Yo
descubrí a Laura Gallego García gracias a la maravillosa saga de Memorias de Idhún, que me fue
recomendada por una amiga de aquel entonces. Me gustó tanto que cada vez que
ella me hablaba de otro libro suyo que se había leído, me apresuraba a intentar
conseguirlo para leerlo.
Como
ya sabréis los que leéis este blog, releí Memorias
de Idhún (a partir de ahora escribiré “MDI” para abreviar) hace un par de
años y volvió a encantarme. Eso me llevó a considerar el empezar poco a poco a
leer todo lo que Laura Gallego ha escrito. Yo soy mucho de seguir el orden de
publicación pero, en este caso, ¿para qué empezar por libros que no poseo si ya
tengo algunos? Así, me propuse empezar por releer los otros tres libros suyos
que tengo en mi colección. Después, haré una pausa prolongada para no
empacharme y ya continuaré con los que no tengo en un futuro.
Estos
son los tres libros suyos que tengo desde mi adolescencia y que he releído en
las últimas semanas:
Finis
Mundi (6/10):
han pasado muchos años por lo que no lo recuerdo con claridad, pero supongo que
tras leer MDI, mi amiga me hablaría
de cuál había sido el primer libro que Laura había escrito, Finis Mundi. Creo que sí que lo leí en
aquel entonces y me dejó completamente fría. De hecho, no recordaba
absolutamente nada sobre él. Ahora que he decidido volver a leerlo, sin muchas
expectativas, ha vuelto a pasar sin pena ni gloria por mí, aunque admito que
sus componentes históricos despiertan ahora más interés en mí de lo que tenían
potencial para hacerlo en el pasado.
Narra
la historia de Marcus, un monje de la Orden de Cluny al que, en el año 997, le
acaban de quemar el monasterio y que merodea errante por Francia mientras trata
de llevar a cabo una misión que él mismo se ha agenciado: encontrar tres ejes
mágicos que evitarán la llegada del Juicio Final al llegar el año 1000, lo que
renovará la oportunidad de la que goza la humanidad de demostrar su valía
durante 1000 años más. En esta peligrosa empresa, que les llevará por los
actuales países de Francia, España y Reino Unido (aunque evidentemente en
aquella épica no recibían ese nombre) contará con la inestimable ayuda del leal
juglar Mattius (y su perro, también de lo más útil), sin el cual, honestamente,
Marcus no hubiera durado ni dos telediarios.
Es
comprensible que no sea una de sus obras más fuertes, al fin y al cabo, es la
primera que publicó, primera dentro de la que ahora es una extensísima
producción literaria. Aún así, se nota a la legua la ingente labor de
documentación e investigación que llevó a cabo para escribirla, su formación
histórica está claramente acusada.
Es
una novela que, a pesar de la completísima labor investigadora que se aprecia
detrás y de la filosófica moraleja que trata de inculcar en sus lectores, no
deja ningún tipo de marca ni impresión reseñable, y dicha moraleja está excesivamente
manida, sobreexplotada y trillada, es demasiado utópica y cursi como para
tomarla realmente en serio.
No
llegué a cogerle cariño a ningún personaje pues no se aprecia un desarrollo o
una profundización notable en ninguno de ellos, pero, si tuviera que escoger un
favorito, probablemente sería Mattius.
La
Emperatriz de los Etéreos (8’5/10):
recuerdo haberlo leído en su momento y que me gustó bastante. Al contrario que
en los otros casos, esta vez o bien me lo prestó mi ex amiga o bien lo leí por
la biblioteca, y, como me gustó, pedí que me lo regalaran para tenerlo yo.
Desde entonces no volví a leerlo hasta ahora. Evidentemente, era al que más
ganas le tenía de los tres, y no me ha decepcionado en absoluto. De hecho, lo
que estoy a punto de explicar es bastante elocuente por sí mismo.
