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sábado, 21 de junio de 2025

Opinión sobre "Cómo entrenar a tu dragón" (live action, 2025)

 Calificación: 10/10. 5 estrellas de 5


La única otra película a la que he asignado la nota máxima en este blog fue, precisamente, Cómo entrenar a tu dragón 3, la otra de esta franquicia que vi en la gran pantalla. Hace unos años subí a este blog la reseña de esa tercera película cuando fui a verla al cine. La podéis leer aquí.

Soy muy exigente y es raro en mí otorgar un 10, pero esta lo merece de cabo a rabo. Sin duda, ha superado mis expectativas, que ya eran moderadamente altas teniendo en cuenta lo muchísimo que me gusta la saga original.

Las películas de dibujos animados nunca han sido santo de mi devoción. Sin embargo, siempre he contado la saga de Cómo entrenar a tu dragón como algunas de mis películas de animación favoritas.

Le cogí tanto cariño a estas películas fundamentalmente por el personaje de Desdentao, que me resulta adorable. Los creadores y animadores de este simpático dragón se aseguraron de dotarlo de una conducta más propia de perritos o gatitos que de dragones: sacar la lengua fuera, ladear la cabeza, correr en pos de un juguete... Es hilarante lo bien replicadas que están las conductas perrunas en cada una de las acciones de este dragón. El resto de sus compañeros no tiene nada que hacer para competir a su lado, Desdentao es la estrella que se roba todo el protagonismo del show.

No supe hasta principios de este año que se iba a estrenar un remake con actores de carne y hueso (con los dragones aún hechos por ordenador, evidentemente, atrás han quedado los tiempos en los que se fabricaban marionetas para encarnar a animales fantásticos). Me hizo ilusión la noticia no solo porque me guste la saga original sino porque las versiones live action de películas de animación generalmente me suelen gustar más que las originales. No obstante, tampoco quería hacerme unas expectativas enormes. Incluso, dado que las tenía bastante recientes porque las había visto hace año y medio de nuevo, preferí no volverlas a ver otra vez antes de ver esta para no estar continuamente comparando. Pero no hubiera salido perdiendo en ninguna comparación. Adoro ver lo fielmente que la han respetado en todos los acontecimientos y su orden. Por supuesto que hay comentarios (por poner un ejemplo) que no me sonaba que se hallaran en la original, pero eran bien recibidos puesto que le sumaban aún más humor.

Sí es cierto que como la última vez que vi la saga, las vi seguidas, hay escenas de cada una de las películas que mezclo y que me cuesta asociar a cada una, por lo que algunas de las subtramas de este remake (como el padre partiendo a buscar el nido de dragones o la mera existencia de “la abeja reina de la colmena”) me confundían al parecerme que pertenecían a la segunda o tercera parte y no a la primera.

Aparte de lo enormemente fiel que ha sido y lo entregada a la historia que te mantiene en todo momento, otra cosa que me ha llamado mucho la atención es lo muchísimo que se parecen los actores escogidos a sus respectivos personajes animados. Es increíble que puedan encontrar personas que se ajusten tanto a las particularidades físicas de unos dibujos. Evidentemente, la excepción es Astrid (Nico Parker), quien se parece a su personaje tanto como un huevo a una castaña, pero bueno, tampoco de una forma que moleste o que suponga un inconveniente para su disfrute.

Para mi alivio, Desdentado también es igualito a su equivalente en dibujo. Temía que por querer hacerlo más realista le dieran un aspecto más temible y menos simpático pero por suerte no ha sido así.

Me reafirmo en que el vínculo de amistad entre Hipo y Desdentao es una de las cosas más bonitas y tiernas que he visto en la ficción, que me lleva a pensar sobre ellos terminada la película y a desear algo así de puro y genuino en la vida real.

Por dar terminada la reseña, solo repetiré que la película ha superado todas mis expectativas y me ha encantado (una pena que un montón de distracciones negativas me rondaran la mente y me impidieran disfrutarla al cien por cien), hasta el punto de plantearme irla a ver otra vez. Aseguro que es enormemente entretenida, divertida, graciosa, bien trabajada y cuidada al detalle, increíblemente fiel a la original y que hará las delicias de todo el que la vaya a ver, haya visto la original o no.


Fuentes de las imágenes:

https://x.com/cinergiaonline/status/1889679558657384761

https://www.vozpopuli.com/altavoz/cultura/como-entrenar-a-tu-dragon-una-excepcion-emocionante-en-la-moda-de-los-remakes-de-accion-real.html

https://www.alpedrete.es/entrenar-dragon-2-abre-cine-verano/

https://www.ecartelera.com/noticias/pelicula-accion-real-como-entrenar-a-tu-dragon-trailer-79004/

https://www.ecartelera.com/noticias/pelicula-accion-real-como-entrenar-a-tu-dragon-trailer-79004/

domingo, 21 de febrero de 2021

Reseña sobre "Sol de medianoche" (saga "Crepúsculo")

Por fin le pude echar mano. Larga fue la espera.

Para los despistados, Sol de medianoche nos cuenta la misma historia que su antecesor Crepúsculo (primer libro de la saga de este mismo nombre) pero desde la perspectiva del vampiro Edward en lugar de la de la humana Bella.

Desde que a principios del pasado verano llegó a mis oídos (o a mis ojos, más bien) que Sol de medianoche había sido terminado (después de más de una década de espera) e iba a ser finalmente publicado en agosto del 2020, los días no parecían pasar lo suficientemente rápido.

