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viernes, 16 de agosto de 2019

Reseña de "Vida después de la huida" de María Vera


 
Calificación: 6’5/10. 3 estrellas de 5.



Podría afirmar que María Vera, en su forma de escribir, es ambiciosa. Lo quiere todo. A veces se trata de poemas muy simples, incluso demasiado, otras veces rimbombantes y enrevesados. Sería recomendable que tratara de encontrar un término medio. Tiende a exagerar en exceso y a pecar de hiperbólica, aunque eso es algo muy frecuente en la poesía. Como objeción ya no a su forma de escribir, si no al libro, citaría a la extensión, cuya brevedad hace que el precio resulte claramente abusivo. 

 
Destacaría composiciones como “Secuestro”, “Cuidado con tus deseos”, “Confesión”, “Deshielo”, “Alguien”, “Advertencia”. No obstante, pocos eran los poemas que me gustaban tanto en su completa extensión. Frecuentemente, me topaba con estrofas que me fascinaban, pero que se hallaban dentro de un poema que no era de mi agrado en su integridad y que, en consecuencia, deslucían en su contexto. Es el caso del quinto párrafo de “Sutura”, el cuarto de “Destierro y Flores” o el penúltimo de “Carroñeros”.


Habiendo leído Todos mis futuros son contigo de Marwan hace tan pocas semanas me resulta inevitable comparar y las comparaciones resultantes son las siguientes:

-Relación cantidad-precio, merece más la pena el de Marwan. La extensión es suficiente como para que invirtiese varios días en poder terminarlo y el precio era bastante económico. El de María Vera, por el contrario, es tan excesivamente breve que una noche que me constaba conciliar el sueño lo empecé y cuando me quise dar cuenta ya lo había terminado. Y el precio no es nada generoso.

-En lo que se refiere a la temática, Marwan es más variado. Toca el amor, el desamor, la sociedad, la introspección psicológica, etc. El de Vera es íntegramente desamor y algo de amor. Por suerte, su tratamiento es suficientemente bello como para que, aun siendo tan monotemático, no se haga pesado ni demasiado monótono. Lo que no cambia es que con la poesía siempre me cuesta concentrarme y tengo que leer cada estrofa dos o tres veces para comprender qué se está diciendo.

-Los dos escriben bien, pero quizás María mezcla más registros distintos. Unos poemas son muy sencillotes, otros muy enrevesados, como he dicho previamente. Aún no he decidido si eso es, para mi gusto, positivo o negativo.

-Algo en lo que para mí gana María sería en el abundante pero bello uso de juegos de palabras y metáforas, algunas de las cuales son realmente inteligentes y cuidadas, si bien a veces resultan un tanto forzadas o exageradas.
  

En definitiva, es un buen libro para los amantes de la poesía actual, pero quizá resulte un poco “too much” para los que, como yo, no somos fans número uno de este género. No obstante, por su extensión, sí que es adecuado para los que disfrutamos de la poesía en muy pequeñas dosis.

Fuente de la imagen:
http://valparaisoediciones.es/tienda/poesia/307-113-vida-despues-de-la-huida.html

sábado, 13 de julio de 2019

Reseña sobre "Todos mis futuros son contigo" de Marwan


Calificación: 6'5/10. 3 estrellas de 5.

Mi género fetiche es la narrativa. La poesía se me suele hacer espesa y difícil de entender, aunque haya ciertos poemas que me encanten hasta el punto de removerme las entrañas. Lo cierto es que tengo bastante claro cómo debe ser un poema para que sea de mi agrado. No me gusta la poesía sesuda, no me gusta que me hagan pensar. Yo disfruto con la poesía de amor romántica y comprensible. Es decir, ni erótica y complicada. Lo cierto es que siempre pensé que a mí rara vez me gustaría un poema que no fuera de amor, pero este libro me ha hecho cambiar de opinión.