A
pesar de que yo de pequeña y adolescente me ventilaba libros bastante gordos en
muy pocos días e incluso en uno solo, eso era, en parte, porque no tenía otras
ocupaciones con que compaginar la lectura. Podía parar de leer solo para comer
y dormir. Cuando me hice adulta, ya prácticamente nunca podía permitirme no
hacer otra cosa en todo el día que no fuera leer, y esa era la mayor razón para
que leerme un libro que en el pasado me hubiera llevado solo horas me llevara,
en su lugar, días o incluso semanas. Bien, pues esta relectura de La Emperatriz de los Etéreos, que consta
de 312 páginas me ha llevado… Solo un día. Me impresionó porque hace años que
no ocurre eso. No recuerdo cuál fue la última novela que fue capaz de
terminarme en un solo día (subrayo “novela” pues, evidentemente, mangas y comics
no cuentan porque se pueden leer de una sola sentada sin enterarte). Empecé con
él por la mañana de un domingo y lo terminé por la noche ¡e incluso me dio
tiempo a hacer otras cosas durante el día como ayudar a hacer la comida o hacer
algo de ejercicio!
Es
un page-turner en toda regla.
Extremadamente ameno, rápido y fácil de leer. No se hace absolutamente nada
denso y pesado en ningún momento, y eso que el número de personajes es
sumamente reducido y que ni siquiera hay escenas de romance para amenizar (que
para mí tienen una importancia fundamental). No se necesitan. De hecho,
hubieran sido inviables por razones que entenderéis si leéis la obra.
Al
contrario que en el anterior, en este Laura no hace gala de amplios
conocimientos históricos, pues se trata de una novela de fantasía distópica que
pinta un futuro en el que el sol se ha consumido casi por completo y la tierra
ha quedado sumida en un durísimo invierno entero, y en el que existe la leyenda
de una emperatriz que habita más allá de las montañas y que atrae a ciertas
personas a su presencia. Todo el que se dirige en su búsqueda, nunca vuelve.
Por tanto, al contrario que en Finis
Mundi, aquí Laura ha de inventar, no describir el pasado. Esto puede
resultar más o menos complicado que ceñirse a la realidad dependiendo de la
complejidad del mundo que crees. En este caso, el world building, si es que llega a existir tal, es tremendamente
sencillo y simple, nada a la altura de
MDI, ni por asomo. Sin embargo, no se necesita más para contar esta
entretenidísima historia sobre una chica llamada Bipa que abandona la seguridad
de su cálido hogar para adentrarse en lo desconocido en busca de un chico
llamado Aer que ni siquiera le cae bien.
Lo
cierto es que al principio Bipa me parecía una puñetera borde y me daba rabia
su falta de tacto y cómo trataba al pobre Aer, pero, a lo largo de la historia,
fui simpatizando con ella y cada vez me hacía más gracia la brusca y mordaz
forma en la que respondía a todo el mundo, mientras que Aer comenzó a parecerme
un egoísta atolondrado, más preocupado de cumplir una fantasía que de
garantizar la felicidad de su madre. Mi personaje favorito era Nevado por lo
achuchable e incondicional que era y porque demostraba que no se necesita hacer
o decir mucho para ser capaz de demostrar mucho más. [SPOILER: Por eso, no hace falta
decir qué escena me disgustó más y me hizo derramar lágrimas]. También
sentí simpatía por Lumen, por ser casi el único que fue amable y que prestó su
ayuda a Bipa en su viaje, y el único que conservaba algo de juicio y no parecía
estar como un cencerro.
Honestamente,
la declaración de amor de este libro es de las menos románticas pero de las más
graciosas que he leído nunca, a la altura de lo que se espera del personaje en
cuestión. He de decir que dicha declaración era lo único que me resultaba
familiar de haber leído con anterioridad y que incluso recordaba muy vagamente.
Además,
se puede extraer un mensaje de la obra que yo de adolescente no fui capaz de
captar: el de ser fiel a ti mismo por encima de todo y no permitir que nada ni
nada te cambie o te haga sentir que vales menos que los demás. Eso es lo que
encarna Bipa.
Dos
velas para el diablo (7/10):
no sabría explicar bien por qué, pero no guardaba una buena opinión sobre este
libro e incluso le tenía un poco de manía, a pesar de no recordar nada sobre
él. Ni siquiera estoy segura de haber llegado a leerlo entero, pues en esta
relectura solo me resultaba familiar el comienzo de la historia. ¿Quizá porque
los temas que se vinculan de alguna manera u otra con la religión siempre me
han causado rechazo? No lo sé.