 

Sobre la saga Crepúsculo:

Nunca he sido una fan entregadísima de Crepúsculo. Me he leído los libros más de una vez y he visto las películas en varias ocasiones, pero mis períodos de interés por la saga sufrían bastantes baches. Si los releía me mantenía “obsesionada” con la saga durante unas semanas y luego se me pasaba.

A pesar de que a rasgos generales es una saga que me gusta y que podría situar más o menos entre mis favoritas, mi mayor problema con ella lleva el nombre de la protagonista de la saga original, Bella Swan. Anodina, rancia, cabezota y sosa. Lo que otros catalogan de valentía yo lo atribuyo más bien a una soberana estupidez, obstinación y egoísmo (sí, egoísmo, porque nunca se para a pensar en los constantes problemas que causa a los Cullen ni en el dolor que sus decisiones provocan a sus padres). Por mucho que la autora pretendiera hacer de la protagonista una persona sencilla, modesta y anti-materialista, se pasó ocho pueblos hasta el punto en que resulta cargante. No le gusta bailar, no le gusta la moda, no le gusta la música… ¿Se puede saber qué le gusta a esta mujer? Aparte de Edward, claro está.

A pesar de eso, la Bella de los libros, al menos en el primero de ellos, tenía unos momentos salvables cuando recurría, por ejemplo, al cinismo o la mordacidad en algunas de sus ácidas respuestas al todavía muy distante Edward. En esos momentos la chica podía merecer apenas un atisbo de interés.

Sin embargo, en las películas, incluso eso nos fue arrebatado. Aparte de los directores y guionistas, la mayor parte de la culpa la tuvo, por supuesto, la actriz. Kristen Stewart es una de las actrices que más detesto por razones obvias. Es inexpresiva, insulsa, antipática y va por la vida como sometida permanentemente bajos los efectos de un fuerte tranquilizante. Si de por sí Bella Swan no era de mi agrado, Kristen no hizo otra cosa que acabar de rematarla.

Robert Pattinson —quien con sus continuos desprecios hacia la saga, sus admiradores y la autora se ha ganado a pulso mi merecido desprecio— no lo hizo mucho mejor. Edward era un personaje muchísimo más interesante que Bella, y si bien el papel requería interpretar a un ser atormentado y taciturno, el Edward del primer libro muestra a mitad del mismo una faceta risueña, feliz e ilusionada ante su enamoramiento que brilló completamente por su ausencia en el film. Eso por no hablar del atractivo físico nulo de los dos actores protagonistas. ¿No se suponía que al menos Edward tenía que ser tan hermoso como un dios griego?

A pesar de que las películas y el cuarto libro hicieron todo lo que estuvo en sus manos porque dejara de gustarme la saga (no me hagáis hablar de la estupidez que entraña la propia existencia de Renesmee, por favor), ninguno lo consiguieron.

 

En busca y captura de un ejemplar de Sol de medianoche:

En su momento ya me fastidió que la autora desechara la maravillosa idea de continuar la re-narración del primer libro por parte de un personaje verdaderamente interesante (esto es, Edward), y los pocos capítulos que publicó gratuitamente me dejaron con ganas de más y la nostalgia de lo que pudo haber sido. Recordemos que interrumpió su escritura porque estos capítulos fueron filtrados en internet y eso le provocó un berrinche. Después de eso la voluntad de terminarlo algún día le iba y le venía a temporadas.

Al parecer, si una cosa buena ha tenido esta maldita pandemia, ha sido que Stephenie ha dispuesto del tiempo —y del aburrimiento— que necesitaba para ponerse manos a la obra y terminarla. Y yo se lo agradezco infinitamente, porque se ha convertido en mi libro favorito de la saga.

Dado que tratándose de la primera lectura quería poder disfrutarlo en mi propio idioma, no me quedaba otra que esperar a que terminara el verano y fuera publicado en español. Eso sí, con lo que no contaba es que su elevado precio me haría desechar la idea de comprármelo en cuanto saliera. Entonces se me planteó un gran dilema: ¿Sacrificaba 19,95€ en un capricho en tiempos de crisis, aguardaba con la esperanza de que alguna biblioteca de mi ciudad lo comprara y así no tener que pagar yo por él o bien esperaba a Navidad para pedírmelo por Reyes?

La primera opción decidí descartarla, en parte para evitar cargos de conciencia y en parte porque el pasado septiembre me hallaba completamente inmersa en mi primera —sí, primera— lectura de la saga de Harry Potter, por lo que igualmente no lo hubiera leído hasta que no hubiera terminado con esta (algo que se demoró más de lo previsto, hasta diciembre, porque hay que ver lo largos que son los cuatro últimos libros del joven mago).

Aposté temporalmente por la segunda opción, con la mala suerte de que mi biblioteca de siempre aún no lo había comprado (e ignoraron mis dos peticiones de compra). Para colmo, después de molestarme en hacerme un nuevo carnet para otra biblioteca en la que sí lo tenían, me dijeron que no podría poner mis manos sobre él hasta pasadas varias semanas porque estaba prestado y después tenía que someterse a un período de cuarentena anti-covid.