Por otra parte, para mí un poema perfecto debe ser de extensión media, ni de pocas líneas ni de más de una hoja. Me llegan mucho más los de desamor que los de amor, porque te estrujan más el corazón y de dejan más huella, aunque no hayas pasado por una experiencia ni remotamente parecida. Me molesta el exceso de metáforas, la abstracción y que no resulten fácilmente comprensibles. 


Habiendo dejado claro el tipo de poesía que yo valoro, pasaré a enumerar los poemas y capítulos que más me han gustado de este libro, que compré expresamente para regalárselo a mi pareja pero decidí leérmelo antes sabiendo que no iba a poder dárselo hasta unas semanas después.


Lo cierto es que las composiciones del principio me dejaron bastante indiferente, como si se quedaran en un intento ambicioso de ser sesudas, eróticas, románticas y sociales a la vez. No me agrada que tengan tantas pretensiones, que se note el esfuerzo, sino que sean sencillas y naturales pero a la vez hermosas. Por suerte, según fui avanzando en la lectura me fueron gustando más.


Este libro está dividido en secciones o capítulos y quizá las mejores de ellas sean La chica en ámbar e It’s all about Money. Son las dos en las que encontré más poesías que me gustaron. Destacaría sobre todo los poemas “Un beso” y “A la destrucción total”, y en menor medida otros como “Los cantantes”, “Mi próxima cicatriz”, “La historia de los amores imparables”, “Compañeras”, “Consideraciones respecto a la crisis”, “Vergüenza”, “Plástico” o “España”. 


Me gusta que se aborde el tema social siempre y cuando no se quede en un intento autocomplaciente por lucirse y demostrar una fingida humanidad mediante un manido sentimentalismo. En el caso de Marwan, sí que me gusta el capítulo que dedica a la crisis y sociedad, si bien algún que otro poema sí que peca de eso que he dicho y su visión de la realidad idónea es demasiado utópica.


“El partido del siglo”, “A la hora de olvidar”, “¿No te cansaste?”, ”Clases de amor para viandantes”, “Escribir”, “Consideraciones respecto a la aceptación”, “Ya verás “y “Cara o cruz” son otros poemas del libro que merecen mención especial, así como los capítulos “Psicoterapia” y el breve “Que me perdonen los maestros”. 


Quizá mi favorito de todos haya sido la romántica prosa “Es sencillo”, precisamente porque reúne los elementos que a mí más me gustan: es muy romántico, fácil de comprender y con una extensión breve pero no tanto como para dejarte indiferente.


Lo cierto es que menuda sorpresa me he llevado cuando al estar terminando esta reseña me ha dado por buscarle en Wikipedia y me he enterado de que no era, al contrario de lo que yo pensaba, uno de los (ahora muy comunes) instagramers de corta edad que hacen su poesía conocida en las redes y alcanzan la suficiente notoriedad y número de seguidores como para que les publiquen su libro; sino que se trata de un afianzado poeta y cantautor madrileño de ya 40 años. No digo que esta información me alivie, solo me sorprende. De hecho, a mi modo de ver, los influencers aspirantes a poetas también tienen talento y merecen ser mucho más respetados, al contrario de lo que suelen pensar los eruditos, los académicos y la gente adulta o mayor. También me sorprendió comprobar que Marwan es su nombre real y no un pseudónimo o nombre de guerra escogido para moverse por el mundo de la literatura o el de las redes sociales.


En resumen, se ajusta bastante al tipo de poesía que me gusta leer, aunque no me haya resultado un libro memorable en absoluto. Son poemas suficientemente sencillos, bonitos y llevaderos como para elegir este libro para desconectar un rato del mundo y ponerse a leer por placer o por aburrimiento sin mayores pretensiones.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Égloga I de Garcilaso de la Vega


Antes que nada quiero disculparme por llevar más de un mes sin publicar una entrada nueva, pero es que he andado tremendamente ocupada con los estudios. Desgraciadamente, sigo sin disponer de tiempo para publicar una entrada más currada y completa, pero volveré sin falta en Navidades con algo nuevo. Hasta entonces, espero amenizaros la espera mediante una de mis composiciones poéticas favoritas, la Égloga I de Garcilaso de la Vega. Disfrutadla.

