a estar embarazada y que su hija era hija de Kirtash y no de Jack si estaban viviendo en secreto.

El final queda ligeramente abierto al no terminar con un final feliz convencional, sino por una huida marcada por los tintes dramáticos antes mencionados. Eso me hace preguntar si acaso quería dejar el final abierto a una posible continuación, si bien lo dudo mucho pues nunca he leído nada que indicara que Laura alguna vez había considerado expandir la historia más allá de esta trilogía. No obstante, algunas cosas del final parecían dar cabida a una continuación, como el hecho de que se reiterara que Covan quería seguir dando caza a las ya inexistentes serpientes y a Kirtash o el hecho de que emplearan la roca maldita para tallar las uñas de los dragones artificiales.]

 

Para poner punto y final a esta reseña, diré que me he sentido deleitada al revivir la magia de esta hermosa saga, que nuevamente vuelve a situarse entre mis favoritas al haber podido recordar y comprender por qué me había gustado tanto en su momento. Tal y como suele ocurrirme con muchos libros y series, siento mucha melancolía y nostalgia al haberle puesto punto y final y saber que ya no puedo hacer otra cosa que releer mis fragmentos favoritos para poder volver a sentir lo mismo de nuevo siempre que desee hacerlo.