Así pues, viendo que no iba a poder hacerme con él hasta diciembre como mínimo, lo mismo me daba esperar un poquito más hasta Reyes, por lo que finalmente opté por esa tercera opción, sabiendo que su elevado precio haría que la inclusión del libro en mi lista supondría tener que renunciar a otros posibles regalos que también me hacían ilusión. Me resigné a ello.

A pesar de las enormes ganas que había tenido de leerlo durante medio año, con esto pasa un poco como con el hambre, de tanto esperar para comer se te acaba pasando un poco. Con la tranquilidad de ya tenerlo entre mis manos, me dediqué a terminar otros libros sobre Harry Potter que tenía en mi casa sin leer “desde el año la pera” aprovechando la “Pottermanía” que me había entrado desde que había empezado la saga (si antes de leerme los libros yo ya era Potterhead lo soy aún más ahora).

Por tanto, no fue hasta este mes de febrero que lo comencé… y que lo terminé, unas dos semanas después. Si hubiera dispuesto de más tiempo para leer me lo hubiera acabado en un lapso de tiempo más reducido, pero a mi apretado calendario había que sumarle a ingente extensión del libro (sí, supera los de Harry Potter) y mi deseo de no terminarlo cuanto antes sino deleitarme en una lectura que me había traído tanto de cabeza los últimos meses.

Los capítulos eran largos (los más cortos me llevaban una media hora), y solía leerme una media de dos al día tras la cena o justo antes de dormir. Eso sí, al contrario de lo que llevo haciendo toda mi vida, no lo leía tumbada sobre la cama, ya que el enorme peso de semejante mole titánica me hubiera aplastado las costillas y hubiera tenido que acudir corriendo a urgencias.

Ahora ya entrando en lo que todos estaréis esperando: el libro.

 

Opinión sobre Sol de medianoche:

Me ha encantado. Sospechaba que me iba a gustar, pero ha superado mis expectativas. Puede resultar una obviedad pero, evidentemente, resulta mucho más atractivo estar dentro de la mente de Edward que dentro de la de Bella. Eso sí, a veces exaspera un poquito la terriblemente equivocada visión de sí mismo que tiene y la desmesurada concepción de Bella que posee en comparación, y, a pesar de que es un hombre sin duda inteligente, no lo parecía cada vez que mostraba tanta seguridad en que Bella saldría huyendo despavorida ante cualquiera de sus revelaciones. Parece que sí que había depositado demasiada confianza en su don para leer mentes, hasta el punto que está más perdido que un elefante en una cacharrería cada vez que tiene que interpretar pensamientos procedentes de una fuente no audible para él.

Yo me preguntaba si la notablemente superior extensión de este tomo frente a su contraparte, Crepúsculo, se debería más que nada a la inclusión de muchas escenas nuevas, pero no es así. Sí que hay varias escenas nuevas, suficientes como añadir novedad al libro y que no sea una mera repetición de acontecimientos desde un punto de vista distinto. Pero la diferencia de tamaño de debe más que nada a que cada una de las escenas que sí que estaban en el otro libro se amplían bastante más. No porque ocurran más cosas, sino por las cuantiosas y extensas reflexiones que Edward intercala en ellas. Porque parece ser que en eso él se parece mucho a mí, y cada evento desencadena un millar de reflexiones que nos pueden estar haciendo dar vueltas y más vueltas a la cabeza sin descanso.

Es decir, los acontecimientos se alargan más y suceden más lentos, como podemos comprobar, por ejemplo, con la ampliación de la escena del prado. Así, recibimos información valiosa sobre qué estaba pasando por la mente de Edward mientras Bella lo inspeccionaba sobre la hierba (aunque nunca pensé que fuera a tratarse de algo tan abstracto) o sabemos cuál fue la primera reacción de Bella cuando Edward se expuso al sol. He de decir que no recordaba que esto no aparecía en el libro original, y, al ver que no me sonaba lo que estaba leyendo, tuve que hacer una pausa para releer de nuevo la escena en el otro libro.

Quizá fuera esta una de las escenas preferidas de los fans y por eso Stephenie se propuso ampliarla. Lo cierto es que, si bien la escena que, sin duda alguna, yo más ansiaba leer desde que comencé este nuevo volumen era la presentación de Bella a los padres de Edward, la que más enriquecedora encontré y más disfruté fue precisamente la del prado, al verla desmenuzada con tanto detalle y sentimiento.

En comparación, el estilo de narración de Bella durante todo el Crepúsculo original es completamente directo, casi limitado a contar lo que está ocurriendo sin apenas apreciaciones personales de por medio. Una retransmisión casi limpia, menos viciada por delirios subjetivos. Buscando una analogía, si la forma de narración de Bella es un breve cuento juvenil, la de Edward es un amplio y sesudo ensayo.

Sin embargo, en ningún momento su narración se me hizo pesada o espesa. El libro no me hizo aburrirme en ningún momento. Había escenas que atrapaban más mi interés que otras, evidentemente. Sus interacciones con Bella y con los Cullen para mí hacían palidecer al resto. Pero todo lo demás era interesante también.