  
                                                                                                                                                          GARCILASO DE LA VEGA - ÉGLOGA I:







  El dulce lamentar de dos pastores,
Salicio juntamente y Nemoroso,
he de cantar, sus quejas imitando;
cuyas ovejas al cantar sabroso
estaban muy atentas, los amores,                   5
de pacer olvidadas, escuchando.
Tú, que ganaste obrando
un nombre en todo el mundo
y un grado sin segundo,
agora estés atento sólo y dado                     10
al ínclito gobierno del estado
albano; agora vuelto a la otra parte,
resplandeciente, armado,
representando en tierra el fiero Marte;
 
  agora de cuidados enojosos                       15
y de negocios libre, por ventura
andes a caza, el monte fatigando
en ardiente jinete que apresura
el curso tras los ciervos temerosos,
que en vano su morir van dilatando;                20
espera, que en tornando
a ser restitüido
al ocio ya perdido,
luego verás ejercitar mi pluma
por la infinita, innumerable suma                   25
de tus virtudes y famosas obras,
antes que me consuma,
faltando a ti, que a todo el mondo sobras.
 
  En tanto que este tiempo que adivino
viene a sacarme de la deuda un día                30
que se debe a tu fama y a tu gloria
(que es deuda general, no sólo mía,
mas de cualquier ingenio peregrino
que celebra lo digno de memoria),
el árbol de victoria,                              35
que ciñe estrechamente
tu gloriosa frente,
dé lugar a la hiedra que se planta
debajo de tu sombra, y se levanta
poco a poco, arrimada a tus loores;                40
y en cuanto esto se canta,
escucha tú el cantar de mis pastores.
 
  Saliendo de las ondas encendido,
rayaba de los montes el altura
el sol, cuando Salicio, recostado                  45
al pie de un alta haya en la verdura,
por donde un agua clara con sonido
atravesaba el fresco y verde prado,
él, con canto acordado
al rumor que sonaba,                               50
del agua que pasaba,
se quejaba tan dulce y blandamente
como si no estuviera de allí ausente
la que de su dolor culpa tenía;
y así, como presente,                              55
razonando con ella, le decía:
 
Salicio:
  ¡Oh más dura que mármol a mis quejas,
y al encendido fuego en que me quemo
más helada que nieve, Galatea!,
estoy muriendo, y aún la vida temo;                60
témola con razón, pues tú me dejas,
que no hay sin ti el vivir para qué sea.
Vergüenza he que me vea
ninguno en tal estado,
de ti desamparado,                                 65
y de mí mismo yo me corro agora.
¿De un alma te desdeñas ser señora,
donde siempre moraste, no pudiendo
de ella salir un hora?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.              70
 
  El sol tiende los rayos de su lumbre
por montes y por valles, despertando
las aves y animales y la gente:
cuál por el aire claro va volando,
cuál por el verde valle o alta cumbre              75
paciendo va segura y libremente,
cuál con el sol presente
va de nuevo al oficio,
y al usado ejercicio
do su natura o menester le inclina,                80
siempre está en llanto esta ánima mezquina,
cuando la sombra el mondo va cubriendo,
o la luz se avecina.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
 
  Y tú, de esta mi vida ya olvidada,              85
sin mostrar un pequeño sentimiento
de que por ti Salicio triste muera,
dejas llevar, desconocida, al viento
el amor y la fe que ser guardada
eternamente sólo a mí debiera                     90
¡Oh Dios!, ¿por qué siquiera,
pues ves desde tu altura
esta falsa perjura
causar la muerte de un estrecho amigo,
no recibe del cielo algún castigo?                 95
Si en pago del amor yo estoy muriendo,
¿qué hará el enemigo?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
 
  Por ti el silencio de la selva umbrosa,
por ti la esquividad y apartamiento                100
del solitario monte me agradaba;
por ti la verde hierba, el fresco viento,
el blanco lirio y colorada rosa
y dulce primavera deseaba.
¡Ay, cuánto me engañaba!                           105
¡Ay, cuán diferente era
y cuán de otra manera
lo que en tu falso pecho se escondía!
Bien claro con su voz me lo decía
la siniestra corneja, repitiendo                   110
la desventura mía.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
 