No
creo que solo estos prejuicios hayan jugado en contra si os digo que se me ha hecho
un poco pesadito en ocasiones. La mitología tampoco está muy desarrollada en
este caso y Laura inventa sobre una base de mitos ya existente y bien
documentada (pero sin llegar a profundizar tanto en Historia como Finis Mundi), pero a veces costaba
seguir el hilo de las explicaciones sobre tanto ángel y demonio y sobre su lucha
ancestral. En sí, la novela no me ha disgustado tanto como pensaba y en
términos generales me ha gustado, conservo mejor opinión sobre él ahora, pero
no es ninguna maravilla ni es de los libros que yo recomendaría de esta autora.
La
novela está narrada en primera persona por Cat, una adolescente cuyo padre
acaba de ser asesinado y se queda completamente sola y desamparada, sin hogar
al que regresar pues llevaban una vida errante. Su padre era un ángel y ella
era consciente de ello, por lo que emprende la peligrosa empresa de encontrar
al demonio que le mató para poder vengarse de él. Lo curioso es que es el
propio bando enemigo el más dispuesto a ayudar, mientras que los ángeles le dan
la espalda.
La
actitud contestona y chulesca de Cat me causó rechazo desde el principio (los
personajes bordes me pueden caer muy buen o muy mal, dependiendo de muchas
razones). Se me hacía cuesta arriba la narración porque encima se intentaba
hacer la graciosilla pero a mí no me parecía que sus reflexiones tuvieran
ninguna gracia. Sin embargo poco a poco me fui acostumbrando a su personalidad y
empecé a ver con mejores ojos su ferocidad y mordacidad. Un poco parecido a
como me pasó con Bipa, solo que Cat resulta mucho más cargante.
Además,
carece por completo de sentido común y de prudencia, algo que siempre me ha
exasperado. Me revientan los personajes que no hacen caso a los consejos que
les hacen por su propia seguridad y que se meten en la boca del lobo por su
propia voluntad. Una cosa es ser valiente y otra ser gilipollas.
A
Angelo lo vi venir casi desde que apareció. La relación que se establece entre
ellos resulta enormemente predecible, pero no así su desenlace. Quizá sea el
personaje que mejor me cayó pero, sin embargo, no despertó en mí la devoción y
fascinación que suelen ejercer sobre mí los intereses masculinos de las
protagonistas. Le hacía falta algo más de personalidad, credibilidad, calidez y
carisma.
[SPOILERS: He de decir que no me esperaba la repentina
muerte de Cat pero se la buscó ella solita por subnormal. Yo recelé de ese
falso ángel desde el principio ¿y ella se marcha sin siquiera dejarle una nota
a Angelo que sí que la había ayudado con anterioridad?
El
final me resultó un tanto decepcionante y agridulce. La relación romántica de
Cat y Angelo nunca llegó a tener si quiera un comienzo. Ni un beso, ni una
declaración recíproca y como Dios manda, ni la seguridad de un futuro juntos.
Aunque fuera forzado o poco creíble, conservaba la esperanza de que pudieran
devolver a Cat a la vida como recompensa por su ayuda prestada. Además, ese
asunto de la reencarnación nunca me ha convencido lo más mínimo y no me gusta
que se recurra a ella. Son en gran parte tus recuerdos y vivencias lo que te
hacen ser quién eres. ¿Realmente Angelo se tomaría la molestia de volver a
buscarla si él no puede saber en quién se va a reencarnar o dónde? ¿Cómo
retomaría el contacto con ella? ¿Cómo conseguiría que ella volviera a
enamorarse de él careciendo esta vez de todo recuerdo sobre su vida pasada? FIN SPOILERS]
En
definitiva, he disfrutado de estas relecturas aunque no por igual. Desde luego,
de esta autora por el momento yo recomendaría leer su mejor obra, Memorias de Idhún, para los lectores más
ambiciosos y que gusten de una fantasía compleja y muy trabajada y de
relaciones poco convencionales. También recomendaría muchísimo La Emperatriz de los Etéreos incluso
como un primer contacto con la autora, sobre todo para aquellos que prefieran
novelas muy amenas y más sencillas que se leen de un tirón.