Una de las razones por las que también le tenía tantas ganas a este libro era para poder conocer más sobre los Cullen. No hablo solo de su pasado, sino de su día a día y, sobre todo, de cómo iban sobrellevando la progresiva infatuación de Edward con Bella y sus opiniones sobre ella. Tenía una enorme curiosidad por obtener impresiones sobre Bella por parte de miembros del clan como Jasper, Emmett, Carlisle o Esme, que habían sido los más neutrales al respecto. Quizá no recibí tanto sobre eso como yo quería, pero tampoco fue tan escaso como para suscitar mis quejas. Por ejemplo, se abordan en más profundidad los resentimientos de Rosalie hacia Bella. Una parte de mí entiende que Bella la ponga de los nervios, porque, a fin de cuentas a mí también me pasa y yo tampoco entendería que es lo que Edward ve en ella. Pero por otro lado, Rosalie se pasa muchísimo con ella y su profundo odio no me parece justificado solo por la estúpida razón de que envidie que ella sea humana.

También nos enteramos de hechos que desconocíamos hasta ahora, como que Edward no podía leer con claridad la mente del padre de Bella, Charlie, o que la de Renée (su madre) es ruidosa y demandante. Supongo que ha sido un intento de la autora por explicar la procedencia de la silenciosa mente de Bella, pero creo que Stephenie ha sufrido un lapsus matemático al considerar que una mente muy audible sumada a otra muy discreta darían como producto una mente completamente muda. Supongo que no seré la única que vea el fallo en esa lógica. Eso por no hablar de que en tomos anteriores como Amanecer nos dejaron la impresión de que Edward sí podía leer la mente de Charlie, como cuando le están revelando que van a contraer matrimonio y Edward súbitamente se relaja porque sabe cómo va a reaccionar Charlie. Además, ¿a caso no le hubiera comentado Edward a Bella que también tenía problemas para leer la mente de su padre? A fin de cuentas, eso hubiera hecho que Bella no se sintiera tan “bicho raro”, y él sabe cuánto odia ella esa sensación.

Hablando de mentes, también averiguamos que Edward considera que la de Jacob es algo así como “inocente y pura”. Me pregunto durante cuánto tiempo más seguiría pensando de esta manera antes de que los celos se abrieran paso en su concepción sobre él. Probablemente en cuanto regresara de Italia y comprobara la estrecha “amistad” que se había forjado entre ambos.

Por otra parte, no sé si como resultado de algún tipo de demanda por parte de los fans, conocemos mucho más acerca de los gustos literarios, musicales, cinematográficos y de todo tipo de Bella porque han incluido o alargado sus conversaciones durante las comidas en la cafetería del instituto, en las que Edward la sometía a intensos interrogatorios. Sin embargo, me frustró que no se nos dieran las mismas respuestas respecto a Edward. ¿Por qué ilustrarnos tanto respecto a los gustos de Bella y mantenernos en tinieblas respecto a Edward? ¿Para seguir manteniendo un halo de misterio en torno a él?

Otro de los atractivos de releer Crepúsculo bajo la perspectiva de Edward era conocer qué había estada haciendo este mientras no se encontraba con Bella. Dado que los primeros capítulos  —que son en los que están más distanciados—, ya los habíamos leído hace años, solo cabían sorpresas respecto a los momentos en los que Bella estaba dormida, y, sobre todo, mientras permanecen separados porque James va a la caza de Bella, que es el único momento desde que empiezan a intimar en el que realmente se alejan el uno del otro, por la propia seguridad de Bella. Así, yo creía que la escena de la busca y captura de James iba a ser más interesante, pero lo cierto es que no. Para mi sorpresa, me resulta más atrayente lo que ocurre entre Bella, Jasper y Alice que entre Edward, Carlisle y Emmett, que, básicamente, se redujo a correr tras el rastreador.

Más sugestivo pero mucho más desconcertante fue la narración del intrincado plan elaborado por Alice para buscar una coartada para todos ellos para poder explicar la escabechina montada en la sala de ballet y en el cuerpo de la propia Bella, mientras esta se hallaba inconsciente camino al hospital. He de ser franca y admitir que no me enteré de mucho. Con tanto salto temporal y ausencia de explicaciones, no me quedaba muy claro qué estaba sucediendo en la realidad y qué sucedía solo en la mente de Alice.

Desafortunadamente, la autora no ha disfrutado de la escritura de Sol de medianoche tanto como yo de su lectura, argumentando razones poco convincentes sobre la falta de libertad creativa inherente a la reescritura de una historia que ya ha sido contada. Mentira cochina, porque no solo es distinto de por sí el relatar los eventos desde un punto de vista completamente distinto si no que la propia extensión del libro demuestra que no se ha quedado precisamente corta añadiendo escenas completamente nuevas. Se le ha pasado la “fiebre Crepúsculo” y punto. Lo malo es que nos quedamos sin Luna Nueva, Eclipse y Amanecer contados por Edward, para mi enorme desgracia.

Termino mi reseña concluyendo que es una lectura de la que realmente he disfrutado mucho y que me resultaba realmente adictiva, hasta el punto de costarme parar. No obstante, sin duda interesará más a los fans tradicionales de Crepúsculo que a nuevos lectores, que se pueden ver espantados por la ingente dimensión de semejante tocho y por las intrincadas y numerosas deliberaciones mentales de Edward. Aun así, yo no puedo por menos que recomendarlo. 