  ¡Cuántas veces, durmiendo en la floresta,
reputándolo yo por desvarío,
vi mi mal entre sueños, desdichado!                115
Soñaba que en el tiempo del estío
llevaba, por pasar allí la sienta,
a beber en el Tajo mi ganado;
y después de llegado,
sin saber de cuál arte,                            120
por desusada parte
y por nuevo camino el agua se iba;
ardiendo yo con la calor estiva,
el curso enajenado iba siguiendo
del agua fugitiva.                                 125
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
 
  Tu dulce habla ¿en cúya oreja suena?
Tus claros ojos ¿a quién los volviste?
¿Por quién tan sin respeto me trocaste?
Tu quebrantada fe ¿dó la pusiste?                  130
¿Cuál es el cuello que como en cadena
de tus hermosos brazos añudaste?
No hay corazón que baste,
aunque fuese de piedra,
viendo mi amada hiedra,                            135
de mí arrancada, en otro muro asida,
y mi parra en otro olmo entretejida,
que no se esté con llanto deshaciendo
hasta acabar la vida.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.              140
 
  ¿Qué no se esperará de aquí adelante, 
por difícil que sea y por incierto?
O ¿qué discordia no será juntada?
Y juntamente ¿qué tendrá por cierto,
o qué de hoy más no temerá el amante,              145
siendo a todo materia por ti dada?
Cuando tú enajenada
de mi cuidado fuiste,
notable causa diste,
y ejemplo a todos cuantos cubre el cielo,          150
que el más seguro tema con recelo
perder lo que estuviere poseyendo.
Salid fuera sin duelo,
salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
 
  Materia diste al mundo de esperanza              155
de alcanzar lo imposible y no pensado,
y de hacer juntar lo diferente,
dando a quien diste el corazón malvado,
quitándolo de mí con tal mudanza
que siempre sonará de gente en gente.              160
La cordera paciente
con el lobo hambriento
hará su ayuntamiento,
y con las simples aves sin rüido
harán las bravas sierpes ya su nido;               165
que mayor diferencia comprendo
de ti al que has escogido.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
 
  Siempre de nueva leche en el verano
y en el invierno abundo; en mi majada              170
la manteca y el queso está sobrado.
De mi cantar, pues, yo te vía agradada
tanto que no pudiera el mantüano
Títero ser de ti más alabado.
No soy, pues, bien mirado,                         175
tan disforme ni feo;
que aun agora me veo
en esta agua que corre clara y pura,
y cierto no trocara mi figura
con ese que de mí se está riendo;                  180
¡trocara mi ventura!
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
 
  ¿Cómo te vine en tanto menosprecio?
¿Cómo te fui tan presto aborrecible?
¿Cómo te faltó en mí el conocimiento?              185
Si no tuvieras condición terrible,
siempre fuera tenido de ti en precio,
y no viera de ti este apartamiento.
¿No sabes que sin cuento
buscan en el estío                                 190
mis ovejas el frío
de la sierra de Cuenca, y el gobierno
del abrigado Estremo en el invierno?
Mas ¡qué vale el tener, si derritiendo
me estoy en llanto eterno!                         195
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
 
  Con mi llorar las piedras enternecen
su natural dureza y la quebrantan;
los árboles parece que se inclinan;
las aves que me escuchan, cuando cantan,           200
con diferente voz se condolecen,
y mi morir cantando me adivinan;
las fieras que reclinan
su cuerpo fatigado
dejan el sosegado                                  205
sueño por escuchar mi llanto triste.
Tú sola contra mí te endureciste,
los ojos aun siquiera no volviendo
a lo que tú hiciste.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.              210
 
  Mas ya que a socorrerme aquí no vienes,
no dejes el lugar que tanto amaste,
que bien podrás venir de mí segura.
Yo dejaré el lugar do me dejaste;
ven, si por sólo esto te detienes.                 215
Ves aquí un prado lleno de verdura,
ves aquí una espesura,
ves aquí una agua clara,
en otro tiempo cara,
a quien de ti con lágrimas me quejo.               220
Quizá aquí hallarás, pues yo me alejo,
al que todo mi bien quitarme puede;
que pues el bien le dejo,
no es mucho que el lugar también le quede.
 