 

 

domingo, 2 de diciembre de 2018

Opinión sobre "Animales Fantásticos: Los crímenes de Grindelwald" (2018)



Calificación: 7’5/10. 3’5 estrellas de 5

 


Soy una gran fan de la saga de Harry Potter, por lo que, si bien Animales fantásticos constituye otro intento más por parte de la autora de dar de sí el éxito de esta saga mediante una nueva historia que solo tiene un parecido relativo con la saga original, no podía no verla. He de decir que la primera no la vi en el cine. El hecho de que no incluya a ninguno de los actores originales no es precisamente un gran aliciente, aunque queda justificado por el hecho de que se trata de una precuela y, como tal, muchos de los personajes aún no habían nacido o eran demasiado jóvenes como para ser interpretados por los mismos actores. 


Como mi gusto por Harry Potter en lugar de ir disminuyendo con los años va aumentando (a principios de los 2000 era demasiado pequeña para apreciar toda su riqueza y aun así no me perdía el estreno de una sola en el cine), esta vez sí que no me iba a perder ver la segunda parte de Animales fantásticos y dónde encontrarlos en la gran pantalla. Y siempre es un placer ver a Johnny Depp en cualquier película.


Es increíble el reclamo que causa Harry Potter (y por si alguien todavía lo duda, toda esa atracción está más que merecida). Había pasado casi una semana desde su estreno y aun así la sala estaba hasta los topes. Obviamente no hice una inspección a fondo, pero no sería descabellado sostener que no quedó ni un sitio libre. 


La película me gustó bastante (no esperaba menos) pero, ciertamente, sentí que se habían quedado un poquito con la audiencia, porque, a ver, relleno hay un rato. Es claramente una película de transición entre la primera y la tercera en la que la acción no avanza apenas nada, si bien es cierto que se revela bastante información.


Lo que más me frustró de la película es el embrollo que te forman en la mente con tanta información a última hora. No da tiempo a procesar, y, si no eres un hacha recordando los ya de por sí extraños nombres que siempre tienen los personajes de esta saga la mayor parte de las veces no sabes ni de quién están hablando. Y si eso me pasa a mí siendo Potterhead no me puedo imaginar el lío que se montarán en la cabeza las personas que no sean fans.
Tol reparto together

A partir de aquí voy a esparcir spoilers por doquier, así que si aún no has visto la película mantente alejado. Pero no olvides volver para terminar de leerlo caundo ya la hayas visto. Porfi.
 

Uno de los momentos más top y más inesperados lo constituye la aparición, por primera vez en pantalla del mismísimo Nicolas Flamel, el creador de la piedra filosofal. Dado que el tipo ha logrado prolongar su vida por dos o tres centurias gracias a esa magia bien podría ser él mismo la piedra ya que el pobre está hecho todo un fósil. De milagro no se cae a cachos. Yo por si acaso tendría una aspiradora preparada.


Algo que quizá también causará expectación a muchos es que finalmente conocemos el aspecto de Albus Dumbledore de joven (a ver, Jude Law no es que se parezca demasiado a Richard Harris o a Michael Gambon, aunque con las barbas kilométricas de su versión anciana tampoco es que se le viese mucho la cara). Curiosamente, lo vemos ataviado no con una túnica como nos tiene acostumbrados, sino en plan modernito (todo lo modernito que se podía ser en esa época). También divisamos a una joven Minerva McGonagall, aunque la aparición de esta es cuando menos meramente testimonial. Por último, conocemos la apariencia original (humana) de Nagini, la serpiente/horrocrux de Voldemort. Sin duda este tipo de sorpresas constituyen el mayor atractivo para un amante de la saga original. Supone una inyección de nostalgia en dosis moderadas.


                                                He aquí la parejita más inesperada de la película, Credence y Nagini

Pero la mayor sorpresa de todas es conocer quién es realmente Credence, el chico que en la primera película estaba siendo “cuidado” (me corrigo, maltratado) por esa señora irrelevante a la que luego se cargó convirtiéndose en el Obscurus. ¿Credence es un hermano de Dumbledore, en serio? Salí con la duda de si se trataba del anciano que recibió a Harry, Ron y Hermione en la última parte de Las reliquias de la muerte, el que les abrió paso a través de un cuadro hacia el interior del castillo de Hogwarts, pero al parecer se trata de otro distinto que no había sido mencionado en toda la saga de Harry Potter. Por otra parte, yo esperaba que la familiar de Bellatrix Lestrange que iba a salir en esta película aportara algo más interesante o sustancial a la película. El sacrificio de Leta Lestrange fue cuanto menos estúpido y venido de la nada. Y la historia de su familia me pareció esbozada de forma un tanto chapucera y sin sentido. Por cierto, mejor no hablemos de la idiotez que comete Queenie al final de la película. Yo a veces prefería pensar que solo se hacía la estúpida, pero no, al parecer lo es con todas las letras.


En definitiva, es una película que cualquier fan de Harry Potter debería  ver, ya que aporta información complementaria y por fin ponemos cara a diversos personajes o a su versión joven. En cuanto a los no fans, es un film que continúa la trama de la primera película y está muy conectada con la misma, por lo que si no has visto la primera parte vas a salir del cine con un empanamiento mucho mayor que el mío.



Fuentes de las imágenes:
https://www.filmaffinity.com/es/film735081.html
https://hipertextual.com/2018/10/animales-fantasticos-crimenes-gindelwald-personaje-mas-importante-jk-rowling
https://www.antena3.com/se-estrena/noticias/nagini-animaga-esto-que-rowling-estado-ocultando-anos-veremos-animales-fantasticos_201809255baa41430cf26e06a2fc79c5.html
http://los40.com.ar/los40/2018/09/26/cine/1537974605_816145.html

domingo, 8 de octubre de 2017

"Crónicas vampíricas": libros vs. Serie



Hoy ya sí que sí, me dispongo a comparar las diferencias entre los libros de Crónicas Vampíricas y su adaptación a la televisión. Me ha salido un artículo más largo de lo que pensaba, pero así compenso el hecho de no haber publicado nada la semana pasada.