  Aquí dio fin a su cantar Salicio,                225
y suspirando en el postrero acento,
soltó de llanto una profunda vena;
queriendo el monte al grave sentimiento
de aquel dolor en algo ser propicio,
con la pesada voz retumba y suena;                 230
la blanda Filomena,
casi como dolida
y a compasión movida,
dulcemente responde al son lloroso.
Lo que cantó tras esto Nemoroso,                    235
decidlo vos, Piérides, que tanto
no puedo yo ni oso,
que siento enflaquecer mi débil canto.
 
Nemoroso:
  Corrientes aguas puras, cristalinas,
árboles que os estáis mirando en ellas,            240
verde prado, de fresca sombra lleno,
aves que aquí sembráis vuestras querellas,
hiedra que por los árboles caminas,
torciendo el paso por su verde seno:
yo me vi tan ajeno                                 245
del grave mal que siento,
que de puro contento
con vuestra soledad me recreaba,
donde con dulce sueño reposaba,
o con el pensamiento discurría                     250
por donde no hallaba
sino memorias llenas de alegría.
 
  Y en este mismo valle, donde agora
me entristezco y me canso en el reposo,
estuve ya contento y descansado.                   255
¡Oh bien caduco, vano y presuroso!
Acuérdome, durmiendo aquí alguna hora,
que despertando, a Elisa vi a mi lado.
¡Oh miserable hado!
¡Oh tela delicada,                                 260
antes de tiempo dada
a los agudos filos de la muerte!
Más convenible fuera aquesta suerte
a los cansados años de mi vida,
que es más que el hierro fuerte,                   265
pues no la ha quebrantado tu partida.
 
  ¿Dó están agora aquellos claros ojos
que llevaban tras sí, como colgada,
mi ánima, doquier que ellos se volvían?
¿Dó está la blanca mano delicada,                  270
llena de vencimientos y despojos
que de mí mis sentidos le ofrecían?
Los cabellos que vían
con gran desprecio al oro,
como a menor tesoro,                               275
¿adónde están, adónde el blando pecho?
¿Dó la columna que el dorado techo
con proporción graciosa sostenía?
Aquesto todo agora ya se encierra,
por desventura mía,                                280
en la oscura, desierta y dura tierra.
 
  ¿Quién me dijera, Elisa, vida mía,
cuando en aqueste valle al fresco viento
andábamos cogiendo tiernas flores,
que había de ver, con largo apartamiento            285
venir el triste y solitario día
que diese amargo fin a mis amores?
El cielo en mis dolores
cargó la mano tanto
que a sempiterno llanto                            290
y a triste soledad me ha condenado;
y lo que siento más es verme atado
a la pesada vida y enojosa,
solo, desamparado,
ciego, sin lumbre, en cárcel tenebrosa.            295
 
  Después que nos dejaste, nunca pace
en hartura el ganado ya, ni acude
el campo al labrador con mano llena;
no hay bien que en mal no se convierta y mude:
La mala hierba al trigo ahoga, y nace              300
en lugar suyo la infelice avena;
la tierra, que de buena
gana nos producía
flores con que solía
quitar en sólo vellas mil enojos,                  305
produce agora en cambio estos abrojos,
ya de rigor de espinas intratable.
Yo hago con mis ojos
crecer, llorando, el fruto miserable.
 
  Como al partir del sol la sombra crece,          310
y en cayendo su rayo, se levanta
la negra escuridad que el mundo cubre,
de do viene el temor que nos espanta
y la medrosa forma en que se ofrece
aquello que la noche nos encubre,                  315
hasta que el sol descubre
su luz pura y hermosa:
tal es la tenebrosa
noche de tu partir en que he quedado
de sombra y de temor atormentado,                  320
hasta que muerte el tiempo determine
que a ver el deseado
sol de tu clara vista me encamine.
 