 1-El físico de los personajes:
Es la diferencia que más llama la atención, sin duda. En los libros, Elena es rubia, con los ojos de un azul semejante al lapislázuli y la piel pálida. Imaginaros mi decepción cuando me pongo a ver la serie y me encuentro a una Elena morena, de ojos oscuros y tez no tan clara. Podría parecer algo trivial, pero cuando estás acostumbrado a imaginarte en tu mente un personaje de una determinada manera, chirría mucho tener que adaptarte a una nueva imagen que te es impuesta a la fuerza. La actriz, Nina Dobrev, es muy guapa, una cosa no quita la otra, pero no es la Elena de la historia original. 

A esto hay que sumarle el hecho de que la descripción de la Elena original como una guapísima y esbelta belleza rubia no es algo meramente arbitrario, sino que se trata de algo importante para el devenir de la trama, ya que es su apariencia, tan caucásica, lo que le recuerda a Stefan su gran parecido con Katherine. Pero no solo eso, sino que, además, se incide repetidamente en el color de ojos de la joven, de un azul más oscuro de lo habitual, y de una tonalidad que recuerda a la citada piedra lapislázuli que adorna los anillos de día de Stefan, Damon y Katherine. Dada su importancia, al menos podían haber respetado el color de ojos y haberle puesto a Nina unas lentillas. 

Otro personaje que cambia drásticamente es Bonnie. En los libros Bonnie es una chica bajita, pelirroja y de tez clara, y la serie nos tenemos que acostumbrar a una Bonnie de raza negra y estatura media. WTF??? 

Qué dos de los personajes más importantes sufran un cambio tan drástico me parece pasarse tres pueblos. Eso sí, esta actriz —Kat Graham—, también es muy mona, pero, como dije en el caso de Nina, una cosa no quita la otra. 

En lo referente a los hermanitos vampiros, el cambio es menos grave pero suficientemente significativo —por efectos que luego voy a explicar— como para que también me moleste. En primer lugar, en el libro, Stefan es descrito como un italiano guapísimo, un adonis en toda regla, de pelo moreno rizado y ojos verdes. Y no es por nada, pero el actor escogido, Paul Weasley, está realmente lejos de ser un adonis. No es que sea feo, pero desde luego guapo tampoco es. 

Por su parte, Damon, que en el libro es descrito como prácticamente igual de atractivo que Stefan, es en la serie muchísimo más guapo y sexy gracias al actor Ian Somerhalder, que todo un bombonazo. Eso sí, mientras que el pelo, liso y negro, se respeta, los ojos negros del Damon original son sustituidos por los preciosos e impactantes ojazos azules de Ian. Esto, nuevamente, podría ser algo trivial si no fuera porque este detalle —superficial sí, pero a efectos de la audiencia adolescente que lo ve, importante al fin y al cabo—; acaba teniendo consecuencias realmente dramáticas para aquellas que apoyamos el pairing Stelena frente a la versión de baja categoría: Delena. 

Es decir, por culpa de este incumplimiento de guion, al escoger a un actor muchísimo más guapo para hacer de Damon frente al escogido para el papel de Stefan; un montón de adolecentes de hormonas revueltas que seguían la serie empezaron a enamorarse de este actor —y por ende, del personaje—, prefiriendo el malévolo e inhumano de Damon al adorable y dulce Stefan; hasta el punto de presionar hasta que la protagonista cambió de objeto de deseo amoroso. Y eso me indigna. Muchísimo. 

El único personaje del que se respeta realmente el físico —y su personalidad— es Matt, un atlético deportista de pelo rubio y ojos azules, que, sin embargo, dista mucho de ser un chulo creído. Por el contrario, es un joven con un sentido de la ética intachable y una bondad que hace que te lo quieras comer a besos. El Matt de los libros, además, no tiene hermanos. En la serie, su hermana es Vicky, personaje que también aparece en los libros pero sin relación de parentesco con él.

2-La personalidad de los personajes:
Por si a los creadores de la serie les pareciera poco haber cambiado radicalmente la apariencia de los personajes, no contentos con eso, decidieron modificar también sus personalidades en muchos casos. 

La popular, divina, y algo creída y mangoneadora Elena, siempre pretendiendo ser el eje alrededor del cual gire el mundo y que, sin embargo, dista muchísimo de ser odiable; se convierte en la serie en una chica sencilla, discreta y menos vanidosa, sí, pero también algo más insulsa. No me malinterpretéis, yo soy de las que suele adorar a los personajes bondadosos y humildes y aborrecer a los creídos y manipuladores, pero es que la Elena original no es una pija popular odiosa y pérfida, sino carismática y con un gran corazón, que al enamorarse de Stefan deja de importarle la popularidad y el reconocimiento y no le importa convertirse en una paria social al mantenerse estoicamente al lado del chico al que ama, defendiéndole de cualquier crítica o peligro. La personalidad de la Elena de la serie no está mal, pero le falta esa fuerza. 

Eso sí, si hay algo que tienen en común las dos Elenas es que pasan de ser personajes buenos y admirables en las primeras temporadas/libros, a volverse completamente subnormales a partir de su conversión en vampiras. Quien prefiera la Elena vampiresa, egoísta, inmadura y acaparadora, a la Elena humana, sensata y enamorada de un solo hombre, realmente tiene que hacérselo mirar. Esto, que lejos de ser una transición se trata de un cambio brusco y desconcertante, tiene lugar al final del segundo libro en el caso de la saga literaria y a comienzos de la cuarta temporada en el caso de la ficción televisiva. 

La Elena que siempre había estado segura de que amaba a Stefan, que lo había arriesgado todo por él —que sin duda es el partidazo perfecto y lo da todo por ella—; de pronto se deja arrastrar por los deseos oscuros que despierta el vampirismo en ella y deja tirado al verdadero amor de su vida —dejándolo destrozado, obviamente—, por revolcarse con el mal bicho de su hermano Damon. Me estoy estomagando solo recordarlo. Si hubiera llegado a admirar profundamente a Elena, sin duda se me habría caído un mito con ella al llegar a esta parte de la historia. Menos mal que nunca fue mi personaje favorito de la saga. 

Otro personaje cuya personalidad se ve ciertamente alterada es Bonnie. Esta, en los libros, es inocente, ingenua, adorable e algo infantil. En la serie, por el contrario, es mucho más sensata, estable y reflexiva, como si al haber desaparecido el personaje de Meredith hubiesen querido fusionar las dos mejores amigas de Elena en una.

Pero, sin duda, el cambio más radical en los que a personalidad se refiere es el de Caroline. No tanto al comienzo de la serie, en el que aún se asemeja a la Caroline de los libros, sino a partir de la segunda temporada. La Caroline de los libros es odiosa, aborrecible, mezquina, egoísta y malvada, además de una pésima amiga. Solo por querer arrebatarle a Elena el puesto de chica más popular del instituto pasa de ser una de sus mejores amigas a volverse contra ella hasta límites insospechadamente malignos, urdiendo trampas y engaños destinados a dejar a Elena en la más profunda de las miserias. Además, como intentó ligarse a Stefan y este prefirió a Elena, esto la hace enfurecer aún más hasta el punto que intentar lograr que Stefan será culpado de asesinato, Elena de cómplice, y que lo expulsen, a él o a los dos, del instituto y de, paso, de la ciudad.

En la serie, por el contrario, si bien Caroline sí que empieza siendo bastante frívola, superficial y estúpida —y también quiere ligarse a Stefan—, en ningún momento se vuelve en contra de Elena para hacerle la vida imposible. Por el contrario, si bien la Elena humana era mucho mejor que la Elena vampira, la Caroline vampiresa le da cien mil vueltas a la humana. Eso es otro gran cambio entre ambos formatos: la Caroline de los libros nunca se convierte en vampiro —al menos en los cuatro que yo he leído—, mientras que en la serie la conversión tiene lugar en la primera temporada. Gracias a Dios, porque parece que, al abrir los ojos al mundo de la inmortalidad, también parece abrirlos al mundo de la sensatez, y se convierte en un personaje mucho más soportable —si bien nunca dejará de ser un tanto repelente—. Dado que en los libros Caroline no sufre esa transformación, seguirá siendo la misma subnormal insoportable hasta donde yo he leído.

Durante la lectura de los libros me asalta un gran debate interno sobre si aborrezco más a Caroline o a Damon, con eso lo digo todo. Qué puedo decir, no puedo con los personajes con dosis tan grandes de maldad.

3-La existencia de Meredith:
Otro de los grandes cambios es la inexistencia, en la serie, de la otra mejor amiga de Elena; Meredith. No sé si es que les parecía que ya había demasiados personajes o qué, pero me parece que cometieron un gran error al prescindir de ella. Parte de la gracia del grupo de amigas en los libros es lo diferentes que son entre ellas: Elena la popular —y después la paria social—, Bonnie la alocada y cándida y Meredith la madura, observadora y reflexiva. La que siempre tiene la situación controlada y no permite que nunca nada le crispe los nervios. Antes de volverse en su contra, también formaba parte de la pandilla Caroline, que compartía muchas afinidades con Elena por ser la preocupación fundamental de ambas la popularidad y la fama escolar.

El contraste entre Bonnie y Meredith es tan abismal que resulta enriquecedor, como dos caras de una misma monera, y ese contraste se echa enormemente en falta en la serie, en la que solo tenemos a Elena y a Bonnie (bueno, vale, y a Caroline) y dotan a ambas de personalidades demasiado similares.

No sé si es que se arrepintieron o qué de haber eliminado a Meredith de la ecuación que, a partir de la tercera temporada, surge en la serie un nuevo personaje —temporal, no muy relevante, no os ilusionéis— que se llama… ¿a que no sabéis cómo? Bingo! Meredith. Sin embargo, lejos de ser la amiga inseparable de la prota, es simplemente una médica del hospital de Mystic Falls que sabe más sobre vampiros de lo que parece al principio. Eso sí, también se lía con Alaric, como en los libros.

4-Los apellidos de los personajes:
Desconozco la razón pero, si bien los nombres de los personajes son respetados en la adaptación televisiva, no lo son así sus apellidos, exceptuando cinco casos, que yo recuerde: Elena Gilbert, Stefan y Damon Salvatore, Caroline Forbes y Alaric Saltzman. Bonnie McCullough pasa a ser Bonnie Bennet en la serie, Tyler Smallwood es llamado Tyler Lockwood y Matt Honeycutt, Matt Donovan. Meredith Sulez, como he comentado, no existe en la serie, pero en la tercera temporada aparecerá una doctora llamada Meredith Fell.