  Cual suele el ruiseñor con triste canto
quejarse, entre las hojas escondido,               325
del duro labrador que cautamente
le despojó su caro y dulce nido
de los tiernos hijuelos entretanto
que del amado ramo estaba ausente,
y aquel dolor que siente,                           330
con diferencia tanta
por la dulce garganta
despide que a su canto el aire suena,
y la callada noche no refrena
su lamentable oficio y sus querellas,              335
trayendo de su pena
al cielo por testigo y las estrellas;
 
  desta manera suelto yo la rienda
a mi dolor, y así me quejo en vano
de la dureza de la muerte airada.                  340
Ella en mi corazón metió la mano
y de allí me llevó mi dulce prenda,
que aquél era su nido y su morada.
¡Ay, muerte arrebatada!
Por ti me estoy quejando                           345
al cielo y enojando
con importuno llanto al mundo todo!
El desigual dolor no sufre modo;
no me podrán quitar el dolorido
sentir si ya del todo                             350
primero no me quitan el sentido.
 
  Tengo una parte aquí de tus cabellos,
Elisa, envueltos en un blanco paño,
que nunca de mi seno se me apartan;
descójolos, y de un dolor tamaño                   355
enternecer me siento que sobre ellos
nunca mis ojos de llorar se hartan.
Sin que de allí se partan,
con sospiros calientes,
más que la llama ardientes,                        360
los enjugo del llanto, y de consuno
casi los paso y cuento uno a uno;
juntándolos, con un cordón los ato.
Tras esto el importuno
dolor me deja descansar un rato.                   365
 
  Mas luego a la memoria se me ofrece
aquella noche tenebrosa, escura,
que siempre aflige esta ánima mezquina
con la memoria de mi desventura
Verte presente agora me parece                     370
en aquel duro trance de Lucina,
y aquella voz divina,
con cuyo son y acentos
a los airados vientos
pudieras amansar, que agora es muda,               375
me parece que oigo, que a la cruda,
inexorable diosa demandabas
en aquel paso ayuda;
y tú, rústica diosa, ¿dónde estabas?
 
  ¿Íbate tanto en perseguir las fieras?            380
¿Íbate tanto en un pastor dormido?
¿Cosa pudo bastar a tal crüeza,
que, conmovida a compasión, oído
a los votos y lágrimas no dieras,
por no ver hecha tierra tal belleza,               385
o no ver la tristeza
en que tu Nemoroso
queda, que su reposo
era seguir tu oficio, persiguiendo
las fieras por los monte, y ofreciendo             390
a tus sagradas aras los despojos?
¡Y tú, ingrata, riendo
dejas morir mi bien ante los ojos!
 
  Divina Elisa, pues agora el cielo
con inmortales pies pisas y mides,                 395
y su mudanza ves, estando queda,
¿por qué de mí te olvidas y no pides
que se apresure el tiempo en que este velo
rompa del cuerpo, y verme libre pueda,
y en la tercera rueda,                             400
contigo mano a mano,
busquemos otro llano,
busquemos otros montes y otros ríos,
otros valles floridos y sombríos,
donde descanse y siempre pueda verte                 405
ante los ojos míos,
sin miedo y sobresalto de perderte?
            ------
  Nunca pusieran fin al triste lloro
los pastores, ni fueran acabadas
las canciones que sólo el monte oía,               410
si mirando las nubes coloradas,
al tramontar del sol bordadas de oro,
no vieran que era ya pasado el día,
la sombra se veía
venir corriendo apriesa                            415
ya por la falda espesa
del altísimo monte, y recordando
ambos como de sueño, y acabando
el fugitivo sol, de luz escaso,
su ganado llevando,                                420
se fueran recogiendo paso a paso.
 
 
Fuente:  http://ieslluissimarro.org/castella/2011/05/03/egloga-i-garcilaso-de-la-vega/