5-Herman@ de Elena:
En los libros, Elena cuenta con una hermana pequeña llamada Margaret. Imagino que al adaptar la saga a ficción televisiva, determinaron que una niña pequeña no daría tanto juego como un hermano adolescente problemático, por lo que esta hermana fue sustituida por Jeremy como hermano de Elena. 

6-El nombre de la ciudad/pueblo:
Honestamente, no sé qué sentido tiene cambiarle el nombre al pueblo, si en ambos casos se trata de lugares ficticios que no existen en nuestra geografía real. El nombre pasa de Fell’s Church en los libros a Mystic Falls en la serie. Quizá se deba a que este último es un poco más… ummmmm, no sé… ¿místico? (vale, me lo han puesto a huevo). Eso sí, ambos están ubicados en el estado de Virginia —aunque no sé qué importancia puede tener eso—.

7-La sheriff Forbes:
En los libros, los padres de Caroline son mencionados tan de pasada que no logro recordar lo que se dice de ellos, salvo que —creo— ostentaban un cierto rango social superior o de poder. 

En la serie, Caroline es hija de la sheriff de la ciudad, Elizabeth “Liz” Forbes. Esta, si bien es un personaje secundario, tendrá cierta importancia en la serie ya que es de las pocas ciudadanas que conocen la existencia de los vampiros. Sin embargo, trata de ocultar esta al resto de la población, archivando todos los casos de asesinatos a manos de vampiros como muertes producidas por “ataques de animales”. Al igual que los otros pocos cargos de poder de Mystic Falls que también conocen la existencia de los vampiros, la sheriff los aborrece profundamente, baja la convicción de que, tras la conversión, nada de humanidad queda en la persona que ha sido transformada —algo que repetidamente será probado como falso a lo largo de la serie—. 

A partir de la segunda temporada, su descubrimiento de la condición vampírica de su hija dará lugar a un debate moral, ético y sentimental en su cabeza —¿debe matarla porque se ha convertido en monstruo? ¿Podría hacerlo realmente dado que se trata de su propia hija?— que resultará bastante atractivo en la trama de la temporada.

Además, será bastante peculiar —y, en cierto modo, tierna—, la relación de amistad que se establecerá entre la sheriff y Damon, quien la ayudará en sus investigaciones de asesinatos a manos vampíricas; primero por razones egoístas y malvadas —protegerse y encubrirse a sí mismo, que es el responsable de gran parte de ellos—, y después en razón de una amistad sincera. 

8-Lugar y año de nacimiento de los Salvatore:
En los libros, Stefan y Damon nacieron en la Italia Renacentista, y fue el influjo poderoso de Katherine el que, sin ellos saberlo, los empujó a asentarse en Fell's Church, donde residía Elena. En la serie, por el contrario, Mystic Falls (Virginia, EE.UU.) es el lugar original de nacimiento de estos hermanos de apellido italiano. Además, el nacimiento de estos no se remontaría al Renacimiento sino al siglo XIX.

9-La verbena:
Esta planta es mencionada en los libros como repelente de los poderes de control mental de los vampiros. Stefan, durante el segundo libro, le da unos tallos de esta planta a Elena para protegerla de Damon, y ella, a su vez, esconderá algunos entre las posesiones de sus amigas con el mismo fin. La importancia de la verbena no va mucho más allá en la saga de libros. Por el contrario, en la serie, este recurso será altamente explotado, sobre todo durante las primeras temporadas. Lejos de utilizar esta planta en su forma original, en la serie es casi siempre ingerida mezclada con la bebida o contenida su esencia en el interior de un colgante como el que lleva Elena mientras es humana. 

Otra diferencia es que, si bien en los libros Stefan tiene que conducir lejos del pueblo en su busca, en la serie la verbena es encontrada con muchísima facilidad, lo que les garantiza un acceso casi inmediato a ella cada vez que la necesiten. La última diferencia importante y, quizá, más radical, está compuesta por el hecho de que, en la serie, la verbena, además de anular los poderes psíquicos de los vampiros, les produce una fortísima reacción alérgica solo con su roce. Por el contrario, en el segundo libro, Stefan recoge y le tiende sin problemas los tallos a Elena sin sufrir quemazón alguna.

10-Los anillos de día:
En esta saga, una joya adornada con piedra lapislázuli puede hacer a los vampiros inmunes a la luz solar mientras la lleven puesta. Al igual que la verbena, estos son notablemente más explotados en la serie, hasta el punto que cualquier vampiro puede hacerse con un anillo de día si cuenta con la ayuda de una bruja que realice el encantamiento. Esto hace que la condición de vampiros de los personajes resulte demasiado cómoda al alejarlos del peligro que combustión solar que le deben al mito vampírico original. En la serie, por el contrario, la posesión de estos anillos es mucho más restringida y, por tanto, convincente, pues su posesión se ciñe a los dos hermanos y Katherine —el de esta última será posteriormente utilizado por Elena—.


Quedan algunas diferencias por explicar, pero retomaré esta comparación en otro momento, porque sino este artículo va a quedar más largo que un testamento.

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